Unos niveles altos de glucosa en sangre podrían hacer envejecer nuestro cerebro más rápido, según revela un nuevo estudio de Jilin University y China Medical University tras contar con la participación de más de 4.000 voluntarios. Esta asociación apunta a una vía modificable para intervenir antes de que aparezcan pérdida de memoria, deterioro cognitivo o trastornos neurológicos.
El cerebro humano cambia de forma natural con la edad y empieza a reducir tamaño y volumen a partir de la treintena o la cuarentena. El problema es que en algunos casos ese proceso se acelera y eleva el riesgo de pérdida precoz de memoria, declive cognitivo y enfermedades relacionadas con el cerebro.
Para estudiar qué impulsa esa aceleración, los autores, según recogen en su estudio publicado en la revista Molecular Psychiatry, han recurrido a la base de datos británica, que reúne información sanitaria, genética y de imagen de miles de personas residentes en Reino Unido. A partir de escáneres cerebrales han extraído rasgos medibles, como el tamaño de regiones concretas, características del tejido y cambios estructurales.
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Una herramienta para predecir la edad del cerebro
Con esos datos, el equipo ha entrenado algoritmos de aprendizaje automático para predecir la edad del cerebro de cada participante. El modelo elegido después ha servido para calcular el llamado BAG, una medida que indica si la edad cerebral estimada de una persona está por encima o por debajo de su edad real y en cuántos años.
En paralelo, los investigadores han examinado datos metabolómicos obtenidos de muestras de sangre de los mismos participantes. Ese cruce ha permitido identificar nueve moléculas sanguíneas asociadas de forma significativa con el BAG, aunque la glucosa ha mostrado la relación más intensa.
En 21.780 individuos, las asociaciones han señalado que la glucosa plasmática era el metabolito con mayor efecto sobre esa diferencia entre edad cerebral y edad cronológica. En la práctica, niveles más altos de glucosa se han asociado a cerebros que, en las pruebas de imagen, presentaban más señales de envejecimiento y aparentaban más edad de la que correspondía.
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Menor volumen cerebral y vínculo con siete trastornos
La glucosa elevada no solo se ha relacionado con una mayor brecha de edad cerebral, sino también con un peor perfil clínico. “Clínicamente, la glucosa plasmática elevada se asoció de forma positiva con siete trastornos cerebrales, entre ellos la demencia por todas las causas, la enfermedad de Alzheimer, la demencia vascular, la enfermedad de Parkinson, el ictus, la depresión y la ansiedad, y de forma negativa con el rendimiento cognitivo, la función motora y los resultados de salud mental”, escriben.
El estudio ha observado además una reducción del volumen en regiones concretas del cerebro. Las concentraciones más altas de glucosa se han asociado con menor volumen regional en 80 áreas corticales, subcorticales y cerebelosas, un patrón que refuerza la idea de que el metabolismo de la glucosa influye en la forma en que envejece el cerebro.
Estos hallazgos sitúan el metabolismo de la glucosa como una vía susceptible de modificación, con posibles implicaciones para estrategias de intervención temprana orientadas a preservar la salud cerebral a lo largo de la vida. La publicación añade que futuras investigaciones podrán profundizar en la relación entre glucosa alta y envejecimiento cerebral acelerado, con atención específica a enfermedades neurodegenerativas y neuropsiquiátricas.
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