El cambio climático antropogénico está ocurriendo a una velocidad tal que todavía no somos capaces de determinar todas las consecuencias que tendrá en todos los aspectos del planeta Tierra. En un contexto marcado por la urgencia de implementar estrategias de adaptación, entender cómo funcionan las plantas a distintas temperaturas resulta fundamental.
Un equipo internacional liderado por la investigadora del Instituto Mixto de Investigación en Biodiversidad (IMIB) (Universidad de Oviedo-CSIC-Principado de Asturias) Alicia Valdés y publicado en la revista científica New Phytologist, ha demostrado que las plantas son capaces de adaptarse a cambios ambientales de una forma más rápida de lo que se pensaba, así como en escalas mucho más pequeñas.
De esta manera, una planta herbácea común puede evolucionar y especializarse en función de la temperatura del suelo en distancias de apenas entre 10 y 20 metros. Hasta ahora, se pensaba que este tipo de adaptaciones requerían poblaciones mucho más separadas geográficamente o largos periodos de tiempo para hacerse evidentes.
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Hengill, un laboratorio natural
La zona elegida para llevar a cabo la investigación ha sido Hengill, un volcán activo situado al sudoeste de Islandia. En esta área, el calor interno de la Tierra puede llegar a generar diferencias de temperaturas del suelo de hasta 20 grados en distancias muy reducidas. Por este motivo, Hengill es un laboratorio natural que permite estudiar los efectos del cambio climático.
La investigación se ha realizado durante dos años con ejemplares de la especie Cerastium fontanum. Además, se han combinado experimentos de laboratorio con trasplantes en el campo para evaluar su supervivencia, floración y capacidad reproductiva en suelos con distintas temperaturas.
En general, en suelos más cálidos, la supervivencia y floración tendían a disminuir. Sin embargo, observaron que las plantas procedentes de zonas cálidas funcionaban mejor en suelos cálidos que las procedentes de zonas frías. Esto podría hacer pensar que ocurriría lo mismo a la inversa, pero las plantas de zonas cálidas podían crecer y reproducirse igualmente bien en suelos fríos, pero las plantas de zonas frías tenían dificultades en suelos cálidos.
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Estos resultados revelan que las plantas adaptadas a entornos más cálidos no pierden rentabilidad cuando pasan a condiciones más frías. “Esa capacidad puede aportar una ventaja importante en un contexto de creciente variabilidad climática”, señala Valdés.
“Uno de los aspectos más sorprendentes del estudio es comprobar que diferencias de temperatura que se producen en apenas unos metros pueden generar respuestas evolutivas detectables”. Así, “las plantas son capaces de adaptarse al entorno a una escala mucho más fina de lo que imaginábamos”.
La variabilidad climática
El estudio revela que la adaptación a condiciones climáticas cambiantes puede producirse también a escalas extremadamente pequeñas, incluso dentro de una misma población. Así, la variabilidad climática a nivel local (los microclimas, es decir, los pequeños cambios de temperatura dentro de un mismo lugar) puede ser fundamental para la supervivencia de las especies en un mundo cambiante.
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Y es que en un planeta cada vez más cálido, la resiliencia frente al cambio climático resulta clave. Así, algunas plantas podrían resistirlo mejor de lo que se pensaba.