Cuando el estrés hace que no nos baje la regla: “La ovulación queda en un segundo plano”

Unos niveles altos de cortisol sostenidos en el tiempo alteran el delicado equilibrio hormonal

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Diversos productos de higiene menstrual (Magnific)

Las prisas, las exigencias laborales, los problemas familiares o incluso un atasco de tráfico pueden desencadenar una sensación de estrés. Es entonces cuando nuestro cuerpo activa mecanismos biológicos diseñados para ayudarnos a afrontar situaciones de presión.

Sin embargo, cuando ese estado de alerta se prolonga en el tiempo, sus consecuencias pueden ir mucho más allá del bienestar emocional. En el caso de las mujeres, alteraciones en el ciclo menstrual y problemas de fertilidad relacionados con el aumento sostenido de los niveles de cortisol.

La ovulación es uno de los procesos esenciales del sistema reproductor femenino, explica la ginecóloga Mercedes Herrero. Cada mes, durante los años fértiles, el organismo selecciona y libera un óvulo preparado para una posible fecundación. Según explica la especialista, cada mujer nace con la reserva ovárica que tendrá a lo largo de su vida. “Durante sus años reproductivos, varios óvulos comenzarán a crecer, aunque se liberará, de media, un óvulo en cada ciclo menstrual, y como resultado puede haber dos variantes. La primera, que el óvulo sea fecundado y viaje hasta el útero, lo que puede dar lugar a un embarazo; o la segunda, que el óvulo no sea fecundado y se reabsorberá. Después de ser liberados, los óvulos solo sobreviven unas 24 horas por lo que disponen de poco tiempo para ser fecundados”.

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En condiciones normales, este proceso ocurre aproximadamente a mitad del ciclo menstrual. No obstante, la duración puede variar entre mujeres. Como recuerda Herrero, “debemos tener en cuenta que cada cuerpo es diferente, pero lo normal es un ciclo de entre 25 y 32 días”.

Cómo afecta el estrés al ciclo menstrual

El problema surge cuando el estrés deja de ser algo puntual y se convierte en una situación permanente. En ese contexto, el organismo produce más cortisol, una hormona fundamental para regular el metabolismo, controlar la inflamación y responder a situaciones de amenaza. Sin embargo, si se mantienen niveles elevados de forma continuada, estos pueden alterar el delicado equilibrio hormonal que regula la reproducción.

El estrés crónico interfiere en la liberación de la hormona liberadora de gonadotropinas (GnRH), considerada una especie de interruptor maestro del ciclo menstrual. Esta hormona activa a su vez la producción de LH y FSH, responsables de la maduración de los folículos ováricos y de la liberación del óvulo.

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“Cuando el cuerpo percibe que se encuentra bajo presión continua, pone en marcha mecanismos destinados a conservar recursos y a afrontar esa situación. Al no considerar la reproducción como una función esencial para la supervivencia inmediata, la ovulación queda en un segundo plano”, explica la especialista de INTIMINA.

Las consecuencias en la menstruación de un cortisol alto

Una de las principales consecuencias de un cortisol elevado es la anovulación, es decir, la ausencia de ovulación. Según Herrero, cuando se altera el ritmo de secreción de GnRh, la producción de LH y FSH es desordenada. Estas hormonas son las que le indican al ovario que tiene que reclutar los folículos para elegir el mejor de ellos y producir la ovulación. “Todas las personas que menstrúan experimentarán algún episodio ocasional de anovulación, pero si ocurre de forma regular hay que valorar si se debe a algún tipo de desequilibrio hormonal”.

Además de la anovulación, el estrés puede provocar una ovulación tardía, lo que se traduce en ciclos más largos e irregulares. En algunos casos, incluso puede producirse amenorrea inducida por estrés, una situación en la que la menstruación desaparece por completo debido a la interrupción prolongada de las señales hormonales que regulan el ciclo.

La directora de la clínica de reproducción asistida Ginemed Madrid, María José Martínez Cañavate, ha explicado que en la actualidad "la media de pacientes en un centro privado de fertilidad es casi 38-39 años", lo que refleja un significativo retraso en la edad de ser madre, que hace dos décadas se situaba en torno a los 35-36 años. "La incorporación de la mujer en la vida laboral y los nuevos modelos de familia han hecho que vayamos retrasando cada vez más la maternidad", ha señalado.

Un problema más allá de la fertilidad

Las consecuencias no solo se reducen a dificultades para lograr el embarazo, ya que, en palabras de la ginecóloga, “la ausencia de menstruación puede provocar problemas a corto y largo plazo como deterioro de la salud ósea, mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, depresión, ansiedad, caída del cabello o acné”.

El impacto del cortisol elevado tampoco se limita al ciclo menstrual. El estrés sostenido puede afectar a la respuesta sexual femenina al alterar el equilibrio hormonal general. “Al modificar el equilibrio hormonal, la salud reproductiva también se ve influida. El deseo sexual puede disminuir, se puede reducir el flujo sanguíneo e incluso afectar a la lubricación vaginal, dificultando la excitación y el interés sexual”, describe la ginecóloga y sexóloga.

Los especialistas recomiendan adoptar estrategias para reducir el estrés y favorecer el equilibrio hormonal. Para ello, practicar actividad física regular, descansar adecuadamente, llevar una alimentación equilibrada y realizar técnicas de relajación como el yoga o la respiración consciente pueden resultar de gran ayuda. Asimismo, aconsejan prestar atención a cambios persistentes en el ciclo menstrual y consultar con un profesional sanitario si se producen ausencias prolongadas de la menstruación, dolor intenso o alteraciones significativas de la salud reproductiva.