El alcance del terremoto que está causando la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero todavía está por determinar. La estrategia que sigue el expresidente responde a una lógica de defensa penal previsible, en la que su discurso se ha basado en negar los hechos, contestar a las preguntas formuladas por su defensa y las del juez Calama, rechazar las de la acusación popular y la Fiscalía, y esquivar las que hacían referencia a las dudas sobre las joyas millonarias encontradas en su despacho. También ha sido previsible la reacción de su partido: plena confianza, respeto al proceso judicial y aferrarse a su legado.
Zapatero ha insistido en que “costará más o menos tiempo demostrarlo”, pero la verdad “se abrirá paso” y devolverá la confianza a quienes ahora dudan". Sin embargo, sus primeras explicaciones en la sede judicial no han tenido buen inicio. Ni lograron desvirtuar ninguno de los indicios que dieron origen a la investigación, ni aclararon el origen y el valor de las joyas millonarias encontradas en su despacho. De hecho, ahora también están imputadas sus hijas y su secretaria.
Zapatero tampoco comenzó con buen pie en su defensa política. El mismo día en el que el juez Calama decretó su imputación, el expresidente avisó en un vídeo su intención de que se pronunciaría en ruedas de prensa y entrevistas. Entonces, no se conocía siquiera el contenido del auto, que sería difundido un día después y provocaría que el exlíder socialista se cerrase en banda para centrarse en explicarse ante el juez.
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Su silencio e incoherencias sobre los indicios en su contra han hecho que, en el juicio mediático paralelo que se ha abierto a raíz de su imputación —convertido en una dinámica habitual—, se haya dictado ya una sentencia anticipada. Lo que Zapatero tiene en juego no es solo el alcance penal de la causa, sino el daño irreversible que puede provocar en su legado. Un golpe que, al mismo tiempo, sería muy dañino para el PSOE, que ve en él su gran referencia moral.
Poco margen de maniobra y un cambio de estrategia
¿Tiene margen de maniobra Zapatero para salvarse? Luis Miller, sociólogo y politólogo en el CSIC, reconoce que Zapatero ha entrado en un callejón “sin salida”. “Cualquier otro presidente del Gobierno tiene una imagen mucho más matizada y podría jugar con distintos elementos, pero no en el caso de Zapatero, por todo lo que ha hecho gala”, afirma en una conversación con Infobae.
Este caso, comenta Miller, es especialmente complicado de gestionar porque supone un terremoto político muy grande para la izquierda, lo que ha hecho que mucha gente esté a la expectativa de las explicaciones del expresidente. Así lo expuso también la portavoz de Sumar en el Congreso, Verónica Barbero, quien señaló que Zapatero “no era una persona cualquiera” y que los ciudadanos “demandaban explicaciones” más allá de un mensaje escrito.
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Pero para Miller, a diferencia de su “precipitada” primera intervención, el mensaje escrito “está mucho mejor calibrado” porque “es la única vía posible”: “Zapatero tiene que desconectar de todo este proceso actual hasta que realmente haya un juicio oral, pruebas mucho más sólidas o explicaciones más convincentes. Yo creo que la mayoría de sus votantes más incondicionales están en proceso de todavía no querer asumirlo”, añade.
Las joyas, un juicio moral de difícil explicación
Las dudas sobre el origen de las joyas —vinculadas a una pieza separada que no tiene que ver con el complicado entramado societario, ni con empresas pantalla ni mordidas— son más difíciles de abordar porque afectan más bien a una cuestión ética. Hay que recordar que fue el propio expresidente quien firmó en 2005 un Código de Buen Gobierno que obligaba a los altos cargos a ceder los regalos de cortesía a Patrimonio del Estado.
El politólogo sostiene que las cuestiones que tocan el ámbito privado y la fibra moral permanecen en la opinión pública más que otros aspectos. Asegura que, como sucedió en el caso de Ábalos, aunque la corrupción tenía gran relevancia social, los temas vinculados a la vida privada, como la prostitución, reciben un mayor escarnio mediático. “Tendemos a moralizarlo todo”, asegura.
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“Lo mismo que muchos de los incondicionales de Zapatero y del Partido Socialista han condenado muy rápido y han abandonado a figuras importantes como Ábalos o Cerdán, en este caso es mucho más difícil porque la figura de Zapatero no tenía esos claroscuros”, afirma.
“La opinión pública está mucho más pendiente de cómo se va desarrollando el caso que en casos anteriores, donde yo creo que el juicio paralelo público se resolvió muy pronto”, añade el experto. Miller admite que si esta estrategia se hubiera implementado desde el principio, “probablemente se habrían evitado ciertos errores”. Considera que existe una parte importante de la población dispuesta a creerle y a realizar una distinción entre el Zapatero histórico y el Zapatero actual, una diferenciación que también promueve el Partido Socialista en su comunicación cuando enfrenta situaciones difíciles. “Esta es la estrategia adecuada”, ha sentenciado.