“Es muy raro encontrar un espetero, el oficio se está perdiendo”: la profesión entre brasas y humo que ya no atrae a los jóvenes de la Costa del Sol

El éxito turístico del espeto contrasta con la dificultad creciente para tener trabajadores locales debido a las “duras condiciones estructurales” del puesto

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Un espetero en Torremolinos. (Europa Press)

Trabajar en la playa frente a brasas encendidas a pleno sol, soportando el calor y el humo constante durante jornadas interminables. Esa es la realidad del oficio del espetero, una profesión que mantiene viva la tradición gastronómica más emblemática de la costa malagueña, pero que cada vez resulta menos atractiva para los jóvenes debido a las duras condiciones que implica.

El espeto sigue llenando las playas y los chiringuitos de la Costa del Sol cada verano, pero detrás de esta imagen hay una preocupación creciente. La falta de relevo generacional amenaza la tradición y autenticidad de un oficio marcado por unas exigencias poco compensadas que cada vez menos personas están dispuestas a asumir.

Esta situación genera inquietud entre todos los sectores vinculados a este oficio. Uno de sus representantes es Adolfo Trigueros, presidente del Círculo de Empresarios de la Costa del Sol y de la Mesa del Espeto, una iniciativa para proteger, difundir y preservar la tradición del espeto como patrimonio cultural y gastronómico.

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Para Trigueros, “si desaparece el oficio del espetero, Andalucía no pierde una receta, pierde un rasgo de su alma. El espeto no es solo comida; es técnica, historia y patrimonio vivo del litoral malagueño”.

La crisis de relevo también afecta a un legado de varias generaciones de espeteros y negocios familiares de la Costa del Sol que se han mantenido durante décadas gracias a esta tradición. Es el caso de Francisco Rodríguez, propietario del restaurante Casa Kiko ubicado en el Rincón de la Victoria (Málaga), para quien el espeto de sardina “ha sido toda su vida” y a día de hoy “es el mayor reclamo” de su negocio.

Vista aérea de la Catedral y la ciudad de Málaga. (Europa Press)

El espeto: una tradición malagueña que se remonta al siglo XIX

El espeto es una técnica tradicional malagueña que consiste en ensartar sardinas —aunque también puede prepararse con otros pescados— en una caña para asarlas sobre brasas a pie de playa.

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Su origen se sitúa en el siglo XIX, vinculado a los pescadores de los barrios de El Perchel y El Palo, así como a los marengos del litoral malagueño, que aprovechaban el excedente de capturas para asarlas en la arena. “Es el símbolo máximo de la cocina de subsistencia convertida en arte”, señala el presidente del Círculo de Empresarios de la Costa del Sol y de la Mesa del Espeto. Hoy, el espeto es un elemento identitario clave en la Costa del Sol, ligado al ocio, la playa y la convivencia, y transmitido de generación en generación como parte de la cultura del litoral.

Pese a esta tradición, los dos entrevistados coinciden en que actualmente existe una dificultad real para encontrar mano de obra entre los espeteros. “El oficio se está perdiendo, encontrar a un espetero es muy raro”, señala el propietario de Casa Kiko. Esta situación, consideran, no se debe a una falta de aprecio por la tradición, sino a las duras condiciones estructurales del puesto, que ya no generan interés entre los jóvenes. Como resultado, son cada vez más las personas extranjeras que se incorporan al oficio para cubrir la falta de relevo entre trabajadores locales, especialmente en temporada alta.

Los espeteros se enfrentan a diario a una dureza física extrema, que supone trabajar frente al fuego a pleno sol, en los meses más calurosos del año y soportando el humo constante de las brasas durante jornadas largas e intensas. Esto provoca problemas de salud, como respiratorios y oculares por el humo o quemaduras, pero también mentales, por la presión de los ritmos de un chiringuito moderno en hora punta.

Rodríguez indica que un espetero, cuando comienza en el oficio, “los primeros días sale con heridas. Cuando lleva un mes trabajando, se le habitúan las manos, la piel y la cara y ya después comienza a trabajar con normalidad”. “Hasta que te adaptas a la candela, te estás quemando”, añade.

A esto se suman también otros factores como la estacionalidad del oficio y la falta de reconocimiento profesional del trabajo. Esto se debe a que muchos contratos se concentran exclusivamente en la temporada de verano, lo que no ofrece una estabilidad laboral a largo plazo para los jóvenes que buscan independizarse.

Santiago Carbó, catedrático del Departamento de Economía en CUNEF Universidad, afirma que el sueldo que cobran los jóvenes es menor que las pensiones que reciben los jubilados, por lo que considera necesario llevar a cabo medidas que reduzcan esa desigualdad.

El sector apuesta por “una profesionalización integral”

Trigueros considera que “el espeto como plato de consumo no va a desaparecer porque la demanda turística y local es gigantesca”. Sin embargo, lo que sí está en riesgo es la “autenticidad del oficio”.

Para el presidente del Círculo de Empresarios de la Costa del Sol y de la Mesa del Espeto, si no hay espeteros vocacionales y formados, se podría caer en la “mecanización” o la pérdida de calidad gastronómica. Acciones como descuidar el punto exacto de cocción y sal, o que el puesto lo ocupe personal “sin la transmisión cultural necesaria”, pueden convertir el rito del espeto en “una simple línea de producción de comida rápida”, apunta.

Para atraer al talento joven y hacer frente a esta crisis, los entrevistados consideran que se necesitan principalmente medidas que den como resultado una profesionalización integral en el oficio del espetero.

Según Trigueros, una de las principales soluciones pasaría por la creación de escuelas de hostelería específicas o módulos oficiales de “maestro espetero” que otorguen estatus y titulación al oficio. Además, defiende el impulso por parte de las empresas de contratos estables todo el año (desestacionalizando el consumo de este plato) y sueldos acordes a la dureza del puesto. También innovar en las barcas donde se cocinan los espetos para “proteger mejor al trabajador del humo directo y del exceso de radiación térmica sin perder la esencia del fuego de leña y carbón”.

Espetos del chiringuito Los Leones, en Torremolinos

El turismo en Málaga, un arma de “doble filo” para los espetos

Mientras tanto, la Costa del Sol recibió en 2025 —los últimos datos disponibles— un total de 14,65 millones de turistas, consolidándose año tras año como uno de los principales referentes turísticos de Andalucía, España y Europa. Los espetos son el principal atractivo gastronómico para estos millones de turistas que visitan el litoral malagueño durante los meses de verano. Entre las acciones existentes para atraer nuevas personas a este oficio, destaca el Concurso de Espetos Costa del Sol, que cada año organiza el Círculo de Empresarios de Torremolinos, con el objetivo de reconocer la labor de los espeteros y la tradición de esta clásica receta.

Sin embargo, su popularidad es un “arma de doble filo” para el sector, según el presidente del Círculo de Empresarios de la Costa del Sol y de la Mesa del Espeto. Y es que, por un lado, el turismo ha salvado el oficio, económicamente hablando. “El turismo internacional y nacional ha elevado la demanda a máximos históricos, convirtiendo al espeto en un reclamo gourmet global y garantizando la rentabilidad de los chiringuitos”, señala. Pero esto también provoca una transformación en el oficio: la necesidad de producir cientos de espetos al día a gran velocidad presiona al espetero, que recurre a técnicas como sustituir la caña tradicional por el metal, por su rapidez, y “diluye el tiempo que el maestro le dedica a perfeccionar cada pieza”.

Además, tanto Rodríguez como Trigueros apuntan a que existe una brecha de percepción entre el tipo de consumidor. El cliente local suele valorar más la receta porque conoce el contexto, mientras que el turista general ve el espeto como un plato “barato y pintoresco”.

El espeto como “hilo conductor de la memoria histórica de los barrios de pescadores”

Sin espeteros no hay espeto, y sin espeto desaparece una de las señas de identidad más reconocibles de la Costa del Sol. Lo que está en juego no es solo un oficio, sino la continuidad de una tradición que forma parte de la historia malagueña.

Sin el auténtico espeto, “desaparecería un saber artesanal único en el mundo, que conecta el mar con el fuego, una herencia fenicia y marinera viva”, según Trigueros. Al mismo tiempo, se rompería el hilo conductor de la memoria histórica de los barrios pescadores, “sustituyendo un ritual antropológico por un parque temático culinario sin identidad”.

Para otras personas como Rodríguez, propietario de Casa Kiko, también supondría la pérdida de parte de su historia familiar y del pilar central de su negocio. “No podría tener un bar que no tuviese espetos”, concluye.