Los sentimientos y el cambio en las emociones es un tema complejo que pasa por revisar las creencias que las sostienen. Por ello, el psicólogo Bob Taibbi los explica sobre cuatro patrones mentales que suelen alimentar culpa, rabia, ansiedad, decepción y resentimiento.
El experto, con 50 años de experiencia y autor de 13 libros, sostiene en Psychology Today que las emociones problemáticas suelen nacer de creencias erróneas, supuestos y expectativas rígidas. Entre los desencadenantes más frecuentes se encuentran los “debería”, lo que “se supone” que debe ocurrir, la idea de lo injusto y las historias personales que se consolidan después.
El punto de partida enfrenta dos maneras de entender el malestar emocional. La primera plantea que deben aparecer emociones como la ira, la ansiedad, los celos o el resentimiento, y después llegarían los pensamientos. La segunda, en la que se sitúa Bob Taibbi, defiende que antes actúan creencias más profundas que terminan impulsando esas emociones.
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Las creencias adoptan primero la forma de reglas internas. Estos son los “debería”, normas que a menudo se heredan de padres o figuras de autoridad y que, cuando se incumplen, suelen desembocar en culpa o vergüenza.
Las creencias que alimentan emociones como la culpa o la rabia
Las reglas citadas anteriormente pueden proyectarse sobre otras personas: esperar que la pareja escuche sin criticar o que un jefe valore las horas extra convierte una convicción personal en una exigencia externa. También cuando los demás no la cumplen aparecen el enfado, el resentimiento, la decepción o la sorpresa.
En cuanto a las expectativas sobre las situaciones y los acontecimientos, unas vacaciones “deberían” ser relajantes o un ascenso “debería” resultar estimulante. Si la realidad no encaja con ese guion, la respuesta emocional puede ser rabia, decepción o desánimo.
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Otro patrón es la convicción de la injusticia. El psicólogo ejemplifica a través de sentirse criticado por la pareja sin motivo o creer que no haber recibido un ascenso después de muchas horas extra vulnera un principio básico de equidad. De ahí surgen, de nuevo, la decepción, el resentimiento, la rabia o la ansiedad.
A partir de ahí se forma el cuarto elemento: la historia que la persona se cuenta sobre sí misma, sobre su pasado o sobre el mundo. Según el experto, esa narrativa puede apoyarse en recuerdos familiares, como la idea de que unos padres favorecieron siempre a otro hermano, o en una autoimagen marcada por frases como sentirse incapaz de ser querido o condenado al fracaso.
Cómo revisar las emociones para cambiar la respuesta
Existen diferentes tipos de herramientas para revisar las emociones. La primera de ellas es detenerse a identificar qué hay detrás de una emoción concreta. Por ejemplo, si alguien está enfadado con su hermano o se siente culpable, la pregunta útil no solo es qué siente, sino qué expectativa o criterio de injusticia está activando esa reacción. Este paso ayuda a salir de una respuesta dominada por la emoción y a entrar en una lectura más racional. Con esta práctica se permite detectar antes el origen del malestar.
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El segundo movimiento consiste en discutir la propia versión de los hechos. Por ejemplo, un hermano quizá sí ha mostrado agradecimiento en otras ocasiones, una sensación de culpa actual puede no describir la pauta general de conducta y una persona que se exige demasiado cuando está estresada puede estar sobredimensionando sus fallos.
Taibbi sostiene que ahí resulta útil la mirada de un terapeuta o incluso la de un buen amigo. Esa perspectiva alternativa puede reinterpretar hechos que la persona da por cerrados, como la de unos padres que quizá no favorecían a una hermana, sino que le dedicaban más atención por una discapacidad; un hermana que puede estar absorbido por sus propios problemas; o la autocrítica que puede intensificarse en momentos de estrés.
La palabra clave es “experimento” y adoptar curiosidad ante la tendencia de la mente a volver siempre a los mismos supuestos, a las mismas historias y a las mismas conclusiones.
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