La histórica visita del papa León XIV a España dejaba este domingo numerosas imágenes para el recuerdo, pero una de las más destacadas se produjo durante el encuentro celebrado en el Movistar Arena de Madrid con representantes del ámbito cultural, artístico, económico y deportivo. Allí, el actor Antonio Banderas protagonizó uno de los momentos más emotivos de la jornada al dirigir unas palabras al pontífice en las que mezcló recuerdos personales, reflexiones sobre el arte y una profunda referencia a sus raíces malagueñas.
Después de presidir por la mañana una multitudinaria misa en el centro de la capital ante más de un millón de asistentes, el Santo Padre continuó su agenda con el acto denominado Tejer redes, una cita organizada por la Archidiócesis de Madrid que reunió a más de 12.000 personas. Entre los invitados figuraban destacadas personalidades de la cultura, el deporte y la sociedad española, como la exjugadora de bádminton Carolina Marín, la bailaora Sara Baras o el propio Antonio Banderas.
El intérprete malagueño fue uno de los primeros en intervenir y centró gran parte de su discurso en la estrecha relación que ha existido históricamente entre la Iglesia y la creatividad artística. Ante un auditorio completamente lleno, defendió el papel que la institución religiosa ha desempeñado a lo largo de los siglos como impulsora de algunas de las mayores expresiones culturales. “La Iglesia ha sido el mayor productor de arte de la historia de la humanidad”, afirmó durante su intervención, destacando cómo generaciones de artistas encontraron inspiración, espacios y desafíos creativos gracias a la tradición religiosa.
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Banderas también quiso poner el foco en la figura de Jesucristo, a quien definió como una de las imágenes más representadas de todos los tiempos. “El gran protagonista de la película de la vida”, señaló, subrayando la influencia que su mensaje ha tenido en innumerables obras artísticas y culturales.
Cristiano desde su infancia
Sin embargo, el momento más personal de su intervención llegó cuando decidió retroceder varias décadas para recordar su infancia en Málaga. El actor explicó que fue durante las celebraciones de la Semana Santa cuando comenzaron a surgir sus primeras preguntas sobre la fe y el sentido de la espiritualidad.
“Con cuatro o cinco años nació en mí una pregunta que solo contenía una palabra: Dios”, relató. A partir de ahí, recordó cómo fue encontrando respuestas en distintos momentos de su vida cotidiana, especialmente en la devoción de su madre hacia la Virgen de la Esperanza y en las emociones que despertaban las procesiones que recorrían las calles de su ciudad.
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El actor evocó la fuerza de aquellas manifestaciones populares en las que se mezclan tradición, cultura, arte y sentimiento religioso. También recordó a los cantaores de saetas y a las personas anónimas que participan cada año en los desfiles procesionales. “Dejando atrás el yo para agarrarse al nosotros”, expresó al describir el espíritu colectivo que siempre ha admirado de la Semana Santa malagueña.
A lo largo de su discurso, Banderas insistió en la capacidad transformadora del arte. Para él, la creación artística debe servir para reflejar realidades que a menudo pasan desapercibidas y para denunciar situaciones de injusticia. En ese sentido, defendió que el arte puede convertirse en una herramienta de encuentro. “El arte es siempre una alternativa contra la violencia y las guerras”, afirmó ante los aplausos del público.
El intérprete de películas como Dolor y Gloria o La máscara del Zorro fue incluso más allá al establecer un paralelismo entre la labor de los artistas y el ejemplo de Jesucristo. “El artista debe ser valiente como lo fue Cristo”, aseguró durante una intervención que fue seguida con enorme atención por los asistentes.
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Uno de los instantes más comentados llegó en la recta final de su discurso, cuando confesó abiertamente la influencia que la fe ha tenido en su vida. Mirando directamente al Pontífice, pronunció una frase que provocó una gran ovación dentro del recinto: “Y yo estoy aquí, Santo Padre, para confesarle que he sido víctima del hechizo de Dios”.
Las palabras emocionaron al público, que respondió poniéndose en pie para aplaudir tanto al actor como al papa León XIV. Tras concluir su intervención, ambos mantuvieron un breve encuentro personal sobre el escenario. El saludo fue especialmente afectuoso y culminó con un regalo del pontífice al actor: un rosario entregado en una pequeña caja roja.