Asturias es uno de los grandes epicentros gastronómicos de España, una región de excelente producto y recetas tradicionales que se convierte en destino de ensueño para quienes buscan darse un buen homenaje culinario. Más allá de sus ciudades, los pueblos asturianos esconden auténticas joyas, desde ingredientes y elaboraciones propias hasta restaurantes de premio. Es el caso de Cangas del Narcea, al suroeste del Principado, un enclave de palacios y casas blasonadas que es, además, uno de los iconos de la Red de Pueblos Gastronómicos de España.
Cangas del Narcea es uno de los rincones más especiales de Asturias. Lo es gracias a su río, el Narcea, que atraviesa el pueblo de norte a sur, llenando sus calles de alegría y de centenarios puentes, algunos de ellos con orígenes medievales. Pasear por las hermosas calles empedradas de esta villa es sinónimo de apreciar casonas, palacios e iglesias, reflejo del linaje de los primeros reyes astures, y de recibir todo tipo de aromas, olores que anticipan el banquete de sabores que esperan a cada viajero.
Uno de los grandes productos de Cangas es su ternera local. La raza autóctona Asturiana de los Valles, consumida en los restaurantes y hogares de la zona, ofrece una carne de jugosidad, aroma y ternura excelentes. El otro gran plato que representa a la gastronomía de Cangas del Narcea es el caldo de berzas, acompañado de patatas y fabas pintas, completado con un contundente compango donde no faltará chorizo, tocino, jamón y morcilla.
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Hay un producto que hace de la gastronomía de Cangas del Narcea algo único, un queso muy peculiar de una producción escasísima. Se trata del queso de Xinestosu o Genesto, elaborado en esta pedanía de Cangas. Se distingue por su forma característica, la cual se obtiene gracias al molde de esparto en el que se deposita en un principio, estrechándolo en la mitad y dejando unos dibujos característicos por la forma del esparto.
Perduran en este pequeño pueblo otras tradiciones con siglos de historia, como la matanza del cerdo y la obtención de embutidos como el butiello o el chosco. El primero, elaborado a base de huesos de rabadal y costilla de cerdo, adobado y embutido en ciego para después ahumarlo en madera de roble, un manjar que a menudo se acompaña con patatas o berzas cocidas. El segundo, preparado con una base de lengua y cabecero de lomo aderezados con ajo y pimentón.
Pero la gran curiosidad gastronómica de Cangas del Narcea es el vino. Acogido a su propia Indicación Geográfica Protegida con la denominación de Vino de Calidad de Cangas, es especial por ser la única zona asturiana productora de vinos. Sus caldos, ligeros y agradables de beber, se producen desde el siglo XII y, en algunas bodegas tradicionales, aún es posible disfrutarlo bebiéndolo del cachu, un cuenco de madera que va pasando de mano en mano.
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Los mejores restaurantes de Cangas del Narcea
La enorme tradición gastronómica que Cangas del Narcea carga a sus espaldas no impide que en sus calles hayan nacido nuevas ideas. Lo demuestra Blanco (C/ Mayor, 11), un bar-restaurante de cocina creativa que se define como “una casa de comidas contemporánea, seria y honesta”. Galardonada con un Sol Repsol, su cocina cambia la carta cada viernes, sumando y restando platos que presumen de producto kilómetro 0. Entre sus recetas estrella, algunas como el bonito a la sidra, el ‘pixín alangostado’, los cachopinos de jabalí o las costillas de gocho.
Otra de las propuestas gastronómicas más interesantes del municipio es el restaurante Casa del Río (C/ Mayor 38), un local que triunfa con potajes caseros cocinados con el embutido que fabrican ellos mismos y que venden en el propio restaurante, o también con cualquier carne de la zona. Además, destaca por una muy buena selección de carnes maduradas, lechal y pescados frescos de las rulas que combinan, cómo no, con una apropiada carta de vinos.
Para cerrar la comida con un dulce, podemos pasarnos por Artesana Manín (C/ Médico Rafael Fernández Uría, 4), un rincón que la Guía Repsol define como “una de las mejores pastelerías de Asturias” y que cuenta con su propia cafetería y un magnífico surtido de panes y de repostería de obrador. O, si no, podemos disfrutar de un helado en Le Llamber Manín Sucre (C/ Mayor, 29), una heladería artesana que se convierte en bombonería durante los meses de invierno.
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