Durante años, la maternidad se ha vendido como una etapa mágica de la vida de toda mujer: la conexión con el bebé es inmediata nada más terminar el parto, el instinto de cuidado viene natural y el amor por el niño es suficiente para superarlo todo. Detrás de esta imagen brillante e idealizada se esconde una maternidad más dura, marcada por el cansancio, la incertidumbre y una crisis vital que deja un pensamiento claro en la mente de las mujeres: “Esto no es lo que esperaba”.
Este sentimiento es “más normal de lo que se espera y tiene consecuencias”, advierte a Infobae la psicóloga especializada en salud mental perinatal, Jimena Lazzaro. En todo el mundo, se calcula que una de cada cinco madres experimenta algún trastorno del estado de ánimo. La ansiedad posparto, el trastorno obsesivo compulsivo y la depresión posparto son los más comunes.
“Antes de ser madres, nos encontramos con un panorama muy idealizado”, explica Lazzaro, lo que provoca un duro choque con la realidad que termina por afectar a la salud mental. “Es una crisis vital que implica un cambio a nivel físico, psicológico y social. Ya de por sí se modifican muchas cosas a todo nivel y, sumado a esa idealización y al poco acompañamiento que muchas veces tienen, termina siendo un coste para la madre, y realmente ser madre no debería costar la salud mental”, valora.
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El dolor materno se vive en silencio
Las pacientes que atiende Lazzaro comunican muchas veces sentimientos de ambivalencia: “Por momentos se sienten a gusto con lo que están haciendo y por momentos se sienten enojadas, tristes, agotadas. Hay situaciones en las que expresan realmente tristeza o esa pérdida de libertad que hay al inicio”, explica. Pero, sobre todo, se repite una frase: “Mis amigas no me lo contaron”.
“Vivimos atravesados por una sociedad que nos muestra una maternidad muy idealizada, incluso dentro de nuestro entorno”, explica la psicóloga. Así, la mujer “empieza a sentir que no es capaz, que no puede llegar a cumplir esas expectativas, que los demás lo hacen mejor, porque el entorno no enseña esa maternidad real”, añade.
El sentimiento es normal, porque las exigencias son inalcanzables: “Debería poder entender a mi bebé cuando llora, qué es lo que necesita. Debería mantener la casa en orden. Debería estar activa con mi trabajo, con mi profesión. Debería ocuparme también de mi pareja, de mis relaciones sociales...” Pero, en vez de cuestionar el ideal, se cuestionan a sí mismas. Así, no todas las madres se dan cuenta de lo que están sufriendo. “Es difícil que puedan situar ese ‘no me siento bien, esto que me está pasando no lo estoy disfrutando’. Empiezan a entender que la maternidad es de esa forma”, afirma Lazzaro.
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Otra estrategia común es culpar a las hormonas por estos sentimientos. “Por supuesto que afectan, pero va mucho más allá: tiene que ver con un cambio integral a todo nivel. Realmente, es el cambio más grande que atraviesa un ser humano”, apunta Lazzaro.
Visibilizar y acompañar, claves para proteger la salud mental materna
Combatir la alta incidencia de los trastornos perinatales pasa primero por visibilizar su importancia y las consecuencias que tienen. “Es la base sobre la que se edifica la sociedad”, defiende Lazzaro.
“El desarrollo más importante de los niños se da en la infancia y, para que se pueda dar de la mejor manera, hace falta la disponibilidad de los padres, que puedan estar presentes y satisfacer las necesidades que tiene ese bebé, también en la regulación emocional. No es lo mismo la disponibilidad y la regulación que va a tener una mujer que tiene apoyo, que está acompañada, que está sostenida, que está empoderada, a la regulación que puede tener una persona que se siente maternando sola, que no siente apoyo ni de su entorno, ni de su pareja, ni de su entorno social o familiar”, expresa la psicóloga.
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Lazzaro insiste en que "no se trata de culpabilizar a la madre ni de ponerle más presión, sino de poder visibilizar que esto existe y reconocer que, cuando el sistema falla en acompañar la salud mental de las madres, el impacto se traslada directamente a la infancia y, por tanto, al futuro de la sociedad".
Así, además de la visibilización, el acompañamiento desde su entorno y desde la sociedad se vuelve crucial. “El rol paterno es superimportante en este contexto, para sostener a la madre. Y muchas veces esta es una pata que termina fallando. La mujer, para poder sostener al bebé, necesita ser sostenida”, insiste.
Incluso, apunta la psicóloga, esta falta de apoyo podría ser “uno de los puntos por los que está bajando tanto la natalidad”. “Las mujeres se están pensando mucho realmente si quieren o no desarrollar este rol, porque las consecuencias de no tener ese apoyo, de no tener las condiciones, de no tener los recursos y las herramientas para poder llevar adelante la maternidad no son menores. Pero lo importante es que la mujer pueda tener la decisión de si quiere o no ser madre, y, en el caso de querer ser madre, que no sea esto lo que le impida hacerlo”, defiende Lazzaro.
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