El robo de coches de alta gama ha encontrado en la electrónica una nueva puerta de entrada. Los Mossos d’Esquadra han alertado esta semana de un modus operandi cada vez más sofisticado después de que un hombre lograra sustraer un vehículo valorado en 100.000 euros en Calonge y tratara, apenas un día después, de hacerse con otro coche de lujo tasado en 180.000 euros utilizando herramientas destinadas a intervenir directamente en el sistema electrónico del automóvil.
La secuencia, difundida por la policía catalana a través de la red social X, retrata la evolución de un tipo de delincuencia que ya no necesita reventar cerraduras ni forzar puertas para llevarse un vehículo. Ahora basta con localizar determinados puntos sensibles de la carrocería, abrir un acceso milimétrico y manipular desde allí las entrañas electrónicas del coche.
Las imágenes compartidas por los agentes permiten entender con precisión cómo operan quienes se dedican a este tipo de robos. En la primera fotografía aparece desplegado sobre una mesa todo el material intervenido: una multiherramienta de precisión similar a una Dremel, brocas, destornilladores, herramientas de corte, sprays, cinta adhesiva, guantes y un multímetro digital. Junto a ello, varios cables, conectores y dispositivos portátiles que apuntan claramente a una intervención sobre circuitos y módulos electrónicos.
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Un agujero para entrar en el cerebro del coche
La segunda imagen difundida por los Mossos resulta todavía más reveladora. En la parte trasera del automóvil, junto al piloto o la zona del maletero, se aprecia un corte irregular practicado sobre la carrocería. Los bordes desgarrados y las marcas de perforación evidencian el uso de herramientas eléctricas para abrir una vía de acceso hacia el interior del vehículo.
La maniobra no busca entrar físicamente en el habitáculo, sino alcanzar zonas donde se encuentran componentes electrónicos esenciales. Centralitas, módulos de control o cableado interno pasan a convertirse en el verdadero objetivo de los delincuentes.
A través de esa apertura, los autores del robo pueden interactuar directamente con el sistema electrónico del coche y tratar de alterar la comunicación entre sus distintos dispositivos. El propósito final es desbloquear cerraduras, inutilizar sistemas de seguridad o permitir el arranque sin necesidad de disponer de la llave original.
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Se trata de una técnica compleja, ligada a la digitalización del automóvil moderno. Los vehículos de alta gama incorporan cada vez más sistemas electrónicos interconectados —desde asistentes de conducción hasta mecanismos inteligentes de apertura y encendido— y esa sofisticación tecnológica ha terminado por abrir nuevas vulnerabilidades.
Del ladrón clásico al delincuente especializado
Los investigadores llevan tiempo observando cómo el robo de vehículos ha evolucionado hacia fórmulas mucho más técnicas y especializadas. Frente a la imagen tradicional del ladrón que fuerza una cerradura o rompe una ventanilla, ahora emergen perfiles capaces de manipular software, cableado y sistemas electrónicos avanzados en cuestión de minutos.
La propia composición del material incautado refleja ese cambio. El uso de conectores específicos, dispositivos electrónicos y herramientas de precisión apunta a delincuentes familiarizados con la arquitectura interna de determinados modelos de coche. No todos los vehículos presentan la misma disposición de centralitas ni idénticos sistemas de protección, de ahí que muchas de estas bandas trabajen sobre marcas concretas cuyos puntos débiles conocen de antemano.
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Los especialistas en seguridad del automóvil llevan tiempo advirtiendo del auge de estas técnicas vinculadas a la electrónica. Durante los últimos años se popularizaron los robos mediante amplificadores de señal capaces de captar la frecuencia de llaves inteligentes situadas dentro de viviendas próximas al vehículo. Ahora, el salto va un paso más allá: acceder físicamente al interior del sistema eléctrico del coche para intervenir directamente sobre él.