“Si has probado los chicles de nicotina para dejar de fumar y no te han funcionado, puede que los estés utilizando mal”, plantea la farmacéutica y divulgadora Elena en una publicación reciente de su perfil de TikTok, @infarmate, en el que cuenta con más de 890 mil seguidores.
Los chicles de nicotina son frecuentemente utilizados por fumadores que quieren dejar de serlo. Una ración de nicotina para mantener a raya el mono que provoca el tabaquismo; nicotina sin alquitrán, amoníaco, arsénico, plomo, monóxido de carbono, benzopireno, cadmio, níquel, cianuro, sin el largo etcétera de más de 4.000 sustancias que impregnan los pulmones con cada calada de un cigarro. Parece un mito, aceite de serpiente, una forma de atraer compradores desesperados por su adicción y por el peso de sus pulmones; y más aún cuando se da el caso de que no logren quitar las ganas de fumar al mascador de turno. Según la farmacéutica, sin embargo, que no tengan efecto puede deberse, simplemente, a que se están utilizando mal.
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La forma correcta de utilizar chicles de nicotina
“El error más común que veo en la farmacia”, empieza a explicar Elena, “es que la gente los mastica como si fueran un chicle normal. Los chicles de nicotina no se mastican así”. Más allá del mareo que puede provocar hacerlo, estos chicles “funcionan porque la nicotina se absorbe a través de la mucosa de la boca. Por eso hay que morderlo una vez y, cuando empiezas a notar el picor o el hormigueo, lo dejas entre la encía y la mejilla; y ahí es donde se va a absorber la nicotina”.
“Cuando desaparezca el sabor”, continúa explicando la farmacéutica, “vuelves a morder: un chicle bien utilizado te tiene que durar de veinte a treinta minutos. Si lo masticas sin parar o te lo tragas, hace que la nicotina llegue al estómago y que allí se inactive, impidiendo que llegue a sangre. Vamos, que no te va a quitar la ansiedad por fumar y encima te puede dar náuseas e hipo”.
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Hay dos tipos de chicles de nicotina: el de 2 mg y el de 4 mg. La elección entre uno u otro suele depender de la hora a la que se fuma el primer cigarrillo del día y de la cantidad diaria de tabaco. Las personas que encienden su primer cigarrillo en los primeros 30 minutos tras despertarse suelen optar por el de 4 mg. Con el paso de las semanas, normalmente entre la octava y la duodécima, es posible ir reduciendo tanto la dosis como la frecuencia, hasta dejar de utilizar el chicle por completo.
De acuerdo con lo publicado en el portal web de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), durante las seis primeras semanas del proceso para dejar de fumar, se recomienda recurrir a un chicle cada una o dos horas. Anticiparse a los momentos de deseo y utilizar el chicle antes de que aparezca el antojo puede ayudar a controlar las ganas de fumar. Para que el cuerpo reciba la cantidad necesaria de nicotina y se puedan aliviar los síntomas de abstinencia, lo habitual es utilizar al menos nueve chicles al día en esta primera etapa.
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Cuando el chicle se utiliza junto con el parche de nicotina, es probable que no sea necesario usarlo con tanta frecuencia. En cualquier caso, no se recomienda superar las 24 piezas diarias. Después de las primeras seis semanas, la pauta consiste en espaciar el consumo, pasando a una pieza cada dos a cuatro horas y, más adelante, a una pieza cada cuatro a ocho horas.
Si uno no fuma más de diez cigarros al día o no fuma a diario, conviene que consulte con un médico o profesional sanitario, ya que puede ser aconsejable que inicie el tratamiento con una dosis menor y espacie más el uso del chicle. Además, es recomendable no comer ni beber durante los quince minutos previos y mientras se utiliza el chicle: los alimentos y bebidas ácidas, como los refrescos y el café, pueden interferir en su eficacia.
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