Varios testimonios de figuras conocidas como Andrea Levy, Rafa Sánchez, David Seijas o Pablo Ojeda han revelado en el programa ‘Ex. La vida después’ emitido en Cuatro cómo las adicciones han marcado profundamente sus vidas, detallando tanto el origen de ese vínculo como el arduo proceso de recuperación que han afrontado.
El espacio, presentado por Ana Milán, profundiza en las consecuencias personales y en la huella emocional de diferentes tipos de dependencia, con relatos directos que describen desde la pérdida de control hasta la repercusión en el entorno familiar.
Las historias compartidas evidencian diversos inicios y evoluciones de las adicciones: Rafa Sánchez, exvocalista de La Unión, ha relatado que comenzó a consumir heroína en un contexto de ocio, acompañado de un amigo llamado Roberto, quien terminó falleciendo. El cantante ha llegado a confesar en el programa que “me iba a una finca que tenía mi padre a pasar el mono y era horrible, escalofríos, no dormir…”.
Andrea Levy ha explicado que su consumo de benzodiacepinas comenzó como un intento de soportar el dolor provocado por la fibromialgia y la presión profesional, aludiendo a la normalización social de estos fármacos.
Adicciones y recuperación
Pablo Ojeda ha contado que su primer contacto con el juego se produjo al bajar un día aburrido a un bar cercano, donde con “cinco euros, los eché y me tocaron 80”, una experiencia que ha calificado como “una sensación peligrosamente agradable”. Estos testimonios muestran la diversidad de condicionantes personales y sociales involucrados en el origen y desarrollo de la adicción.
El sumiller David Seijas, premiado con la Nariz de Oro en 2009 y exintegrante de elBulli, ha compartido su proceso para superar una adicción al alcohol y la cocaína sin abandonar su profesión. Tras dos años lejos del mundo del vino, Seijas optó por retomar su actividad apoyándose en terapias convencionales y alternativas, como la grafoterapia, y adoptando el método de escupir durante las catas como símbolo de autocontrol. Su experiencia plantea la posibilidad de reconstruir una relación saludable con la vocación profesional, incluso frente a una dependencia.
La perspectiva del programa se centra en el punto de inflexión que supone advertir la adicción y buscar ayuda, así como en el impacto en quienes acompañan al adicto en ese proceso. Los protagonistas coinciden en señalar que la adicción, aunque inicialmente asociada al ocio o la evasión, deriva en una espiral que exige una toma de decisiones difícil y valiente para iniciar la recuperación.
Según declaró Rafa Sánchez, “A diferencia de otros tipos de adicciones, la heroína tiene lo que se llama el mono, algo realmente duro”, matizando que la droga entra como una aparente aliada y se convierte pronto en “el puro demonio”. Su relato se completa con la descripción de un síndrome de abstinencia devastador que, en su caso, trató de superar sin ayuda profesional.
Rutinas y entorno en la adicción
En su intervención, Andrea Levy ha subrayado cómo el consumo de benzodiacepinas terminó por instaurarse en su rutina como respuesta al dolor crónico y la ansiedad generada por el estrés laboral: “Tenía que ir al cajón y tener ese momento de seguridad de saber que tenía un Lexatin”. La política ha confesado que nunca pensó estar realizando “nada mal”, resaltando la naturalización del uso de estos medicamentos y señalando que “más de seis meses tomándolos eres adicto. No es algo para normalizar ni para que te acompañe toda la vida”.
Levy también ha recordado el papel fundamental de los cuidadores y el desgaste emocional que experimenta el entorno: “A ellos también les pesa, porque es muy difícil”. Ha relatado que, durante su proceso de recuperación, fue una persona cercana –a su vez adicta en otro momento– quien le ofreció la ayuda que necesitaba para volver a controlar su vida.
Pablo Ojeda, nutricionista y divulgador, ha expuesto cómo las inseguridades de su infancia y la ausencia de aspiraciones marcaron su acercamiento al juego, una conducta inicialmente circunstancial que derivó en compulsión.
El recuerdo de burlas tras pasar diez meses en silla de ruedas acentuó sus dificultades psicológicas. Sobre su evolución, Ojeda explicaba: “Lo malo se olvida de manera inmediata. Me gastaba 100 euros y me tocaban 10, no me acordaba de los 90 perdidos, solo de los 10 ganados”, poniendo especial énfasis en que el objetivo nunca fue el dinero, sino “la sensación de haber ganado”.
El impacto familiar
Alejandra Prat ha descrito cómo la dependencia de su hermano a la cocaína impactó intensamente al núcleo familiar. En su conversación Prat recordó que la adicción de su hermano se desencadenó cuando, tras pasar largas temporadas trabajando en barcos, “su jefe le dijo: ‘prueba esto porque te vas a sentir mejor y vas a poder seguir adelante’”.
La periodista señalaba que la negación de la adicción retrasó la intervención familiar, hasta que una prueba corroboró el problema y su hermano pudo reconocerlo. Prat no ha evitado detallar la dimensión del sufrimiento familiar: “Mi madre ha sufrido muchísimo. Desde tener que ir a pagar a gente y a distintos sitios, hasta pensar a qué lugares tendría que acudir para saldar lo que mi hermano había consumido y le habían fiado. Que te desvalije la casa, que venda tus recuerdos… ha ocurrido de todo”.
También ha manifestado el dolor y la impotencia por la situación: “Duele muchísimo. Mis hijos este verano, viéndole, también me vieron romperme. Nunca me he roto delante de mi hermano porque no quiero que sufra quiero que sienta que estamos ahí y que él decida cuándo, porque no le puedes obligar”.