
Las princesas Beatriz de York y Eugenia de York vuelven a situarse en el foco mediático, esta vez por su ausencia en uno de los actos más simbólicos del calendario de la monarquía británica. Las hijas del príncipe Andrés no asistirán a la tradicional misa de Pascua que cada año reúne a los principales miembros de la familia real en la Capilla de San Jorge, ubicada en el Castillo de Windsor.
El servicio religioso, que estará presidido por el rey Carlos III, contará con la presencia de la reina consorte Camila y de los príncipes de Gales, Guillermo y Kate Middleton, en un contexto especialmente delicado para la institución. Sin embargo, las nietas de la fallecida Isabel II no formarán parte de la ceremonia. Según medios británicos, la decisión habría sido tomada de mutuo acuerdo con el monarca, en lo que muchos interpretan como un intento de evitar que la atención mediática se desvíe hacia los recientes escándalos que rodean a su padre.
El exduque de York, el príncipe Andrés, enfrenta a la justicia tras ser arrestado. La operación se produce después de la publicación de documentos que lo vinculan con la red de Jeffrey Epstein y sugieren que pudo compartir información sensible del gobierno británico.
La ausencia de ambas no ha pasado desapercibida. Llega apenas semanas después de que el exduque de York volviera a situarse en el centro de la polémica tras ser detenido en febrero por presuntas conductas inapropiadas en el ejercicio de un cargo público. Según fuentes judiciales, el hermano menor del rey habría transmitido información confidencial del Gobierno británico al empresario estadounidense Jeffrey Epstein durante su etapa como enviado comercial del Reino Unido.
El caso ha reavivado viejas heridas dentro de la Casa Real británica, que desde hace años intenta distanciar su imagen de la sombra proyectada por la relación entre Andrés y Epstein, fallecido en prisión en 2019 mientras esperaba juicio por tráfico sexual de menores. La figura del exduque de York, apartado de toda actividad institucional, continúa siendo un problema para el Palacio de Buckingham, pese a los esfuerzos de Carlos III por contener el desgaste reputacional.
Los escándalos del expríncipes Andrés: el principio del fin
La crisis se remonta especialmente a 2022, cuando el príncipe Andrés alcanzó un acuerdo extrajudicial con Virginia Giuffre para evitar un juicio civil en Estados Unidos por presunto abuso sexual. Giuffre, que en el momento de los hechos era menor de edad, aseguró que fue obligada a mantener relaciones con él en encuentros organizados por Epstein. Aunque el acuerdo evitó el proceso judicial, el impacto sobre la imagen de la monarquía fue profundo. Ese mismo año, Carlos III, recién proclamado rey, decidió retirarle todos sus títulos militares y patronazgos reales, además de vetarle en funciones oficiales. Su exesposa, Sarah Ferguson, también perdió varias distinciones honoríficas, aunque mantiene una relación cercana con algunos miembros de la familia.

En este contexto, Beatriz y Eugenia han optado por un perfil discreto. Aunque conservan el tratamiento de Alteza Real, su presencia en actos oficiales se ha reducido notablemente. Ambas han centrado su vida en sus familias y carreras profesionales, alejadas del protagonismo institucional que en otro tiempo compartían con el resto de los Windsor. De acuerdo con fuentes cercanas al palacio citadas por la prensa británica, el rey busca marcar una línea clara entre los miembros activos de la familia y aquellos cuyo entorno pueda comprometer la imagen de estabilidad que pretende consolidar en su reinado.
Pese a este distanciamiento institucional, la relación familiar se mantiene intacta. Beatriz y Eugenia conservan una estrecha conexión con sus primos, los príncipes Guillermo de Gales y Harry de Sussex, con quienes comparten una larga historia de cercanía desde la infancia. De hecho, ambas participaron el pasado diciembre en la tradicional misa de Navidad en Sandringham.

Por ello, su ausencia en la celebración de Pascua no implica una ruptura familiar. Desde el Palacio de Buckingham se ha querido subrayar que la decisión “no debe interpretarse como un desplazamiento permanente”, sino más bien como “un gesto prudente en un momento de especial sensibilidad”. Asimismo, aseguran que seguirán siendo invitadas a futuros encuentros familiares y mantienen “una relación absolutamente cordial y de respeto con el rey y la reina consorte”.
El objetivo inmediato, según estas fuentes, es “preservar la serenidad y centrarse en los deberes institucionales esenciales mientras se resuelven los asuntos personales del duque de York”. Tanto es así que las jóvenes tampoco fueron invitadas al Royal Ascot, considerado el evento hípico más prestigioso del Reino Unido y una de las citas sociales más relevantes del calendario británico.
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