Los datos tomaron el control

La revolución de los datos no se limita a las fronteras internas de una empresa. También está reordenando el comercio, las cadenas globales de suministro y el acceso al financiamiento

(Shutterstock)

Tribuna de Diego Balverde, especialista en Finanzas Climáticas y Economista del Banco Central Europeo

Durante décadas, la economía creyó que podía explicarse casi exclusivamente a través de variables tradicionales: precios, salarios, empleo, tasas de interés, consumo, inversión. Todo lo demás quedaba en segundo plano. La energía era un insumo. El agua, una condición dada. Las emisiones, una externalidad. La temperatura, un dato lateral. La lógica dominante asumía que lo central ocurría en los balances, en los mercados y en las estadísticas macroeconómicas. Esa etapa terminó.

Hoy, la economía ya no puede comprenderse solo por lo que factura, vende o exporta. También debe entenderse por cómo consume energía, cómo usa el agua, cuánto desperdicia, qué emite, qué temperatura soportan sus procesos y qué nivel de eficiencia real sostiene en cada tramo de su operación. Lo que antes aparecía como un costo oculto o una variable secundaria pasó al centro de la escena. La razón es simple: ahora puede medirse.

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La expansión de sensores, plataformas digitales, sistemas de monitoreo y herramientas de trazabilidad hizo visible una dimensión física de la economía que durante mucho tiempo permaneció fuera del radar de decisión. Ya no se trata solamente de saber cuánto produce una planta, sino cuánto consume para producirlo. No importa solo el volumen exportado, sino la intensidad energética, hídrica y ambiental que ese volumen arrastra. No nos alcanza con mirar el resultado financiero si no se comprende, al mismo tiempo, el comportamiento material que lo sostiene.

No es una moda tecnológica ni un lujo de grandes corporaciones. Es una transformación operativa de fondo. La Agencia Internacional de la Energía ha señalado que la digitalización aplicada a procesos industriales puede reducir de forma significativa el consumo energético. Al mismo tiempo, organismos multilaterales vienen advirtiendo que la falta de métricas físicas confiables encarece el crédito, deteriora la planificación y debilita la competitividad.

Medir dejó de ser un procedimiento administrativo. Se convirtió en una herramienta de poder económico. La información física entró al tablero. Y desde ahí empezó a ordenar decisiones.

Consumo energético. (Imagen ilustrativa Infobae)

Medir para decidir mejor

Toda actividad productiva deja una huella concreta. Energía utilizada. Agua consumida. Residuos generados. Temperatura operativa. Pérdidas por ineficiencia. Emisiones liberadas. Por muchos años, esa huella fue apenas reconstruida de manera parcial, diferida o fragmentaria. Los datos llegaban tarde, mezclados en promedios, sin capacidad de modificar lo que estaba ocurriendo en el momento. Eso también cambió.

Hoy, una fábrica puede detectar en tiempo real cuándo se dispara el consumo eléctrico de una línea de producción. Una minera puede seguir el uso hídrico de sus circuitos y corregir desvíos antes de que se transformen en sobrecostos. La cadena agroexportadora puede utilizar imágenes satelitales y sensores para verificar prácticas de riego, trazabilidad y rendimiento.

La diferencia entre mirar después y medir mientras ocurre ya no es técnica: es económica. Medir en tiempo real permite corregir. Corregir a tiempo permite ahorrar. Ahorrar de forma sostenida mejora márgenes, reduce riesgos y fortalece la competitividad.

Ese cambio explica por qué muchas empresas comenzaron a invertir en sistemas de control físico con la misma seriedad con la que antes invertían en software contable o financiero. Ya entendieron que no alcanza con registrar el resultado: hay que intervenir en el proceso que lo genera. Y para intervenir, primero hay que ver. La medición transforma intuición en decisión.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha avanzado este miércoles en el Congreso su intención de seguir acelerando el despliegue de la energía renovable en el país mediante el decreto ley para paliar las consecuencias económicas del conflicto en Irán (Congreso)

La nueva moneda de los mercados

La revolución de los datos no se limita a las fronteras internas de una empresa. También está reordenando el comercio, las cadenas globales de suministro y el acceso al financiamiento.

Cada vez más compradores exigen trazabilidad, indicadores ambientales, reportes de desempeño físico y capacidad de demostrar cómo se produce lo que se vende. No basta con ofrecer precio y volumen. Los mercados empiezan a exigir también evidencia.

En la Unión Europea, los mecanismos de ajuste por carbono y las nuevas regulaciones obligan a declarar con mayor precisión la huella asociada a determinados bienes importados. Sí, llegó el CBAM (Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono), que es un arancel verde que cambió los estándares mundiales y dejó la vara tan alta en términos comerciales, financieros y climáticos.

En Asia, grandes distribuidores de alimentos y manufacturas ya incorporan requisitos de certificación y trazabilidad para sostener contratos de largo plazo. En Estados Unidos, el capital institucional observa con creciente atención la capacidad de una empresa para reportar riesgos climáticos, consumo de recursos y exposición operativa.

Esto produce una jerarquía nueva y silenciosa. El proveedor que mide compite mejor. El que no reporta pierde acceso. El que optimiza reduce costos y mejora posición negociadora. Los datos dejaron de ser una cuestión interna. Pasaron a ser una moneda comercial. Un activo reputacional, operativo y financiero al mismo tiempo. Quien puede demostrar eficiencia gana credibilidad. Y quien gana credibilidad mejora su lugar en el mercado.

Turbinas eólicas. (Axel Heimken/dpa)

Tecnología que convierte información en ahorro

La digitalización aplicada a procesos físicos ya no pertenece al terreno experimental. Está entrando en puertos, industrias, edificios, cadenas logísticas, sistemas de riego, redes eléctricas y parques industriales con una velocidad cada vez mayor.

Plataformas integradas permiten medir huella energética e hídrica junto con información contable. Sensores conectados monitorean temperatura, presión, caudal y consumo. Modelos predictivos anticipan picos de demanda o fallas de operación.

Los llamados gemelos digitales permiten simular escenarios y decidir antes de ejecutar inversiones o cambios productivos. Lo decisivo no es la sofisticación tecnológica en sí misma. Lo decisivo es que esa tecnología convierte información en ahorro.

Una empresa textil que ajusta mejor sus procesos de agua y temperatura reduce costos operativos. Un operador portuario que monitorea su demanda energética disminuye consumo de combustible y mejora eficiencia logística. Un edificio inteligente que administra climatización e iluminación reduce la factura energética y extiende la vida útil de su infraestructura.

Por muchos años, muchas empresas trataron la medición ambiental como una exigencia externa o una carga regulatoria. Hoy empieza a verse con más claridad que, bien utilizada, puede ser una fuente directa de eficiencia económica. Medir no solo informa. Ahorra.

(Imagen Ilustrativa Infobae)

Estados que gobiernan con evidencia

La transformación no alcanza únicamente al sector privado. También modifica la forma en que los Estados planifican, asignan recursos y anticipan riesgos.

Las ciudades que miden la temperatura urbana pueden rediseñar espacios verdes, corredores de sombra y materiales de superficie. Los países que registran con precisión el consumo hídrico sectorial pueden priorizar mejor sus inversiones. Las regiones que monitorean emisiones, demanda energética y exposición climática tienen más herramientas para diseñar transporte, infraestructura y políticas preventivas. Gobernar con datos no significa deshumanizar la política. Significa reducir la improvisación.

Cuando un municipio conoce sus zonas de mayor estrés térmico, puede intervenir antes de que una ola de calor se transforme en emergencia sanitaria. Al momento que una red hídrica incorpora inteligencia para detectar fugas, ahorra recursos que luego no necesita recuperar con más gasto. Cuando un Estado cruza datos climáticos con infraestructura crítica, mejora su capacidad de anticipar interrupciones, daños y pérdidas fiscales.

La evidencia reduce errores caros. Y en un mundo de presupuestos ajustados, esa diferencia importa cada vez más. Menos daños por eventos extremos. Menos interrupciones energéticas. Menos gasto correctivo. Más capacidad de planificación. “Gobernar con datos reduce la improvisación”.

Un técnico supervisa el alto consumo de energía en un centro de datos moderno. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un cambio más profundo de lo que parece

Lo que está ocurriendo es más profundo de lo que parece. La economía no solo incorporó nuevas herramientas. Está cambiando su forma de ver la realidad. La tecnología volvió visible lo que antes era invisible. La información volvió cuantificable lo que antes era difuso. Y la medición volvió rentable lo que durante mucho tiempo fue tratado como gasto secundario. Ese cambio altera la lógica del poder económico.

Durante décadas, quien dominaba el mercado era quien controlaba el capital, la escala o la distribución. Hoy sigue siendo importante, pero ya no alcanza. También gana poder quien controla mejor la información física de sus procesos, quien puede anticipar desvíos, demostrar eficiencia y traducir complejidad operativa en datos concretos. “El poder cambió de forma. Ahora también se expresa en cifras que muestran cómo funciona, cuánto consume y cuánto puede mejorar una economía real”.

Que los datos hayan tomado el control no significa que las decisiones se vuelvan frías. Significa que se vuelven más precisas. Más difíciles de improvisar. Más orientadas a resultados. Las empresas que miden reducen riesgos y descubren ahorros. Los gobiernos que registran planifican mejor y corrigen antes. Las sociedades que entienden su huella construyen mayor estabilidad.

La gran diferencia de esta etapa es que la información ya no falta. Está disponible. Circula. Se integra. Se cruza. Se utiliza. Por eso, la transición que viene no se decidirá solo con discursos, intenciones o promesas. Se decidirá con capacidad de medir, interpretar y actuar. “La economía del futuro no será la que más hable de eficiencia. Será la que pueda demostrarla”.

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