Solo un 0,3% de las españolas dan a luz en su casa: ¿de verdad es una opción tan arriesgada? “Muchas dicen ‘a mí que me lo saquen’, pero mis partos fueron increíbles”

Los partos domiciliarios en España son una minoría, pero la OMS defiende la necesidad de involucrar a las mujeres en la toma de decisiones

La conexión emocional con el cuerpo y el bebé gracias al acompañamiento de un parto planificado en casa (Canva)

Elena tenía 22 años cuando dio a luz al primero de sus hijos. Lo hizo en su casa acompañada de su marido y de una matrona. “Rompí la bolsa a las tres de la mañana y él nació al día siguiente a la una”, narra a Infobae España. Pese a las largas horas de parto, la matrona estaba pendiente todo el tiempo de ella y el bebé: “Escuchaba mis latidos, me iba tocando la barriga y vigilando el líquido. Gracias a eso, respetaron su tiempo y el de mi cuerpo. Nació en casa superbién, fue un parto increíble”, recuerda.

Elena, que reside en Chiclana de la Frontera, Cádiz, asegura que ya “con 14 años tenía claro que quería parir en casa”. De hecho, cuando cumplió la mayoría de edad, “fui a un campamento para celíacos y yo lo contaba”. Ante su determinación, los comentarios que recibía “eran como: ‘Estás loca, te hacen una cesárea, te sacan al niño y no te enteras’”, afirma. Pero ella siempre ha buscado la mínima interferencia en el proceso y, por consiguiente, no ha tenido medicalización durante sus partos. Esto ha permitido que sus hijos hayan nacido “cuando querían y se han respetado sus tiempos; porque si no, la mayoría hubiera sido cesárea o inducción”. Hoy tiene cinco hijos de cuatro partos, ya que en el último nacieron gemelos.

Su caso es una excepción en España, donde solo el 0,32% de los partos ocurren en los hogares. Así lo confirman los últimos datos disponibles del INE, de 2017, en los que se registran 1.273 nacimientos en casa. Esta práctica es un tema controvertido en la sociedad española, pero también para obstetras y pediatras. Porque “además de problemas fetales, también puede haber problemas maternos” o complicaciones en el bebé o en la mujer una vez ha terminado el parto, afirma María Valenciano, ginecóloga en el Instituto Bernabeu. Elena, en cambio, insiste en que las mujeres que optan por un parto domiciliario tienen en cuenta distintos factores y que “como todo en la vida, las personas que lo critican se están quedando solo con una parte”.

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Estadística de los partos en domicilios particulares hasta 2017 (Epdata, INE)

Los partos domiciliarios prescinden de medicación e intervención

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos estableció en 2010 que el derecho a la privacidad, al mismo tiempo que dicta que una mujer tiene derecho a elegir si dar a luz a un hijo, también incluye el proceso de parto. Es decir, cualquier madre podría decidir las circunstancias en las que da a luz. A diferencia de otros países europeos como Reino Unido o Países Bajos, la sanidad pública española no cubre los partos domiciliarios, que han de ser costeados a nivel privado. Por ello, la FAME (Federación de Asociaciones de Matronas de España) considera que esto “supone una brecha en el acceso a dicho servicio”.

Desde el año 2000, el número de partos en el domicilio prácticamente se ha estabilizado en torno a los 1.000 nacimientos anuales, la mayoría con la asistencia de personal sanitario. Montserrat Angulo Perea, especialista en enfermería obstétrico-ginecológica y vicetesorera del Consejo General de Enfermería en España, quien ha conformado un “equipo de parto en casa que se llamaba Namasté Comares”, explicado a Infobae España cuál es la principal diferencia entre acudir a un hospital para dar a luz o hacerlo en casa. "En el hospital, el parto puede estar medicalizado, mientras que en el domicilio no se va a hacer ninguna técnica: ni se va a romper bolsa amniótica, ni se puede poner oxitocina”, explica. En definitiva, “no se va a hacer nada para promover que el parto evolucione de forma diferente”.

Entre las indicaciones fundamentales, según la doctora Angulo, se tiene en cuenta que la distancia a cualquier centro hospitalario no sobrepase los 30 minutos (en cualquier tramo horario), que las mujeres no padezcan ninguna patología, que el feto se encuentre en posición cefálica o que el parto tenga lugar entre la semana 37 y la 42. “Habrá que tener en cuenta en todo momento cómo está evolucionando todo y si reúne los requisitos de forma individualizada”, asegura.

Elena señala que ella, al ser celíaca, necesitó una mayor atención médica, pero eso nunca le ha impedido llevar a cabo su idea. “Lo tenía todo planeado” desde el primer embarazo, asegura. Así, cuando estaba de tan solo 8 semanas, ya se puso en contacto con una matrona, cuando “normalmente se hace a las 15 semanas”. Algo que ha seguido haciendo con el resto de sus hijos, aunque con el último parto “no lo disfruté tanto”. Según relata, para dar a luz a los gemelos, “después de tener la experiencia del parto en casa, voy al hospital y me encuentro que la única opción que me dan es un quirófano”.

Sin embargo, en otros países, “hay muchísimas mujeres de gemelos con una sola placenta que pasan la semana 40″. Por ello, decidió cambiarse de hospital a uno en Granada que respaldaba su decisión. Para esta ocasión, Elena también contrató a tres matronas junto con una amiga suya de Chiclana de la Frontera: una alemana que tenía experiencia en parto gemelar, otra de Sevilla con experiencia en partos múltiples “cuando todavía no se intervenía tanto” y una tercera que vino recomendada por la segunda. Así pudo tener suficiente apoyo para que todo saliera bien.

Los riesgos de partos planificados en casa (Canva)

¿Qué riesgos tiene un parto planificado en casa?

Y es que parir en casa, en un entorno íntimo, puede parecer ideal, pero es tres veces más peligroso que hacerlo en un hospital, según un estudio de la Ben-Gurion University del Negev y el Soroka Medical Center, publicado en 2019. Esta investigación se centró en 3.580 nacimientos en Soroka (Israel) entre 1994 y 2014. En diciembre del año pasado, en Madrid, dos bebés recién nacidos perdieron la vida después de producirse complicaciones en sus partos, que tuvieron lugar en los domicilios de los padres. En el primero de estos casos, en Colmenar Viejo, la familia alertó al 112 cuando comenzaron las complicaciones, pero no fue posible salvar su vida. En el segundo, en Ciudad Lineal, el bebé venía de nalgas y cuando se alertó a los servicios de Emergencias ya era demasiado tarde.

Montserrat Angulo defiende que no hay motivos para la alarma. Insiste en que “los estudios actuales que comparan partos domiciliarios y partos en el hospital de mujeres sin factores de riesgo no establecen diferencias de mortalidad, ni de morbilidad, ni materna ni neonatal”, salvo para las mujeres primíparas (las que tienen hijos por primera vez). Aun así, admite que existen algunos “problemas fetales” que pueden surgir durante el proceso de parto y que necesitan la intervención de los médicos.

“El sufrimiento fetal durante el parto, que necesiten la reanimación necesaria en el centro o realizar un parto instrumental para aliviar un poquito el progresivo trabajo con la ventosa –copa de succión en la cabeza del bebé para ayudar a su salida– o algún instrumento”, explica la ginecóloga Valenciano. O también “cuando la mujer está dando a luz y el bebé se encaja”.

Igualmente, los peligros pueden originarse una vez ha nacido el bebé: “No se adaptan bien al ambiente y no inician la respiración de forma correcta”, agrega. En todos estos escenarios, como indica la ginecóloga del Instituto Bernabeu, hay que dar una respuesta “rápida y médica”.

Ante esto, la doctora Angulo expone que el papel de las matronas es informar de todas “las situaciones de riesgo que pueden ocurrir y cómo vamos a actuar en cada una de ellas”. Así, “si yo detecto que hay una sospecha de una pérdida de bienestar fetal y veo que no hay una progresión del parto, al final tendré que decirle a la familia: ‘Mira por tu bienestar y el de tu bebé, hay que irse al hospital’”, admite. Por eso es crucial contar siempre con un profesional formado y experimentado. Generalmente, el traslado al hospital se hace “por deseo materno, porque se acaban cansando y solicitan la epidural u otro tipo de ayuda que en casa no se puede hacer”, exhibe.

Es el segundo caso de maternidad en España en una paciente con déficit de CPT2 por episodios de estrés

“Profesionales con muy poco tacto”

Pese a los riesgos, las escasas mujeres que optan por el parto en casa lo hacen porque “facilitan el respeto de los ritmos de cada mujer, de la familia, la continuidad de cuidados, que también facilita la mínima interferencia en el proceso”, explica Angulo. En el caso de Elena, se suma también una gran desconfianza hacia los médicos: “He estado dos o tres veces de biopsia, con dos y cuatro años. Yo me acuerdo perfectamente; es el trauma de mi vida. Me ataron con la típica cinta y me metieron el tubo por la boca”.

Aunque la de Chiclana sí que acudía a las revisiones médicas durante el embarazo, ahí también ha tenido malas experiencias: “Muchas veces te tocan profesionales con muy poco tacto y que te hacen salir de la consulta diciendo: ‘Me va a ir fatal’”, afirma. De hecho, ha tenido vivencias contradictorias en las que la ginecóloga de la seguridad social le señalaba algo que no iba bien, pero “después, hablando con mi matrona, me decía que estaba todo perfecto. Si está bien, ¿por qué me tienes que asustar así?”, se cuestiona.

La ginecóloga Valenciano destaca, en este sentido, la importancia de escuchar a la paciente y de tomar decisiones consesuadas con ella, pues la pérdida de la intimidad o el exceso de medicalización no deseada son factores determinantes que hacen que algunas prefieran “un entorno un poquito más controlado para ellas”. En este sentido, la ginecóloga del Instituto Bernabeu expone que cada vez se están haciendo más planes de nacimiento y parto, impulsados por el Ministerio de Sanidad. Gracias a ellos, “una paciente elabora un plan donde detalla todo lo que quiere que se le haga o todo lo que no quiere. Por ejemplo, no realizar episiotomía o no poner una vía intravenosa, o que a lo mejor las exploraciones no sean tan frecuentes”, detalla la especialista. Así, cuando la mujer llega al hospital, “se lo da a la matrona y a la obstetra y se intenta llevar a cabo con el mayor respeto posible”.

Una mujer dando a luz en el hospital (Canva)

El parto es la causa más frecuente de ingreso en los hospitales españoles, y España tiene uno de los menores datos de mortalidad materna del mundo, según los registros oficiales, que recogen en las últimas décadas una tasa de entre 1,7 y 3,6 fallecimientos al año por cada 100.000 nacidos. Sin embargo, en 2023, un estudio del Grupo Español de Seguridad Obstétrica (GESO), una sociedad científica formada por ginecólogos, anestesistas y matronas, afirmó que la cifra real es cuatro veces mayor. Eso implicaría que unas 40 mujeres pierden la vida al año en los hospitales en el país.

Para Elena, “uno de los ‘problemas’ que hay ahora mismo en ciertas sociedades es que estamos perdidas con lo que pasa dentro de nosotras y de nuestro cuerpo”. Algo que ya preocupaba a la OMS, hace años al anunciar que “el médico ha tomado el control completo del parto y queremos que las mujeres se involucren en la toma de decisiones”. Sin embargo, finaliza Elena, “muchas veces, como pasaba cuando yo tenía esta conversación con las compañeras de acampada, era como: ‘No, no, a mí que me lo saquen’”.

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