“Ir al trabajo era como ir a la guerra”, afirmaba Alessia, ahora chef en Londres. Es el testimonio que recoge The New York Times, tras una investigación que ha recogido la experiencia de 35 extrabajadores de Noma, el que fuera mejor restaurante del mundo en cinco ocasiones. Las acusaciones hacia su chef, René Redzepi, han desencadenado en la renuncia de este, abandonando el que fuera su proyecto desde hace más de dos décadas.
El propio chef anunciaba su decisión en redes sociales, justo cuando este miércoles arrancaba el pop-up de Noma en Los Ángeles, un proyecto que en el último momento perdió el apoyo de los patrocinadores, pero que no se había cancelado. Después repitió el anuncio, esta vez en un vídeo, también en Instagram, en el que se dirige al equipo, visiblemente afectado: “Una disculpa no es suficiente; asumo la responsabilidad de mis propias acciones”.
Noma puede considerarse uno de los más grandes laboratorios de innovación que la alta cocina ha tenido en las últimas décadas. Durante los 23 años que el restaurante estuvo en funcionamiento, la propuesta de Redzepi reformuló por completo la Cocina Nórdica, consiguiendo por ello reconocimientos de la talla de las tres estrellas Michelin o del primer puesto en The World’s 50 Best Restaurants.
En el apogeo de su fama, en 2023, Redzepi anunció que Noma desaparecería tal y como lo conocíamos, pues cerraba su restaurante para dedicarse por completo a su cocina experimental, a colaboraciones biotecnológicas y a pop-ups globales. Estas cocinas temporales se han convertido en destinos imprescindibles para quienes buscan las experiencias más exclusivas, y es a lo que se aspiraba este marzo en Los Ángeles.
Los abusos denunciados en Noma
La liebre ya saltó hace unas semanas, cuando Jason Ignacio White, antiguo director del laboratorio de fermentación de Noma, comenzó a publicar en Instagram su testimonio, asegurando haber sido testigo de abusos físicos y psicológicos durante los tres años que estuvo trabajando bajo los mandos del danés. Tras contar su experiencia, publicó decenas de testimonios anónimos enviados por muchos otros antiguos trabajadores y becarios de Noma; publicaciones que ya han alcanzado más de 14 millones de visualizaciones.
Aunque Redzepi y quienes trabajan ahora con él, codo con codo, han asegurado que los abusos son cosa del pasado, los antiguos empleados sostienen que nunca se le ha exigido realmente responsabilidades. Los relatos, recogidos por la periodista Julia Moskin, revelan un patrón de castigos físicos y psicológicos que Redzepi infligía a su personal.
Según ellos, entre 2009 y 2017, Redzepi golpeaba a los empleados en la cara, les pinchaba con utensilios de cocina y les empujaba contra las paredes. Sus declaraciones hablan de un trauma duradero causado por múltiples abusos psicológicos, como intimidación, vergüenza corporal y ridiculización pública.
Ben, un chef australiano que trabajó en Noma en 2012, dijo que castigar a todos los empleados por el error de una sola persona era algo habitual en este entorno. “Simplemente se acercaba a cada uno de nosotros y nos daba un puñetazo en el pecho” mientras les gritaba palabrotas a la cara, dijo el chef. “Incluso a los becarios que estaban arriba recogiendo flores de saúco”.
Cuando Redzepi quería castigarlos, pero había clientes en el comedor, varios empleados coincidieron en su experiencia; el chef se agachaba debajo de los mostradores de la cocina abierta a la salsa y les pinchaba las piernas con los dedos o con algún utensilio que tuviera a mano, como un tenedor para barbacoa.
Un antiguo cocinero, que pidió permanecer en el anonimato, dijo que durante su estancia en Noma le habían agredido físicamente más veces de las que podía recordar. Recordó que una noche de 2011, Redzepi se dio cuenta de que había dejado una pequeña marca de pinzas en un pétalo de flor al colocarlo en un plato. Según él, el chef lo agarró por las tiras del delantal y lo empujó contra la pared, y luego le dio dos puñetazos en el estómago.
Otra exempleada dijo que no podía dejar de trabajar el tiempo suficiente para comer, y perdió 18 kilos el primer año. Una noche, Redzepi la vio usando el móvil, lo que estaba estrictamente prohibido. Lo hizo para bajar el volumen de la música a petición de un cliente. Sin mediar palabra, el cocinero le dio un puñetazo en las costillas muy fuerte y cayó contra un mostrador metálico. Se hizo un corte en la cadera y comenzó a sangrar mientras el resto del personal no se inmutaba, según recoge el New York Times.
La mayoría de los exempleados que han ofrecido su testimonio al medio estadounidnese han pedido el anonimato, o bien que no se utilizara su apellido por temor a represalias. Según ellos, durante los años de estos sucesos, el chef amenazaba con utilizar su influencia para que los incluyeran en la lista negra de restaurantes de todo el mundo, para que deportaran a sus familias o para que despidieran a sus esposas de sus trabajos en otras empresas.