De Berlín a concejala en un pueblo de Salamanca para impulsar redes culturales: “No es llevar la cultura a los pueblos, sino mostrar que ya existe”

Irene Sánchez es una joven gestora cultural que, tras varios años en el extranjero, ha decidido regresar para impulsar redes de colaboración entre pueblos y que sus proyectos sean más visibles

Irene Sánchez en la exposición Alto Bardo Madrid, que comisarió en 2025 en colaboración con Berlín. (Cedida a Infobae)

La escasez de oportunidades en el sector cultural en España llevó a Irene Sánchez, una joven salmantina formada en Bellas Artes, a buscar alternativas en el extranjero. Tras una primera etapa en Países Bajos, después obtuvo una beca en Berlín, donde tuvo la oportunidad de desarrollarse como gestora y curadora de arte en una de las escenas creativas más activas de Europa. Su idea, sin embargo, tras adquirir unos años de experiencia internacional, siempre fue regresar a su entorno rural natal para fomentar la cultura local y crear redes en la región.

Consciente de las dificultades para impulsar proyectos culturales en áreas rurales, Irene decidió involucrarse en política como vía para conseguir recursos y apoyo institucional. Aunque actualmente reside en Madrid por motivos laborales, esta joven de 26 años es concejala en Saldeana, un pequeño pueblo de 100 habitantes en Salamanca junto a la frontera con Portugal, desde donde trabaja en la creación de alianzas con otros municipios.

Su llegada a la política local, que también estuvo motivada por la necesidad de evitar que el gobierno municipal quedara únicamente en manos de la derecha, según explica a Infobae, le ha permitido descubrir nuevas formas de entender y promover la cultura, adaptadas a la realidad de los pequeños municipios, por lo que defiende la importancia de visibilizar esa riqueza cultural, más allá de los grandes centros urbanos. Desde su puesto como concejala del PSOE, trabaja para coordinar actividades como conciertos, cine al aire libre y representaciones teatrales, iniciativas que buscan revitalizar el entorno rural y acercar propuestas culturales a zonas poco conectadas con los grandes circuitos.

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Irene pone como ejemplo a Morille, una localidad cercana a Saldeana con unos 200 habitantes que organiza un festival de arte desde hace más de dos décadas y sigue siendo un evento poco conocido en Salamanca, pese a estar ubicado a tan solo 20 kilómetros de la ciudad. “Morille celebra el festival PAN junto a otro pueblo en Portugal y tiene una producción cultural increíble, pero apenas se conoce”, lamenta.

Imagen del festival PAN en Morille con la participación del colectivo artístico LASOCHO. (Cedida)

La joven señala que, aunque en el entorno rural de Castilla y León existen propuestas culturales muy atractivas, muchas pasan desapercibidas, a veces por no desarrollarse en grandes ciudades y otras porque falta difusión en redes sociales para que lleguen a un mayor número de público. “No se trata de llevar la cultura a los pueblos, sino de mostrar que ya hay cultura en los pueblos, y desde la política es más fácil hacerlo”, aclara. Por ello, plantea como objetivo futuro fortalecer los lazos y la colaboración entre localidades para que estas iniciativas culturales tengan mayor visibilidad y reconocimiento, aprovechando las relaciones ya existentes entre las comunidades rurales.

Irene, que creció en Guijuelo, plantea la idea de crear una red de residencias artísticas entre distintos pueblos. Su objetivo es que estos proyectos no se limiten a estancias breves, sino que permitan a los artistas establecer vínculos duraderos y convertirse en parte activa de la comunidad.

Despoblación y envejecimiento, dos de los principales retos de la región

Al igual que Irene, muchos jóvenes encuentran serias dificultades para acceder a un empleo en el entorno rural de Castilla y León. La región sufre una pérdida constante de habitantes con una población cada vez más envejecida, lo que agrava la falta de oportunidades laborales. De hecho, los procesos de despoblación y envejecimiento, junto al escaso dinamismo económico, se han convertido en dos de los principales retos sociales para el futuro de la comunidad autónoma, que celebra elecciones este 15 de marzo.

Irene Sánchez en una exposición en Barcelona. (Cedida)

Castilla y León ocupa el tercer puesto entre las comunidades autónomas con mayor proporción de población envejecida, solo superada por Asturias y Galicia. Además, todas sus provincias presentan índices de envejecimiento que superan ampliamente la media nacional, con un porcentaje elevado de personas mayores de 80 años y un número significativo de centenarios. El éxodo de jóvenes hacia ciudades en busca de empleo o estudios, sumado a la baja natalidad, ha incrementado el peso de la población mayor y ha dificultado el relevo generacional. Esta situación afecta directamente a la sostenibilidad de los servicios públicos, la actividad económica y la vida social en las zonas rurales de la región.

La llegada de población migrante ha contribuido a frenar, en parte, la pérdida de habitantes, pero la comunidad sigue teniendo una de las proporciones más bajas de residentes extranjeros del país: solo el 8,4% de la población, frente al 14% de media nacional.

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