El pueblo de Tarragona donde comer y beber genial y que pocos conocen: calçots, alta cocina y una ‘catedral del vino’

La gastronomía de este municipio de apenas 550 habitantes destaca por sus tradicionales calçotadas, por sus vinos blancos y por su propuesta de cocina de proximidad

Calçotada en el restaurante QuintaForca, en Nulles, Tarragona (Web del restaurante)

Tierra de uvas, almendras y calçots, Nulles es uno de los pueblos más bonitos del Alt Camp, rodeado de un paisaje de infinitos campos que se ha mantenido intacto con el paso de los siglos. Por algo lo llaman la Toscana del Alt Camp. También es uno de esos destinos gastronómicos desconocidos para muchos, un enclave de vinos, cocina de proximidad y calçotadas invernales que merece la pena visitar.

Este pueblo de apenas 550 habitantes se encuentra pegado a la carretera que va desde Tarragona hacia el monasterio de Santes Creus, a escasos 17 kilómetros de la capital provincial. Es por ello el destino perfecto para vivir la más auténtica tradición culinaria de la zona, las calçotadas que cada invierno llenan de columnas de humo los restaurantes del Alt Camp.

Tan importantes son sus calçots que en Nulles se sirven hasta en forma de cruasán. Los hacen en el Forn de Nulles, una panadería de pueblo que durante los fines de semana suma colas de curiosos y visitantes que viajan para probar sus elaboraciones.

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La Catedral del Vino

Nulles es uno de esos destinos perfectos para los amantes del buen vino. No solo por su paisaje de viñedos o por sus excelentes catas, sino también porque Nulles conserva una de las pocas ‘catedrales del vino’ que aún existen en Tarragona. Así denominó a estos edificios el dramaturgo Àngel Guimerà, cautivado por la belleza de estas bodegas modernistas. En este pequeño pueblo se encuentra la Bodega del Sindicato Agrícola de Sant Isidre de Nulles, una bodega modernista construida en 1919 y diseñada por Cèsar Martinell que sigue activa aún hoy, elaborando vinos y cavas.

Bodega del Sindicato Agrícola de Sant Isidre de Nulles (Turisme Alt Camp)

Casi tan bonita como su arquitectura es la historia detrás de este sindicato agrícola. Después de que el pueblo de Nulles fuera afectado por una fuerte infestación de filoxera, los agricultores de la zona decidieron construir juntos una bodega para toda la localidad, salvando así a muchos campesinos tras la devastación de sus viñas. Unieron así sus recursos y conocimientos para crear el sindicato de San Isidro y levantar, entre todos, la bodega del pueblo.

Los vinos que hoy se producen en esta región forman parte de la Denominación de Origen Tarragona, una de las más antiguas de España establecida desde 1945, aunque la tradición vitivinícola en la región se remonta a tiempos romanos. Sus bodegas trabajan principalmente las variedades blancas autóctonas de la zona, Macabeo, Xarel·lo y Moscatel.

El mejor restaurante de Nulles

Una de las mayores joyas gastronómicas de la zona es el restaurante QuintaForca (Camí de Casafort, 7), ubicado en una casita del siglo XVIII de esta pequeña pedanía rodeada de infinitos campos de viñedos. Dirigido por Xavier Fabra y Fina Domingo desde 2005, ahora esta pareja ha conseguido este mismo año el reconocimiento de un Sol de la Guía Repsol, premio al esfuerzo y calidad de esta cocina escondida en el Alt Camp.

“En un envoltorio de alta cocina ecológica, local y de temporada, este restaurante rural ubicado en Nulles os hará reconectar de una forma profunda con el paisaje”, escriben sobre ellos desde la Guía Repsol. “Fiel a la tradición de esta pequeña pedanía entre viñas y sugerente desde la sencillez”, continúa definiendo la guía este restaurante, dividido en tres comedores privados en los que sentirse como en casa.

Restaurante QuintaForca, en Nulles, Tarragona (Instagram / @quintaforca)

Los platos de Xavi Fabra muestran un respeto máximo por el producto, siguiendo el movimiento slow food y confiando plenamente en los productores que les rodean en esta zona del Alt Camp. “Por nuestra cocina pasa lo mejor del campesino, de las personas que salen al mar, de las que se cuidan de las cepas antiguas y de las que elaboran cerveza artesana al lado de casa”.

Con estas bases preparan elaboraciones del recetario local como el civet, un estofado que se hace habitualmente con carne de caza, cebolla y sangre, o la pularda, así como calçotadas, una auténtica fiesta en la que los calçots y las habas se acompañan de una ‘salvitxada’, salsa a base de almendras, avellanas y pimientos. Como segunda parte del festín, cordero y longaniza cocida a la brasa y unas alubias del ‘ganxet’. Para terminar la fiesta, naranja con vino rancio y tortell de nata.

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