Tres centros de jamón, ocho botellas de San Miguel, unas latas de Bitter Kas y una barra de salchichón. Podría ser la cuenta de cualquier grupo de amigos en un bar de barrio. O una de las comandas que los golpistas del 23-F pidieron en el bar del Congreso. La Cámara Baja vivió en esa noche de 1981 uno de sus momentos de más incertidumbre, un golpe de Estado del que hoy conocemos más gracias a la desclasificación de archivos que llega 45 años después.
Pareciera que, desde las 18.23 horas del 23 de febrero hasta las doce de la mañana del día siguiente, todos los relojes españoles se pararon para atender a lo que sucedía entre esas paredes. Pero, allí dentro, la vida seguía, y también el hambre y la sed de los golpistas, congresistas y personal que vivieron la histórica escena en primera persona. El secuestro se prolongó casi 18 horas y acabó sin derramamiento de sangre, aunque hubo una inesperada afectada de la que pocos hablan: la despensa.
Gracias al inventario realizado por el Servicio de Intendencia del Congreso cinco días después del suceso, del que se han hecho eco medios como el periódico El País, conocemos qué se consumió en esa fecha que ha pasado a la historia. No se beneficiaron de ello los diputados, que pasaron la noche en ayunas hasta que por la mañana les ofrecieron bolsas con desayunos. Todos ellos la rechazaron, salvo el diputado de Fuerza Nueva, Blas Piñar.
Alcohol, zumos y jamón serrano
Esa noche se consumieron en el Palacio de las Cortes 208 botellas de alcohol, 16 cajas de cerveza, 23 refrescos, 24 litros de zumo de tomate, 18 de piña, seis de pomelo y 36 de naranja y 47 botellas de agua mineral. Toda una selección de bebidas que también incluyó un repertorio de destilados: más de la mitad de las botellas de alcohol eran de alta graduación, entre ellas brandy, ginebra, whisky o cava, incluidas cuatro botellas de champán Moët Chandon, por 1.350 pesetas cada una, y dos de coñac Martell, por 2.126 pesetas.
Del inventario no solo desaparecieron bebidas o botellas, también alimentos de toda clase. Llaman la atención tres centros de jamón serrano por 7.600 pesetas (220 euros al precio actual), aunque también hubo picoteo a base de seis latas de bonito en escabeche, 16 barras de chorizo, tres centros de jamón serrano, once barras de salchichón, redondo de pavo asado, siete barras de queso de nata y 23 tarrinas de ahumados variados.
Incluso la fruta y la verdura estuvieron en el menú aquel día: la cocina registró la salida de catorce latas de espárragos, tres de melocotón en almíbar, dos de peras en almíbar, dos de macedonia de frutas y ocho botes de frambuesa. Y de postre, doce litros de helado variados. La factura total ascendió a 106.672 pesetas (3.106,82 euros) en bebida y otras 93.349 pesetas (2.718,75 euros) en comida. En total: 5.825,57 euros.
De todo ese dinero, por supuesto, no quedó ni rastro cuando los asaltantes salieron de allí. Tras neutralizar el golpe, el consejo de guerra del 23-F condenó a los golpistas a pagar un millón de pesetas por los daños en el palacio de las Cortes, a los que también se suman las pérdidas gastronómicas.