Nos quedamos sin ciudades en las que celebrar futuros Juegos Olímpicos de invierno: más de la mitad de las candidatas estarán en “grave riesgo climático” para 2080

El aumento de temperaturas y la reducción de nieve ha generado caídas, lesiones e imágenes inéditas

El esquiador de fondo estadounidense John Steel Hagenbuch en la salida de los 10 kilómetros de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina. (REUTERS/Stephanie Lecocq)

El 13 de febrero, el esquiador de fondo estadounidense John Steel Hagenbuch se presentó en la salida de los 10 kilómetros de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina sin la parte de arriba del traje. Iba en tirantes. Hacía calor. Luego bromeó en redes con una foto suya en la playa, pero la imagen ya había dado la vuelta al mundo. No era el único competidor en manga corta sobre la pista, y la nieve blanda, derritiéndose bajo el sol, provocó caídas y lesiones a lo largo de la jornada. “¿Por qué nadie habla de cómo la crisis climática está amenazando los Juegos de invierno?”, se preguntó Mariagrazia Midulla, responsable de energía y clima de WWF-Italia. Pero la pregunta no era retórica.

Cortina d’Ampezzo ya acogió unos Juegos de invierno en 1956. En los setenta años transcurridos desde entonces, la temperatura media de febrero en esa zona ha subido 3,6 °C, según un análisis de Climate Central. El resultado es que las temperaturas promedio de ese mes se han acercado al punto de deshielo. Los días con heladas han pasado de 214 en el periodo 1956-1965 a una media de 173 entre 2016 y 2025, una caída del 19%. El espesor del manto de nieve en los Alpes durante la temporada de esquí ha caído un 8,4% por década desde 1971 hasta 2019, y la cubierta blanca dura un 5,6% menos. En la zona de Cortina, la reducción de la capa en febrero ronda los 15 centímetros.

No es una anomalía local. El IPCC ya advirtió en 2021 que el calentamiento acelerado en los Himalayas, los Alpes y los Andes podría provocar cambios rápidos en la línea de nieve, en la transición entre lluvia y nieve, y en la retirada de los glaciares.

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EL cambio climático está produciendo cambgios en la nieve. (REUTERS/Kai Pfaffenbach)

Nieve ‘de grifo’

Para que los Juegos de este año pudieran celebrarse, los organizadores tuvieron que generar unos 948.000 metros cúbicos de nieve artificial, según la organización World of Statistics. Una cifra que queda por debajo de los 2,79 millones de metros cúbicos consumidos en Pekín 2022 (los primeros Juegos de invierno de la historia en usar nieve 100% artificial), pero que ya se va convirtiendo en costumbre. El Comité Olímpico Internacional asegura que se está “manteniendo al mínimo necesario para tener una competición segura”, aunque las imágenes de esquiadores cayendo por las condiciones de la pista cuentan otra historia.

Midulla, de WWF-Italia, señala que los sistemas de nieve artificial “captan una gran cantidad de agua de unas reservas que ya soportan mucha presión”. La producción de nieve no solo consume agua: también requiere electricidad y genera emisiones de carbono. Un estudio sobre el turismo de esquí europeo publicado en la revista científica Nature Climate Change advierte de que, incluso asumiendo una cobertura del 50% de nieve artificial, la demanda de agua y energía crece de forma significativa. Y el margen se estrecha. Si el calentamiento global alcanza los 4 °C, el 71% de las 2.234 estaciones de esquí analizadas en 28 países europeos tendría un riesgo muy alto de quedarse sin nieve suficiente, incluso con producción artificial.

Natalia Shartova, investigadora del Instituto de Salud Global de Barcelona, habla sobre los efectos del calor.

El patrocinador en cuestión

En este sentido y en el contexto actual, los JJOO 2026 tienen un patrocinador principal que no ha pasado desapercibido: la petrolera italiana Eni, primera fuente de emisiones de CO₂ en Italia. “La empresa que patrocina las olimpiadas es la que más está contribuyendo a que no se puedan realizar en el futuro”, apunta Greenpeace en declaraciones a Infobae. La organización ha calculado que las emisiones de Eni en 2024 podrían traducirse en una pérdida potencial de 6.200 millones de toneladas de hielo glaciar, el equivalente a 2,5 millones de piscinas olímpicas.

Es más, un grupo de atletas olímpicos ha escrito a la presidenta del COI, Kirsty Coventry, para pedir que las empresas de combustibles fósiles sean declaradas “inelegibles como sponsor olímpico, como ya ocurre con la prohibición sobre el tabaco”. En su carta concluyen que “la mayor amenaza al sueño olímpico son los combustibles fósiles”.

Los que lo viven desde dentro

En una encuesta facilitada por Greenpeace a este medio y realizada a 400 atletas olímpicos de invierno, más del 95% afirmó que “el cambio climático está afectando o afectará negativamente a su deporte”, reduciendo las “oportunidades de entrenamiento para las próximas generaciones”. Lo que antes eran condiciones excepcionales se está convirtiendo en la norma. La temporada 2022-2023 de la Copa del Mundo de Esquí empezó con calor y escasez de nieve, lo que llevó a la Federación Internacional de Esquí a cancelar o posponer siete de las ocho primeras carreras programadas.

Un estudio financiado por el propio COI y publicado en 2024 concluyó que más de la mitad de las ciudades candidatas a albergar Juegos de Invierno estarán en "grave riesgo climático" para la década de 2080. Pero una investigación anterior fue más tajante. De las 21 ciudades que han acogido los Juegos hasta ahora, solo una, Sapporo (Japón) podría considerarse fiable a finales de siglo si las emisiones globales siguen la trayectoria de las últimas dos décadas.

El cambio climático podría acabar con la nieve natural en los JJOO de invierno. (REUTERS/Stephanie Lecocq)

¿Y en España?

El impacto no se limita a las sedes olímpicas. El Observatorio Pirenaico del Cambio Climático del CSIC ha documentado que los inviernos más cálidos están reduciendo los días con nieve acumulada suficiente y retrasando el inicio de las temporadas, con consecuencias económicas para las estaciones y las zonas rurales que dependen de la nieve. El sector representa unos 2.000 millones de euros anuales y 100.000 empleos directos e indirectos en España.

No obstante, la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) matiza, en declaraciones a Infobae, que “hay estaciones de esquí que seguirán recibiendo nevadas en las próximas décadas por estar situadas a una altitud suficiente”. Pero el sexto informe del IPCC al que hace referencia la agencia también señala que el aumento de temperaturas elevará progresivamente el nivel por encima del cual la precipitación cae como lluvia en lugar de nieve. Es decir, la altitud, por ahora, da margen, pero cada vez más ese margen se reduce.

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