Sin tiempo para digerir o reparar los daños de Aragón, Castilla y León celebra elecciones en apenas un mes, el 15 de marzo. Hasta este domingo, se trataba de una meta volante más en el camino hacia las generales, poco menos que un trámite en el que ganaría el PP, Vox volvería a ser necesario para formar un gobierno y la incógnita residiría en el resultado del PSOE, que estrena candidato. Ahora no está tan claro.
Génova falló en el cálculo a la hora de precipitar las urnas en Aragón. Extremadura ya dio signos de que Vox bien merecía un análisis. Una campaña después, Jorge Azcón se ha quedado peor de lo que estaba. Justificó el adelanto en sus desencuentros con Alejandro Nolasco y ahora tendrá dos tazas, y con dos diputados menos. Santiago Abascal ya le ha advertido: si no sigue su dictado, mejor será que llame a la ventanilla del PSOE.
Las de Castilla y León se celebran porque tocan, pero llegan en un mal momento para el PP, como, si Castilla y León replica a Aragón o lo supera, lo harán las de Andalucía. Juanma Moreno solo había visto peligrar su mayoría absoluta en plena tormenta por la crisis de los cribados.
Mañueco-Martínez-Pollán
Alfonso Fernández Mañueco fue el primer presidente autonómico que integró a Vox en un ejecutivo, los conoce bien, pero hasta la fecha con una jerarquía bien definida, con un PP fuerte y triplicando a su socio, que con todo no ha sido dócil ni el tiempo que duró el matrimonio. Estas elecciones deciden 82 escaños, por lo que la absoluta la marcan 42 procuradores. Los sondeos preAragón sitúan al PP en el entorno de los 32 y a Vox, de los 16. El PSOE estaría en 25.
El empuje de Vox tiene más que ver con la marca que con los nombres. En Castilla y León, el candidato será Carlos Pollán, presidente de las Cortes. No se ha sabido hasta este lunes, y sin embargo ya es una amenaza para el PP. El del PSOE lleva en la carrera unos meses más. Es Carlos Martínez, alcalde de Soria desde 2007, un aspirante con más opciones que el impopular Miguel Ángel Gallardo en Extremadura o la tan recién llegada del Gobierno Pilar Alegría en Aragón.
Fernández Mañueco trata de hacer de menos a Martínez, o asociarlo a Pedro Sánchez, asegurando que el verdadero líder socialista en la región es Óscar Puente. Disputas aparte, tanto PP como PSOE tienen una obligada y urgente reflexión a la luz del 8 de febrero.
Ni mimetizarse ni discurso del miedo
En pleno ciclo electoral, ni uno ni otro parecen dispuestos a admitir errores. De haberla -una reflexión-, será en privado y se reflejará en la próxima campaña. Porque Alegría y Ferraz han culpado del descalabro a Alberto Núñez Feijóo, y Azcón y el PP solo hablan de Sánchez. Entretanto, Vox está disparado y se desconoce el efecto multiplicador de su último éxito. Los siete escaños que ha crecido en Aragón son los mismos que se han desangrado PP y PSOE.
Castilla y León pide foco y los sondeos conocidos son papel mojado. Aragón ha demostrado que el fenómeno Vox va en serio, y que no consiste ni en tratar de mimetizarse o robarle rostros ni en extender el llamado discurso del miedo sin ofrecer algo más. No ha funcionado. El 15 de marzo se sentará un cortafuegos a Juanma Moreno y María Jesús Montero o habrá que tirar a la papelera cualquier pronóstico para empezar un folio en blanco.