El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, afirmó este lunes en el Parlamento Europeo que Europa no puede defenderse sin Estados Unidos y que cualquier planteamiento que apunte en esa dirección responde más a un deseo político que a una realidad estratégica. Ante una Eurocámara llena, Rutte insistió en que la seguridad del continente sigue dependiendo de manera estructural del vínculo transatlántico y de la implicación militar estadounidense. “Si alguien aquí todavía piensa que la Unión Europea, o Europa en su conjunto, puede defenderse sin Estados Unidos, que siga soñando. No pueden. Nosotros no podemos; nos necesitamos mutuamente”, subrayó.
Rutte no se limitó a una defensa genérica de la alianza con Washington. Fue explícito al detallar los costes que tendría para Europa un escenario de desvinculación. Según explicó, una defensa europea plenamente autónoma exigiría elevar el gasto militar hasta cerca del 10% del PIB, muy por encima de los actuales compromisos, y desarrollar una capacidad propia de disuasión nuclear que supondría inversiones de “miles y miles de millones de euros”. Ese camino, añadió, implicaría además perder la garantía última de la seguridad europea: el paraguas nuclear estadounidense. “Así que nada, los que quieran, buena suerte”, ironizó, provocando gestos de desaprobación en parte del hemiciclo.
Las palabras de Rutte iban dirigidas de forma directa a quienes, dentro de la Unión Europea, reclaman avanzar hacia un ejército europeo como respuesta a las fricciones recurrentes con Washington. El secretario general de la OTAN fue tajante al afirmar que una fuerza militar propia de la UE duplicaría estructuras ya existentes y complicaría la arquitectura de seguridad occidental. En su opinión, una iniciativa de ese tipo sería recibida con entusiasmo en Moscú. “A Putin le encantaría”, afirmó, en referencia al presidente ruso, Vladímir Putin.
Rutte defendió que la fortaleza de la seguridad europea reside precisamente en la complementariedad entre la OTAN y la Unión Europea, no en la creación de estructuras paralelas. Mientras la Alianza aporta capacidades militares, mando y control, la UE —dijo— destaca en ámbitos como la resiliencia, la base industrial, la regulación y la búsqueda de financiación para la defensa colectiva. Cualquier intento de solapamiento, insistió, debilitaría al conjunto y enviaría una señal de división a los adversarios estratégicos.
Groenlandia y el entendimiento con Washington
Ese mismo enfoque explica la defensa cerrada que Rutte hizo del marco de entendimiento alcanzado con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para rebajar la tensión en torno a Groenlandia. El secretario general explicó que el acuerdo se articula en torno a dos “líneas de trabajo” paralelas y coordinadas. Una de ellas discurre en el seno de la OTAN; la otra, al margen de la Alianza, implica directamente a Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia. El objetivo común es evitar que China y Rusia amplíen su presencia militar o económica en el Ártico, una región que, según subrayó, ha pasado a ocupar un lugar central en la agenda estratégica.
Rutte relató que ese fue el mensaje que salió de la reunión mantenida con Trump la semana pasada en el Foro Económico Mundial de Davos. “Hay que atender al menos dos cuestiones. Una es Rusia. La otra es China. Cómo evitar que esos dos países logren acceso militar o económico en el Ártico”, explicó ante las comisiones de Asuntos Exteriores y de Seguridad y Defensa del Parlamento Europeo.
El Ártico, nuevo eje de seguridad
La primera de esas líneas de trabajo implica que la OTAN asuma de forma colectiva una mayor responsabilidad en la defensa del Ártico. Rutte advirtió de que la apertura progresiva de nuevas rutas marítimas y el aumento de la actividad rusa y china han transformado esa región en un espacio clave de competencia estratégica. Aunque China no es un país ribereño del Ártico, su implicación en la zona junto a Rusia es, según el secretario general, cada vez más visible.
En este contexto, la Alianza deberá revisar su sistema de capability targets, los objetivos de capacidades que cada país aliado se compromete a cumplir, para integrar de forma explícita las necesidades específicas de defensa del Ártico en el proceso general de planificación militar. Rutte recordó que Trump lleva años alertando de este problema y sostuvo que su diagnóstico es correcto: la creciente actividad de Moscú y Pekín plantea un desafío directo a la seguridad colectiva.
La segunda línea de trabajo, precisó, se desarrolla fuera del marco de la OTAN y afecta directamente a las conversaciones entre Washington, Copenhague y Nuuk. Rutte se esforzó en delimitar su papel en ese ámbito y negó haber tratado la cuestión de la soberanía de Groenlandia, una línea roja marcada tanto por Dinamarca y el Gobierno groenlandés como por Bruselas. “No tengo mandato para negociar en nombre de Dinamarca y no lo hice, ni lo haré”, afirmó con rotundidad.
El Gobierno danés anunció a finales de la semana pasada que ya han comenzado las conversaciones bilaterales con Estados Unidos, como continuación de un primer encuentro celebrado en la Casa Blanca. Informaciones no confirmadas oficialmente, pero tampoco desmentidas, apuntan a que entre los temas en discusión podría figurar un eventual derecho de veto estadounidense, un extremo que mantiene abiertas numerosas incógnitas sobre el alcance real del principio de acuerdo anunciado en Davos.
Elogios a Trump y reproches internos
Rutte tampoco esquivó las críticas por su relación con Trump y su disposición a elogiarlo públicamente. Aseguró que no le preocupa que el presidente estadounidense publique mensajes privados o intente dejarle en ridículo. “No me importa”, dijo, defendiendo que siempre reconocerá cuando Trump “hace las cosas bien”. A su juicio, el mandatario ha sido clave para que los aliados aumenten su gasto en defensa y para mantener cohesionada a la Alianza Atlántica.
Ante los reproches de varios eurodiputados, el secretario general pasó al ataque y cuestionó la viabilidad de una Europa que pretenda “ir por libre” en materia de seguridad. En un contexto marcado por la rivalidad con Rusia y China y por la creciente importancia estratégica del Ártico, Rutte insistió en que la defensa europea sigue dependiendo de una relación transatlántica sólida, por incómoda que resulte en determinados momentos políticos.