España cuenta con siete psicólogos graduados por cada 100.000 habitantes, un número que queda por debajo de la media europea (18) y que parece insuficiente para atender las necesidades de la población. Según los últimos datos del Ministerio de Sanidad, más de un tercio de los españoles (35%) presenta algún problema de salud mental, especialmente los mayores de 50 años.
Pese a ello, no todos podrán permitirse pedir ayuda a un profesional. Si el número de psicólogos es escaso a nivel general, en la sanidad pública se reduce todavía más: hay aproximadamente 6.500 psicólogos clínicos, es decir, profesionales que han hecho el PIR (residencia en Psicología), y solo 3.300 trabajan actualmente para el Sistema Nacional de Salud (SNS), según datos recopilados por el Consejo General de la Psicología de España (COP).
La necesidad de profesionales de la salud mental es un problema que el propio Gobierno reconoce y se ha propuesto atajar. Para ello, la ministra de Sanidad, Mónica García, anunció hace dos años su intención de duplicar las plazas para el PIR hasta alcanzar las 494. Pero la oferta actual dista mucho de este ambicioso objetivo: para la convocatoria de 2026, solo se han ofertado 280 puestos, seis más que el año anterior, por los que competirán 4.113 personas.
El COP insiste en que el incremento de plazas PIR “resulta prioritaria en el contexto actual”. En un comunicado, recuerdan la “fuerte demanda” de atención psicológica, “a que la población española va a precisar tanto a corto como a largo plazo“. Sin embargo, viendo el avance actual, consideran ”casi inalcanzable” que la oferta del PIR en dos años las 500 plazas.
“Es muy complicado, pero sabes dónde te metes”
La escasez de plazas convierte al PIR en la residencia de más difícil entrada en la Formación Sanitaria Especializada, recalca el fundador de la academia preparatoria APIR, Kazuhiro Tajima Pozo, más conocido como Yiro. “Estamos hablando de una ratio de 14,69 personas por plaza, mientras que en Medicina, por ejemplo, sería de 1,80 personas por plaza”, calcula el psiquiatra. En su academia, “muchas personas se han inscrito a realizar el PIR en base a las promesas que se hicieron desde el Gobierno”, asegura, una especie de “efecto llamada” que ha acabado en decepción al ver el escaso aumento de plazas en un año.
La dificultad de la oposición es tan conocida que hay universidades que ni siquiera lo recomiendan como opción para sus alumnos. Es por ello que Ruth decidió callarse su decisión cuando, en cuarto de carrera, vio que la psicología clínica sería el trabajo adecuado para ella. “Es verdad que es muy complicado sacarlo, pero sabes dónde te metes”, cuenta a Infobae la sevillana, que hará la prueba por segunda vez este sábado. “Yo solo lo recomiendo si lo tienes muy claro, si es lo que de verdad quieres, porque es muy sacrificado”, dice.
Para Carolina (Madrid), y Jara (Barcelona), la decisión vino más impulsada por una vocación de servicio público. “Me motivaba saber que estaba ayudando a personas en un contexto público, que fuese accesible para todo el mundo, a pesar de los inconvenientes que actualmente presenta”, cuenta una. “Es una forma de ejercer la psicología con responsabilidad y dentro del sistema público, pudiendo ofrecer una atención de calidad a personas que se encuentran en momentos de gran vulnerabilidad”, apunta la otra, que recalca que el PIR “es la formación más completa que puede tener un psicólogo en este país”.
No obstante, la escasa oferta llega a ser desmotivadora. “Las plazas aumentan a un ritmo muy lento”, lamenta Carolina, algo que le hizo “dudar bastante” a la hora de inscribirse al proceso. “Al final, esto afecta a las personas que quieren acceder a una atención psicológica de calidad y, actualmente, en España no se está pudiendo ofrecer por el insuficiente número de psicólogos clínicos que hay”, afirma.
“Cada año somos miles de personas las que nos presentamos para un número muy reducido de plazas, lo que lo convierte en un proceso duro y cargado de incertidumbre”, apunta Jara, que va camino de su primera convocatoria. “Sería importante empezar a otorgar al PIR la relevancia que tienen otras especialidades sanitarias. La salud mental es un pilar fundamental de la salud y requiere una respuesta institucional acorde a ello”, considera la joven.