Lavarse la cara con agua fría o caliente: esto es lo que dicen los expertos

La temperatura del agua influye directamente en la salud cutánea

Un hombre lavándose la cara (AdobeStock)

La famosa skincare routine a menudo se publicita con un hábito que solo puede cumplirse correctamente si uno se aplica multitud de cosméticos y cremas. Sin embargo, la base para el cuidado de las pieles normales, que no sean excesivamente grasas o secas, es la limpieza y la hidratación.

En ocasiones, el lavado de la cara puede pasar por alto en la rutina de cuidado facial, pero esta entraña el pilar sobre el que se apoya el resto de la skincare. Lavarse la cara es importante porque ayuda a eliminar la suciedad, el exceso de grasa, el sudor y las bacterias que se acumulan durante el día y que pueden causar granos, espinillas e infecciones.

Además, una buena limpieza facial mantiene los poros despejados, permite que la piel respire mejor y favorece una apariencia más sana y fresca. Lavarse el rostro con regularidad también ayuda a prevenir el envejecimiento prematuro y prepara la piel para absorber mejor cremas o tratamientos, contribuyendo así al cuidado y la salud general del rostro.

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¿Agua fría o caliente?

La temperatura del agua utilizada para lavar el rostro ha sido motivo de debate dentro del ámbito del cuidado facial. La elección entre agua fría o caliente no es trivial, ya que cada opción puede aportar ventajas y desventajas que dependen del tipo de piel y del momento en el que se integran en la rutina diaria. Según escribe la farmacéutica Ana Madeira para Garnier, este pequeño gesto puede influir en la salud y apariencia de la piel.

El agua fría ofrece resultados perceptibles, especialmente en personas que presentan inflamación facial al despertar, rojeces o poros dilatados. La experta señala que la hinchazón matutina responde, entre otras causas, a la acumulación de líquidos durante la noche. Lavarse la cara con agua fría tras el descanso contribuye a que los vasos sanguíneos se contraigan, con la consiguiente reducción de la hinchazón facial y una apariencia más fresca desde primera hora.

El empleo de agua fría no solo ayuda a reducir imperfecciones, sino que también favorece una piel más tersa. Al provocar el cierre de los poros, se limita la acumulación de suciedad y bacterias, lo que genera un entorno menos proclive al desarrollo de acné u otras alteraciones cutáneas. Madeira añade que, si esta rutina se integra antes de dormir, se consigue una piel más limpia para favorecer el proceso de regeneración celular nocturno, lo que puede traducirse en un cutis más suave y saludable al día siguiente.

Por otro lado, el agua caliente también tiene un papel relevante, aunque requiere precaución. La farmacéutica de Garnier advierte que esta temperatura resulta eficaz para abrir los poros y facilitar una limpieza profunda capaz de eliminar restos de maquillaje, grasa y otras impurezas acumuladas. Sin embargo, se insiste en la importancia de no abusar del agua caliente, dado que su uso frecuente o prolongado puede eliminar los aceites naturales de la piel, con la consecuente sequedad.

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El efecto del agua fría en la circulación

Además de su capacidad para reducir imperfecciones y disminuir la hinchazón, el agua fría ha demostrado producir una serie de efectos beneficiosos. Entre estos, se encuentra la estimulación de la circulación sanguínea, lo que facilita el aporte de oxígeno y nutrientes a las células cutáneas, derivando en una piel con aspecto más saludable y luminoso.

Esta mejora de la microcirculación también se asocia a una mayor elasticidad y firmeza, cualidades que suelen perderse con el paso del tiempo. Por tanto, un simple gesto como incorporar el agua fría a la rutina facial diaria puede contribuir a mantener un cutis elástico y joven durante más años.

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