Aunque la hostelería suele presentarse como una opción fácil y rentable para emprender en España, la realidad que relatan los dueños de bares no siempre coincide con esta idea. Aunque estos negocios se asocian con la ilusión de tener un local propio y disfrutar de cierta autonomía, con frecuencia esconden sacrificios personales, competencia intensa y presión económica que rara vez se reconocen fuera del sector. El emprendedor y creador de contenido Eric Ponce quiso desmentir algunos de estos mitos y comprobar hasta qué punto es cierta la percepción de que es casi imposible no hacerse rico comprando un bar en España, mediante entrevistas con varios propietarios de este tipo de locales.
Un negocio exigente
Uno de los factores más complicados en este tipo de emprendimiento que destacó un hostelero catalán es el económico. Según afirmó, el desembolso económico para comenzar puede ser significativo: el entrevistado detalló que para él la inversión inicial osciló entre 50.000 y 100.000 euros, abarcando desde el traspaso del local hasta su reforma total, indicó en la conversación, aunque matizó que en su caso el coste se había elevado por tener que empezar desde cero. Añadió que el propio ayuntamiento facilitó el proceso hace dos décadas, pero advirtió de que “no va a poder hacer eso” quien intente hacer lo mismo hoy, al no contar con ese respaldo institucional, y recomendó optar por lograr el traspaso de licencias antiguas para quienes se planteen emprender.
Más allá de los desafíos externos, la rutina diaria impone también sus propios retos en la gestión interna. La clientela se presenta como el mayor obstáculo: “Tienes que tener mucha calma, mucho temperamento, porque hay clientes que de verdad son majísimos… pero también tienes un 10, un 15% que…”, relató el hostelero al empresario. Esta dificultad, sumada a una jornada laboral sin horarios y a la necesidad de asumir cada función del local perfila una rutina exigente y absorbente, a la que este hostelero debe hacer frente a solas al tratarse de la única persona que trabaja en el bar.
PUBLICIDAD
Competencia y precios insostenibles
En la entrevista, este hostelero aseguró que la competencia feroz y la presión por los precios se han acrecentado tras la entrada masiva de nuevos propietarios, especialmente de origen asiático: “Si quedan españoles, no sé, quedarán quince o veinte de doscientos y pico de bares que hay”, estimó al referirse a Sant Feliu, localidad barcelonesa en la que trabaja. El entrevistado describió un modelo de negocio diferente, donde se prioriza la disponibilidad y el trabajo continuo: “Trabajan de otra manera, siete días a la semana, 366 días”, afirmó, haciendo referencia a una dedicación incansable por parte de estos nuevos gestores.
En cuanto a la viabilidad económica, el resultado es incierto ante el desplome de los márgenes por una competencia de precios que definió como insostenible: “Los precios, los han reventado”. Ante la pregunta de si repetiría la experiencia, la respuesta resulta taxativa: “No”. Esa negativa se refuerza al relatar que tras intentar abrir otro establecimiento en Barcelona también tuvo que abandonarlo. “He dejado a mi familia de lado. Mis hijos me han perdido toda su infancia”, confesó, ilustrando el precio, difícil de cuantificar, que supone sacar adelante un bar en el entorno actual.