En la actualidad, muchas de nuestras compras y pagos se hacen en línea. Esta comodidad, sin embargo, también ha abierto la puerta a nuevas formas de estafa. Una de las más peligrosas y menos conocidas es el carding, una práctica que consiste en usar datos de tarjetas bancarias robadas para hacer pequeñas compras sin autorización. Lo más preocupante es que, en lugar de vaciar las cuentas de golpe, los estafadores hacen varios gastos de bajo importe de forma repetida que muchas veces pasan desapercibidos.
Los delincuentes tienen muchas maneras de obtener esta información. Una de ellas es copiar los datos de la tarjeta cuando la persona la usa en un cajero automático o en una máquina de pago en tiendas, usando aparatos escondidos que capturan la información. También suelen enviar correos electrónicos o mensajes falsos que imitan a los de bancos o empresas conocidas, con el fin de engañar a la víctima y hacer que comparta su número de tarjeta. En otras ocasiones, instalan programas en los teléfonos o ordenadores que graban lo que se escribe, incluyendo los datos bancarios.

Además, cuando las páginas web o aplicaciones no están bien protegidas, los ladrones pueden entrar y robar miles de números de tarjetas al mismo tiempo. Estos datos después se venden en sitios ocultos de internet o se usan directamente para hacer compras. Muchas veces, los criminales prueban primero las tarjetas haciendo gastos pequeños, como pagar una aplicación o comprar algo muy barato, para asegurarse de que aún funcionan.
Cargos casi indetectables
Si la compra no es rechazada, entonces usan la tarjeta para compras mayores o simplemente la revenden. Sin embargo, hay ocasiones en las que optan por continuar con la estafa y hacer periodicamente otra serie de gastos pequeños si el primero ha pasado desapercibido, que a lo largo del tiempo pueden llegar a sumar grandes cantidades de dinero.
Los sectores más afectados por este tipo de fraude son los casinos en línea, las plataformas de inversión, las tiendas por internet y los servicios de pago digital. En todos ellos, los estafadores encuentran formas de usar las tarjetas robadas para sacar provecho y luego desaparecer sin dejar rastro.
Cómo evitar esta estafa
Tanto las personas como las empresas pueden tomar precauciones para protegerse ante este peligro. Para los consumidores, lo más importante es revisar con frecuencia sus estados de cuenta, no compartir los datos de su tarjeta por mensaje o correo, evitar guardar la tarjeta en sitios web, y activar los sistemas de seguridad que ofrecen los bancos, como las claves por mensaje o notificaciones para autorizar cada compra. También es muy útil evitar conectarse a redes de internet públicas para hacer pagos o ingresar a la banca en línea, por ser de más fácil acceso para los ciberdelincuentes.
Las empresas, por su parte, deben estar atentas a señales sospechosas, como direcciones desconocidas, cambios repentinos en el comportamiento de los usuarios o compras desde países inusuales. Existen sistemas que ayudan a detectar este tipo de actividad, y que permiten frenar el fraude antes de que ocurra.
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