
Con cárceles tan cómodas, limpias y bien climatizadas, no es de extrañar que haya quien las eche de menos. Tres comidas al día, techo asegurado, y sin facturas que pagar. Visto así, la vida en prisión parece casi más estable que fuera… al menos para algunos reincidentes que no tardan en volver.
Es el caso de un conductor que, tan solo dos meses después de salir de la cárcel, ha protagonizado una nueva persecución policial digna de película. Borracho, sin carnet de conducir y al volante de un coche robado, intentó huir a toda velocidad de la policía por las calles de la población francesa de Castelsarrasin. Pero esta vez, el regreso a su “hogar penitenciario” no ha tardado en producirse.
“No tengo mucho para defenderme”
El protagonista de esta trepidante historia es Tony Abalate Gómez, un hombre de 38 años, originario de Pontoise. Todo comenzó cuando una patrulla policial intentó detener un vehículo en la rotonda de Artel. Tony fingió parar y obedecer la orden. Pero en lugar de detenerse, aceleró y se dio a la fuga. Su huida terminó poco después, cuando fue interceptado por los agentes.
“Fui estúpido, no tengo mucho para defenderme”, declaró ante el tribunal. También afirmó que la pulsera electrónica que debía llevar como parte de su condena anterior “se arrancó accidentalmente” mientras conducía una moto. Una explicación que, unido a sus antecedentes, el tribunal escuchó con escepticismo.
Los cargos presentados contra él fueron múltiples: negativa a obedecer a la autoridad, conducción en estado de embriaguez, sin licencia, y al volante de un vehículo robado. Una lista de delitos que, tristemente, no es nueva para Tony. Acumula nada menos que 17 condenas desde 2008. Además, sigue estando bajo el efecto de tres sentencias de libertad condicional.
Una vida muy ajetreada
A pesar de tener formación como operador de maquinaria pesada y soldador, actualmente está desempleado. Tampoco mantiene relación con sus cinco hijos, tres de los cuales están bajo la tutela de los servicios sociales del departamento de Tarn-et-Garonne.
La fiscalía, poco impresionada por sus explicaciones, recordó que esta es la quinta vez que Tony es detenido por conducir ebrio. Solicitó una pena de 18 meses de prisión, de los cuales 12 corresponden a los nuevos delitos y 6 al incumplimiento de sus medidas judiciales anteriores.
El tribunal optó por seguir las recomendaciones de la fiscalía. Aun así, dejó abierta una pequeña puerta. El juez de ejecución de penas podrá reevaluar su caso y considerar, más adelante, la posibilidad de sustituir parte de la pena por una nueva pulsera electrónica. Eso sí, con la esperanza de que esta vez no se “despegue sola”.
Mientras tanto, Tony regresa a la prisión de Beausoleil, un lugar que, a estas alturas, conoce mejor que muchos de sus propios vecinos.
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