
A los 24 años, Fernando Frías se ha convertido en el notario más joven de España tras superar una de las oposiciones más exigentes del país en un tiempo récord. Su historia, de la que ya hablamos en Infobae España, muestra el precio personal y familiar que ha pagado para alcanzar este logro. Entre otras cuestiones, tuvo que sacrificar su tiempo de descanso.
En una entrevista en Con P de Podcast le preguntaron por cuántas horas dedicó a estudiar al día. Fernando narra que tuvo dos fases. “Estuve viendo durante los primeros nueve meses a un ritmo de un opositor normal. Es decir, estudiaba nueve horas al día más o menos. Igual de 09:00 a 14:30 horas y luego de 16:00 a 20:30 y me iba a jugar al pádel”.
Pero entonces vio que salió una convocatoria. Fernando tuvo una especie de “intuición” y quiso intentarlo. Pero claro, no había tiempo suficiente. “Mi intención era no llevar todos los temas, llevar algunos y a ver qué pasa”, explica. Llamo a uno de sus preparadores y le dijo que tenía que intentarlo y que “había que ir con todo”. El otro preparador no fue tan optimista: “Me dijo que nada, que estoy loco”.
Fernando se tomó dos días de reflexión y tomó una decisión: empezada una segunda parte de la oposición. “Yo dije, bueno, pues obviamente tengo que prescindir de todo tipo de descansos hasta que no pueda más. Ahora, si algún día peto pues tendré que parar , pero de momento voy a tirar para adelante, voy a cambiar los hábitos de estudio, voy a empezar a estudiar hasta las 00:30″. No solo añadió cuatro horas más, sino que también prescindió del descanso de los domingos. Y aunque es una locura y no todo el mundo está hecho para algo así, lo consiguió.
Sin relaciones sociales ni teléfono
“Las relaciones sociales eran nulas, no salía de casa. Lo hacía más o menos una vez cada 20 días. A cenar con mi padre de 22:30 a 23:30 y otra vez a casa hasta dentro de otros 20 días, pero ni pisar la calle, nada. Literal, no veía a nadie. El teléfono no lo cogía durante las horas de estudio”, relató.

El joven madrileño, que ahora ejerce en Cedeira, en la provincia de A Coruña (Galicia), reconoce que su rendimiento académico no siempre fue sobresaliente. “De pequeño no sacaba grandes notas y algún examen suspendí”, recuerda. Fue durante la Educación Secundaria Obligatoria cuando experimentó un cambio, que le permitió afrontar la oposición con una disciplina férrea. La mayoría de los aspirantes tarda entre cinco y siete años en aprobar, pero él lo consiguió en menos de dos. Atribuye su éxito a la fe: “Dios me ha dado lo que no me da el mundo”.
“De pequeño no sacaba grandes notas y algún examen suspendí”
El sacrificio físico y mental fue considerable. Apenas veía a su familia, salvo para comer una vez al día. Solo abandonaba su habitación para beber agua o ir al baño. Tomaba vitaminas para soportar el desgaste, pero los efectos secundarios no tardaron en aparecer. “Empezaron a pitarme los oídos y a día de hoy aún tengo acúfenos. También se me empezó a caer el pelo y a perder musculatura. Empecé a quedarme como un espagueti. Me acuerdo de un paseo con mi padre de una hora, estuve tres días con agujetas”, explicó. Incluso el descanso se vio alterado: “Necesitaba apagar el cerebro durante unas horas, pero hasta durmiendo soñaba con los temas o me despertaba sobresaltado pensando que ya era la hora de estudiar”.
Golpe emocional en la fase final
El desenlace de este proceso, lejos de traerle la felicidad esperada, supuso un golpe emocional. El día que supo que había aprobado la oposición, y además como número uno, coincidió con el fracaso de su hermana en la última prueba. “Fue una mierda. Lo recuerdo como uno de los peores días de mi vida. Yo estaba con mi hermana, aprobamos los dos primeros exámenes juntos, llegamos al dictamen y al final ella suspendió en la última prueba. Estaba toda mi familia en casa, el novio de mi hermana. Ese momento como que me fue robado”, confesó.
La decepción fue tan profunda que decidió cancelar cualquier celebración: “Siempre estás pensando, joder, cuando me digan que seré notario haré esto o lo otro. Y de repente llega el momento y claro, con la unión que tengo con mi hermana, ver que está así, fastidiada, hundida, que el examen es cada dos años y tenía que empezar de cero, que no guardan la nota. Fue un palo tan gordo que fue uno de los peores días. Cancelé las celebraciones”.
Ya instalado en su despacho de Cedeira, Frías reflexiona sobre la percepción pública de la profesión. A quienes consideran que los notarios cobran demasiado, responde: “Somos funcionarios, pero a todos los efectos somos autónomos. Lo que no se ve es que hay un background de contratar a empleados, pagar los seguros sociales, pagar el local, el renting de los ordenadores, la alarma, el papel timbrado, los muebles... Yo parto en negativo porque hay que hacer una inversión”. Sobre su salario, prefiere no dar cifras, ya que “es variable”. Explica que, aunque trabajan para el Estado, la retribución depende de factores como la ubicación del despacho.
A pesar de su juventud, Frías asegura que no ha sufrido ningún tipo de desprecio por parte de los clientes. “La gente se sorprende al verme, pero no dicen nada por respeto”, afirma. Para él, lo fundamental es que quienes acuden a su notaría se marchen satisfechos con el servicio recibido.
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