
En uno de los casos recientes más comentados sobre maltrato animal en Francia, la responsable del Santuario de Raoni al oeste del país —al lado de Burdeos— ha sido condenada a 12 meses de prisión, de los cuales diez son en suspensión probatoria. La sentencia también le prohíbe de manera indefinida que tenga cualquier tipo de animales ni desempeñar trabajos relacionados con ellos. Esta decisión superó las expectativas de la fiscalía, quienes inicialmente habían solicitado una pena en suspensión y no una efectiva. La sentencia, más severa de lo esperado, pone de relieve las condiciones deplorables en las que se encontraban los animales bajo su cuidado.
El caso se remonta a 2021, cuando una inspección al santuario, que albergaba diversos tipos de animales, descubrió un panorama desolador: cuerpos de caballos y un entorno en ruinas. Según informaron los policías que acudieron al lugar, los perros y otros animales sobrevivían sin alimento adecuado ni agua limpia, y el lugar estaba caracterizado por su desorganización y abandono. La especialidad del refugio eran los loros, que se encontraban en una jaula sucia, junto con otras aves. También hallaron huesos de animales, mientras que uno de los caballos fue encontrado en condiciones esqueléticas.
Todo esto se reveló gracias a una denuncia de Béatrice Besson, una vecina que dos años antes le había confiado al santuario su yegua y su caballo. Desde lejos, la propietaria veía a sus animales comer zarzas, según ha relatado al medio local Sud Ouest, y no tardó en darse cuenta de las malas condiciones del lugar. Contactó a la Dirección Departamental de Protección a la Población, que acudió en marzo de 2022. “Me enviaron fotos donde mi caballo solo tenía piel y huesos”, ha dicho al medio francés. Besson ha criticado la tardanza de la justicia en actuar, ya que numerosas quejas habían sido ignoradas en el pasado por diferentes autoridades locales.
“Huesos, suciedad y excrementos”
Pese a las advertencias a la gestora del santuario, la situación no cambió. Meses después, la alcaldesa del pueblo notificó la presencia de lo que describió como un “lobo errante” demacrado. “Resultó ser su perro, que estaba volcando los cubos de basura en busca de comida”, comentó en el juicio la representante de la fiscalía. Finalmente, la policía irrumpió en el lugar. “El suelo estaba cubierto de excrementos, el agua disponible para las aves estaba muy sucia”.
La gerente del santuario admitió “errores” por aceptar más animales de los que podía manejar, pero insistió en que todos tenían alimento. La yegua de Béatrice Besson no apareció por ningún lugar. La responsable dijo que se la había confiado a otra mujer, de quien ya no tuvo noticias, pero la policía encontró en la zona “numerosos huesos”, aunque no pudo determinar su procedencia.
La justicia también ha cuestionado la desorganización de la asociación, que ni siquiera tenía una cuenta bancaria propia: todo pasaba por la cuenta de la responsable. Pese a todo, su abogado afirmó: “Mi clienta vive para sus animales. Se vio superada por la situación. Limitarle los animales es para ella una condena”. Una condena que ahora tendrá que cumplir.
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