
El paso del tiempo no perdona a nadie, pues a lo largo de nuestra geografía, pueblos y villas reflejan la huella de un pasado próspero y rico. Así, existen infinidad de localidades abandonadas donde las calles desiertas y los edificios medio derruidos son los únicos testigos de su historia.
Uno de los riesgos a los que se someten estos lugares es la desaparición de su patrimonio. Por ello, es común que iniciativas privadas tomen cartas en el asunto para intentar volver a dar vida a las localidades. En este sentido, en la comarca de Urgell (Barcelona), se ubica una un pueblo que reúne todas estas características. Estamos hablando de Conill, un pueblo abandonado perteneciente al municipio de Tàrrega.
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Se encuentra en un entorno natural enmarcado en Plans de Sió, una subregión del altiplano de la Segarra, un paraje privilegiado que representa un destino cada vez más valorado por aquellos que buscan alejarse del bullicio de la ciudad y sumergirse en la tranquilidad de la vida rural. Su abandono se produjo en la década de los ochenta y ha sido varios los proyectos de rehabilitación que se propusieron, aunque ninguno tuvo éxito.
Proyectos de rehabilitación fallidos
El abandono de este pueblo se vio propiciado por la prohibición de edificar en sus alrededores. Esto provocó que en los años ochenta se comenzara un proceso de despoblación hasta quedar totalmente abandonado. Desde ese momento, fueron numerosas las propuestas de rehabilitación encaminadas a devolver la vida a este ligar.
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Una de las más destacadas fue la de reconstruir el pueblo como un centro de rehabilitación para personas con adicciones a las drogas. Sin embargo, esta iniciativa fue rechazada por gran parte de la comunidad local y fue abandonada. Asimismo, en 2005 se quiso rehabilitar en un centro turístico ecológico y en 2007 el Ayuntamiento de Tàrrega sugirió transforma la aldea en un centro de interpretación de aves. Todas ellas se vieron truncadas por diferentes sucesos, ya sean económicos y por falta de fondos, o por el estado de deterioro que presentaban las casas.
Cinco casas y una iglesia
De esta forma, si uno decide acercarse a esta curiosa villa, debe saber que solo va a encontrar un puñado de casas en un estado bastante ruinoso y una iglesia, la cual está también en ruinas. En cuanto a las casas, fueron reconstruidas a mediados del siglo XVIII y son un total de cinco edificios solariegos heredados por los descendientes de cada familia: Cal Cinca, Cal Frare, Cal Palau, Cal Pont y Cal Vilafranca.
Estas son familias históricas de la región, de hecho, fueron quienes decidieron la prohibición de construir más casas en la villa. Este conjunto monumental al que se le suma la iglesia constituían una pequeña plaza, que a día de hoy también está en ruinas.
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