La relación entre la disfunción sexual y la depresión y los riesgos de que sea un tabú: “El 75% abandona sus tratamientos”

El abordaje de la disfunción sexual del tratamiento antidepresivo se basa en tres pasos: prevención en población susceptible, controles rutinarios para detectarlo y la intervención clínica cuando resulte un problema

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El 70% de las personas con disfunción sexual no contarán nada por cuestión de tabú. (Imagen ilustrativa Infobae)
El 70% de las personas con disfunción sexual no contarán nada por cuestión de tabú. (Imagen ilustrativa Infobae)

La relación entre la depresión y la disfunción sexual es bidireccional y afecta más a las mujeres. El trastorno mental puede generar esta incapacidad física y viceversa. La depresión se asocia con un aumento del riesgo de disfunción sexual de entre el 50% y el 70%, mientras que la disfunción sexual aumenta el riesgo de depresión entre un 130% y un 200%.

Además, la disfunción sexual afecta en mayor medida a las mujeres que a los hombres, que a su vez también son más propensas a padecer depresiones. La prevalencia de disfunción sexual en personas con depresión oscila entre el 46,6% y el 90%, mucho mayor que en la población general, según datos presentados en el Congreso Nacional de Psiquiatría y publicados en revistas especializadas.

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La disfunción sexual, además de ser un síntoma de la depresión, es también un efecto secundario común de algunos antidepresivos, “especialmente de los serotoninérgicos, como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) y los inhibidores de la recaptación de serotonina y noradrenalina (IRSN)”, según las conclusiones lanzadas en el simposio organizado por Lundbeck en este Congreso Nacional. Estos problemas derivados de la medicación “a menudo conducen al incumplimiento o interrupción del tratamiento farmacológico”, han asegurado los expertos.

Síntomas en hombres y mujeres

En el caso de las mujeres, el bajo deseo sexual y la excitación sexual alterada suelen ser los síntomas indicadores del problema, ya sea depresivo o únicamente de disfunción sexual. En el caso de los hombres, la complicación se identifica a través de la disfunción eréctil y la eyaculación precoz, los trastornos más comunes.

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El doctor Ángel Luis Montejo, jefe de la Unidad de Psiquiatría Comunitaria del Hospital Universitario de Salamanca y Profesor Titular de Psiquiatría en la Universidad de Salamanca, apunta que “los síntomas más frecuentes de la depresión son la tristeza y la incapacidad de disfrutar, y esta incapacidad de disfrutar del placer afecta a la función sexual porque desaparece, casi siempre, el deseo”. Sin embargo, continua el sanitario, “no es tan frecuente que existan problemas de erección, excitación, lubricación o de orgasmo, que sí pueden estar relacionados con algunos tratamientos antidepresivos”.

Entre las conclusiones lanzadas durante la charla, se identifica que para quienes padecen depresión, la disfunción sexual es el segundo efecto secundario de los antidepresivos citado con más frecuencia y con el que es “extremadamente difícil vivir”, seguido del aumento de peso.

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Formas de combatir la disfunción sexual

Poner encima de la mesa y naturalizar los problemas de disfunción sexual puede ayudar a que los tratamientos contra la depresión no se vean interrumpidos. Acabar con la bola de nieve que genera el tabú y el silencio generalizado. “Si no se le pregunta directamente, solo el 30% lo dirá espontáneamente. Si no se habla de ello, el abandono del tratamiento antidepresivo antes de los seis meses es enorme, llegando al 75%, es decir, tres de cada cuatro no cumplirían el tratamiento por sus efectos sobre la vida sexual. Este abandono conlleva más riesgo de recaída, bajas laborales, costes sanitarios y peor calidad de vida”, afirma Montejo.

El abordaje de la disfunción sexual emergente del tratamiento antidepresivo (DSET) se basa en tres pasos, según han concluido los expertos: primero, la prevención en población susceptible; segundo, la realización de controles rutinarios para detectarlo en personas sexualmente activas en tratamiento con antidepresivos; y tercero, la intervención clínica cuando resulte un problema y cause un riesgo potencial de abandono del tratamiento.