Baile, alta tecnología y viajes sensoriales en la segunda jornada del Sónar de Día

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Rosa Díaz

Barcelona, 16 jun. El baile contagioso de The Blessed Madonna y Crystan Murray, la música altamente tecnológica de Max Cooper y Daito Manabe y los viajes sensoriales propuestos por Desert y Santiago Latorre & Colin Self han compartido cartel en una ecléctica e inspiradora segunda jornada del Sónar de Día.

El día ha empezado bien, con el aragonés Santiago Latorre y el norteamericano Colin Self, que han utilizado la voz, el vídeo y la sensualidad para generar lirismo en el auditorio del Sónar, dedicado a las propuestas más innovadoras.

Este ejemplo de como la tecnología y la humanidad pueden unirse para cicatrizar heridas ha precedido al viaje onírico de los catalanes Desert.

Tras ellos, pasar de la oscuridad de este espacio a la hiriente luz del sol del escenario exterior ha hecho rebuscar al público en la riñonera para ponerse las gafas de sol, pero ha sido fácil dejarse contagiar por la energía desbordante de Crystan Murray, una artista francesa de 21 años, defensora incansable del arte femenino negro en la industria musical, que ha traído al Sónar la banda al completo.

A la misma hora pero en otra de la zonas cubiertas del Sónar de Día, la gente ha abarrotado el SonarHall para ver la puesta en escena rotunda de Ryoji Ikeda y escuchar las mil capas de sonido con las que este maestro de la música ha vuelto a penetrar en el cerebro de sus seguidores.

Pero el rey de ese escenario ha sido sin duda Max Cooper, que justo después que Ikeda ha demostrado que su doctorado en biología computacional y las bases de datos que utiliza para sus espectáculos visuales dan un resultado entre humano y divino, lejos de la frialdad que los números suelen sugerir.

Otro científico que aplica sus conocimientos al arte, Daito Manabe, ha utilizado las siete pantallas del Stage+D para desplegar todo su espíritu experimental.

Mientras, en el escenario exterior, el sol ha empezado a descender y la fiesta a subir con The Blessed Madonna y el espectacular cuerpo de baile que la ha acompañado sobre el escenario.

La gran explanada con moqueta verde frente a ella ha sido la pista de baile de un numeroso y desacomplejado público, que ya ha llegado al Sónar dispuesto a liberarse, vestido para la ocasión con los locos atuendos habituales de este festival, y lo ha conseguido hasta límites difíciles de rebasar, pero que seguramente se rebasarán esta noche.

Muchos tenían previsto salir pronto para llegar a tiempo al Sónar de Noche, que se celebra en otro recinto, y ver Aphex Twin, pero más de uno no ha podido cumplir sus propósitos porque se han olvidado de mirar el reloj mientras bailaba con Blessed Madonna.

Una pena, pero nada grave, porque la noche es larga en el Sónar y la oferta inabarcable.EFE

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