Hollywood tal como lo conocemos tiene los días contados: la era del cine sintético ya está aquí

Lo que antes requería millones de dólares, cientos de personas y meses de trabajo, hoy lo puede hacer una persona desde su computadora en minutos. El contenido sintético dejó de ser una curiosidad tecnológica y se convirtió en una amenaza existencial para la industria del entretenimiento

Un video generado con Seedance 2.0 a partir de un prompt mínimo sorprende por la precisión, el nivel de detalle y la consistencia de los personajes (X: @RuairiRobinson)

Un clip de 15 segundos acaba de cambiar la conversación sobre el futuro de Hollywood. Tom Cruise y Brad Pitt se dan una golpiza sobre un puente de Los Ángeles. La iluminación es cinematográfica, los golpes tienen peso, las expresiones reaccionan al impacto.

Parece una escena de acción con presupuesto de nueve cifras. Fue creado por una sola persona, con dos líneas de texto, en Seedance 2.0, el nuevo modelo de inteligencia artificial de ByteDance —la empresa china dueña de TikTok—, disponible desde hace menos de una semana.

El video, generado por el cineasta irlandés Ruairí Robinson usando Seedance 2.0, superó el millón de reproducciones en horas. Un segundo clip con diálogo y voces realistas llegó a los tres millones. El salto cualitativo es lo que aterra: los generadores anteriores delataban el truco con movimientos entrecortados y rostros inconsistentes.

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Seedance 2.0 ofrece estabilidad de movimiento superior, generación conjunta de audio y video, y permite guiar las tomas con imágenes de referencia. Un solo usuario puede ahora producir secuencias fotorrealistas y difundirlas a la velocidad de internet.

El video generado por Seedance 2.0 que muestra a Tom Cruise y Brad Pitt en combate sorprendió a Hollywood y viralizó el debate sobre inteligencia artificial.

La industria contraataca

Rhett Reese, guionista de Deadpool, escribió en X lo que ya es la frase de la semana en Hollywood: “Es probable que se haya terminado para nosotros”. Luego amplió: está aterrorizado porque muchas personas que quiere enfrentan la pérdida de sus carreras, y su visión pesimista es que Hollywood está a punto de ser revolucionado y diezmado al mismo tiempo, según reportó Entertainment Weekly.

En menos de 72 horas, internet se llenó de versiones sintéticas de personajes protegidos: Spider-Man, Darth Vader, Baby Yoda, South Park, El Padrino, según documentaron Deadline y Variety. La reacción fue inmediata: la MPA denunció infracción “a escala masiva”.

Disney envió una carta de cese y desistimiento acusando a ByteDance de un “atraco virtual” de su propiedad intelectual, según Axios. Paramount Skydance hizo lo mismo al día siguiente, según Variety.

SAG-AFTRA, el sindicato que representa a 170.000 actores, publicó un comunicado contundente en el que denunció el uso no autorizado de voces y semejanzas de sus miembros y sentenció que Seedance 2.0 “ignora la ley, la ética, los estándares de la industria y los principios básicos del consentimiento”. “El desarrollo responsable de IA exige responsabilidad, y eso es inexistente aquí”, cerró el sindicato.

Una prueba en slow motion creada con Seedance 2.0 impacta por su realismo, fluidez de movimiento y precisión visual generada por inteligencia artificial (X: @thaakeno)

El pecado original: cuando las demandas llegan, los datos ya fueron ingeridos

Nada de esto justifica lo que hizo ByteDance. Lanzar un modelo sin salvaguardas no es innovación: es una prueba de límites calculada. Pero el patrón ya debería resultarnos familiar.

Es lo que ocurrió con los modelos de texto: cuando GPT fue entrenado, ingirió cantidades masivas de obras protegidas. Las demandas llegaron después, pero los datos ya estaban dentro del modelo y no se pueden “desaprender”. Lo mismo pasa ahora con el video: es razonable temer que miles de horas de películas y series ya hayan sido ingeridas para entrenar estos modelos.

Se entrena primero, se negocia después: el “pecado original” de la IA generativa. OpenAI lo hizo y terminó cerrando acuerdos con las mismas empresas que lo demandaron. ByteDance parece seguir el mismo manual.

La pregunta no es si usó contenido protegido —la evidencia es abrumadora—, sino si Hollywood puede imponer consecuencias reales a una empresa china que opera bajo otras reglas.

Pero Hollywood no muere: muta

Disney, MPA y Paramount Skydance enviaron solicitudes legales a ByteDance acusando un 'atraco virtual' y reclamando salvaguardas para sus franquicias. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Antes de dar por terminado el funeral, conviene una pregunta incómoda: ¿de dónde salió el video viral? De Tom Cruise y Brad Pitt. No de actores inventados. Lo que viralizó fue el reconocimiento instantáneo de dos rostros que Hollywood construyó durante décadas.

Seedance puede replicar a Tom Cruise, pero no puede crear a Tom Cruise. Los estudios son los dueños de la propiedad intelectual, las estrellas, los derechos de novelas y secuelas, la distribución global. Sin Hollywood, no hay película que replicar: ellos son la fuente.

Lo más probable no es que la IA destruya Hollywood, sino que Hollywood use la IA para reducir costos drásticamente. El acuerdo Disney-OpenAI de diciembre de 2025 —mil millones de dólares en equity, 200 personajes licenciados para Sora, un año de exclusividad— no fue una rendición: fue una estrategia de control, según detallaron TechCrunch y Axios. Hollywood no está huyendo de la IA. Está aprendiendo a cobrar por ella.

Pero, ¿y si seguimos la lógica hasta el final?

Aceptemos por un momento que los estudios son los dueños de la propiedad intelectual y que eso los protege. Ahora llevemos el argumento un paso más allá: si la IA vuelve obsoletos a los actores, a los directores de fotografía, a los editores y a buena parte del equipo técnico, ¿en qué se convierten los estudios? En fábricas de reproducción sintética. Condominios de propiedad intelectual que licencian sus franquicias a modelos de IA para que generen contenido ilimitado sin necesidad de un set de filmación, un elenco ni un presupuesto de producción.

El entrenamiento de modelos IA con películas protegidas, realizado antes de negociar permisos, plantea el mayor reto legal para Hollywood ante la expansión del video sintético. (Imagen ilustrativa de Infobae)

El paralelo con lo que ya ocurrió en la televisión es difícil de ignorar, aunque por una razón distinta a la que parece. La TV no mudó al streaming porque la tecnología fuera superior: mudó porque el usuario cambió.

El espectador decidió que prefería ver lo que quisiera, cuando quisiera, y la industria tuvo que adaptarse o morir. Los únicos géneros que sobrevivieron intactos fueron los deportes en vivo y las noticias, porque no se pueden fabricar con anticipación.

Con el cine sintético pasa lo mismo: si el usuario prueba contenido generado por IA y le da igual —o incluso lo prefiere por su inmediatez y personalización—, ahí está la respuesta. No la da la industria. La da el consumidor.

Y tal vez, en un futuro no tan lejano, veamos un nuevo tipo de disclaimer antes de una película. Ya no solo si es apta para mayores de 18 años. Veremos uno que diga: “100 % hecho por humanos”, como la etiqueta de manufactura artesanal en una prenda de vestir. Porque en un mundo inundado de contenido sintético, lo auténticamente humano podría convertirse en el nuevo lujo.

¿Es ese escenario inevitable? No necesariamente. Pero ya no es ciencia ficción. Y la velocidad a la que avanza la tecnología sugiere que la ventana para prepararse es mucho más corta de lo que la industria quisiera creer.

El principio de otra cosa

Una nueva generación de cineastas formados en IA irrumpe en la industria: escuelas como Curious Refuge ya capacitan a miles de alumnos y producciones como Critterz, respaldada por OpenAI (REUTERS)

Mientras tanto, una nueva generación ya se prepara. Curious Refuge, una escuela online de cine con IA, ha formado a más de 10.000 estudiantes de 170 países, y fue adquirida por el estudio Promise, respaldado por Peter Chernin y Andreessen Horowitz, reportó Reuters.

La primera película animada producida con IA y respaldada por OpenAI, Critterz, se presentará en Cannes en mayo. La puerta de entrada al cine, por primera vez en un siglo, ya no la controla solo un puñado de ejecutivos en Los Ángeles.

Hollywood no va a desaparecer. Tiene lo que ningún modelo de IA puede fabricar desde cero: las estrellas, las franquicias, los derechos y la maquinaria de distribución global. Pero el Hollywood que conocemos —el de presupuestos de 200 millones y producciones de tres años— ese sí tiene los días contados.

Lo que viene es una industria radicalmente distinta, donde un adolescente en EEUU, Argentina, México, España o Japón puede producir desde su habitación lo que antes requería un sistema históricamente impenetrable.

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