En el marco de las jornadas de Empleabilidad y Educación organizadas por Ticmas en la Feria del Libro, Federico Olivo, decano de la UTN Córdoba, expuso acerca del rol de la institución como un actor clave para el desarrollo productivo del país y el desafío de formar personas con pensamiento crítico.
“La UTN nace en vínculo con el sistema productivo”, señaló Olivo al repasar los orígenes de la institución, creada en 1948 como Universidad Obrera Nacional. Desde entonces, su expansión en distintas provincias estuvo asociada a las necesidades concretas de cada región.
Esa lógica se mantiene vigente. Las carreras no son idénticas en todas las sedes, sino que se adaptan a las demandas locales. “En Córdoba estamos más vinculados al sector manufacturero o al autopartista”, explicó. A esto se suma un vínculo estrecho con las escuelas secundarias técnicas, que funciona como puerta de entrada natural a la universidad.
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Incluso, modelos que hoy se presentan como innovadores como la formación dual forman parte de la práctica histórica de la UTN. “Casi el 60% de nuestros estudiantes trabaja, y el 40% de ellos lo hace en algo relacionado con lo que estudia”, destacó.
Una relación necesaria, pero con deudas pendientes
El vínculo con las empresas es uno de los pilares de la institución, aunque no está exento de tensiones. “La relación con las empresas es muy buena, pero hay deudas pendientes de ambas partes”, reconoció Olivo.
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Por un lado, la universidad enfrenta el desafío de no volverse “endogámica”. Por el otro, el sector productivo debe ampliar su mirada: “Las empresas tienen que entender que no somos solo formadores de capital humano, sino que podemos aportar mucho más”.
En ese sentido, Olivo insistió en la necesidad de construir alianzas estratégicas: “Las empresas tienen que identificar en la UTN un gran aliado para lograr un desarrollo productivo”. La clave, subrayó, está en reducir la brecha entre ambos mundos.
Permanencia y organización: el desafío de estudiar y trabajar
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Uno de los rasgos distintivos de la UTN es que gran parte de sus estudiantes combina estudio y trabajo. Esto plantea desafíos específicos en términos de permanencia.
“Es complejo porque las ingenierías demandan mucho tiempo de estudio y tenés que organizarte muy bien”, explicó el decano. Para acompañar estas trayectorias, la universidad ofrece turnos y esquemas flexibles que permiten compatibilizar ambas actividades.
Además, existe una creciente vocación por parte de las empresas para que los estudiantes finalicen sus carreras, lo que se traduce en programas y acuerdos que buscan sostener las trayectorias académicas.
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Adaptar la formación sin perder profundidad
La relación con el sector productivo también impacta en los contenidos educativos. “Lo que aprende la universidad es a intentar adaptar los diseños curriculares a la coyuntura”, afirmó Olivo.
Esto implica revisar asignaturas, incorporar nuevas competencias y dialogar permanentemente con las demandas del entorno. Sin embargo, el desafío es hacerlo sin perder el rigor académico, especialmente en un contexto atravesado por la irrupción de la inteligencia artificial.
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“El punto clave es que nosotros formamos personas para que tengan espíritu crítico”, sostuvo. A diferencia de la IA, que funciona como herramienta, la formación universitaria debe apuntar a que los estudiantes “objeten e interpelen todo el tiempo al sistema”.
Volver a poner a la persona en el centro
En medio del avance tecnológico, Olivo planteó una advertencia: “El sistema puso tanto foco en la tecnología que se olvidó de las personas”.
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En esa línea, destacó el cambio de paradigma que propone la industria 5.0, donde el eje vuelve a estar en lo humano. “Nosotros, antes de formar ingenieros, formamos personas”, afirmó.
Esto implica reforzar habilidades socioemocionales y promover el trabajo en equipo por sobre las individualidades. “Las personas sienten, tienen dificultades, y eso también tiene que estar en el centro de la formación”, agregó.
Trayectorias formativas y articulación educativa
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Otro de los ejes abordados fue la articulación con el sistema educativo, en particular con las escuelas técnicas de Córdoba. A través del trabajo conjunto con el Ministerio de Educación provincial, se busca reconocer trayectorias formativas previas.
“Lo que discutimos es reconocer los trayectos formativos”, explicó Olivo, en referencia a iniciativas que permiten a los estudiantes ingresar a la universidad con algunas materias ya acreditadas.
Pensar el desarrollo como un proyecto compartido
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Finalmente, Olivo hizo un llamado al sector productivo: “Le pediría que piense en la universidad como un aliado”.
La propuesta es avanzar hacia un diseño conjunto de soluciones, en una lógica de beneficio mutuo. Desde el desarrollo de startups hasta la creación de prototipos, la universidad puede desempeñar un rol activo en la generación de empleo y oportunidades.
“La universidad está para acompañar procesos que permitan generar trabajo y empleabilidad”, concluyó.