Tiempo de cosecha: un programa educativo busca prevenir el trabajo infantil en Misiones durante el verano

Durante décadas, los hijos ayudaban a sus familias en las tareas del campo: la recolección del tabaco coincide con el cierre de las escuelas. En zonas rurales del NEA, el programa Porvenir previene el trabajo infantil por medio de centros de verano, becas y acompañamiento a los chicos

Escuelas rurales abiertas en vacaciones, inversión en mejoras edilicias, becas para sostener la secundaria y acompañamiento a adolescentes que abandonaron son algunas de las estrategias del programa Porvenir en el NEA y el NOA.

Para la mayoría de los chicos, el verano equivale a vacaciones, juego o deporte en la colonia. Pero en algunas zonas rurales del país, históricamente la lógica ha sido otra: los meses de calor coinciden con el pico de la cosecha, y durante décadas fue habitual que niños y adolescentes acompañaran a sus padres en las tareas que sustentan la economía familiar. Con las escuelas cerradas justo en el momento de mayor carga laboral, el trabajo infantil y adolescente era una práctica instalada.

Esa fue, por mucho tiempo, la realidad de muchos chicos en el interior de Misiones, donde el verano coincide con la temporada alta de la cosecha de tabaco. La temperatura ronda los 30 grados –con sensación térmica mayor por la humedad– y obliga a comenzar el trabajo al amanecer, antes de las 6 de la mañana. La mayoría de los productores cultiva parcelas de 1 a 3 hectáreas de tabaco dentro de chacras que pueden sumar hasta 25 hectáreas en total. La producción es minifundista, basada en el modelo de la agricultura familiar: la participación de los hijos en las tareas del campo suele estar naturalizada.

El programa Porvenir, de Asociación Conciencia y Philip Morris Argentina, busca prevenir el trabajo infantil y promover los derechos de la infancia durante el verano, cuando las vacaciones escolares coinciden con la cosecha de tabaco en Misiones, Salta y Jujuy. (FOTOS: Maxi Marczeski)

Desde hace más de 20 años, una iniciativa conjunta de Asociación Conciencia y Philip Morris Argentina –una de las empresas que compran tabaco a los pequeños productores– busca desnaturalizar esa realidad y ofrece alternativas para garantizar la prevención del trabajo infantil y la promoción de los derechos de los chicos. En Misiones, Infobae recorrió escuelas rurales y chacras familiares para conocer de primera mano la realidad de los niños y adolescentes que viven en la zona.

Read more!

El programa Porvenir, lanzado en 2003, funciona en Misiones, Salta y Jujuy, las tres provincias que concentran el mayor volumen de producción de tabaco a nivel nacional. Nació como una propuesta destinada a la erradicación del trabajo infantil –prohibido por las regulaciones específicas de la industria, pero arraigado en las costumbres familiares–. Con los años se fue ampliando hacia una intervención más “integral”, que abarca el derecho de los niños a la educación y a la recreación, el acompañamiento a las familias de productores, el fortalecimiento edilicio de las escuelas rurales y el seguimiento de las condiciones de trabajo en las chacras familiares.

A pocos días del comienzo de clases, los chicos que participaron de los Centros de Verano del programa Porvenir presentaron a sus familias lo aprendido en esos espacios. Las escuelas rurales reabren para recibirlos entre diciembre y febrero.

A diferencia de Salta y Jujuy, en Misiones la producción está dispersa en pequeñas chacras –se estima que hay unas 12.000 familias dedicadas a este cultivo en la provincia– y dedicada al tabaco Burley. Luego de la cosecha –concentrada en diciembre y enero–, las hojas se secan al aire en galpones que cada productor tiene en su finca. Esta etapa se prolonga hasta marzo, y es seguida por el proceso de clasificación, cuando los productores deben separar las hojas por calidad y color. Los niños y adolescentes tienen vedado entrar al galpón. Pero siempre hay otras tareas para hacer: todas las familias tienen sus huertas para autoconsumo y se dedican a la cría de animales, en una economía basada más en el autoabastecimiento que en la circulación de dinero.

Más allá de colaborar en el hogar, los chicos también tienen derecho al juego y al tiempo libre. Por eso, una de las líneas de acción del programa Porvenir es la creación de Centros de Verano: con acuerdo del Ministerio de Educación de la provincia, abren algunas escuelas rurales en las localidades de Pozo Azul, El Soberbio y San Vicente para que los chicos de 3 a 17 años tengan allí actividades educativas y recreativas, organizadas por talleristas del programa. En la Escuela N° 373, ubicada en las afueras de El Soberbio –una pequeña ciudad situada sobre el río Uruguay, frente a Brasil–, 67 chicos participaron de la propuesta. La mayoría son hijos de productores tabacaleros, aunque la iniciativa está abierta a toda la comunidad.

En la Escuela N° 373, ubicada en las afueras de El Soberbio –una pequeña ciudad de Misiones situada sobre el río Uruguay, frente a Brasil–, 67 chicos de 3 a 17 años asistieron al Centro de Verano, donde participaron de actividades educativas y recreativas.

Desde mediados de diciembre hasta mediados de febrero –período de vacaciones escolares–, los chicos aprendieron sobre el derecho a la educación y a la salud, sobre valores y pautas de convivencia, sustentabilidad y cuidado del medio ambiente, prevención del dengue –una enfermedad endémica en la zona–, y sobre los derechos de niños y adolescentes, con énfasis especial en la cuestión del trabajo infantil. “Es un espacio que apunta al desarrollo físico, intelectual y social de los chicos, y que también les ofrece una instancia de escucha y de expresión”, explicó Maira Quevedo, responsable del programa Porvenir en el Noreste Argentino (NEA).

Para las familias, el Centro de Verano representa una alternativa valiosa en plena cosecha. Algunos recorren hasta 25 kilómetros por caminos de tierra roja para llevar a sus hijos. Para los chicos, acostumbrados al aislamiento que implica vivir lejos de la ruta y de otras chacras, es una oportunidad para interactuar con pares. “Es un tiempo de mucho trabajo en casa pero estamos tranquilos de que los chicos están en un buen lugar”, dijo Mirian Sosa, mamá de tres hijos. “Además de aprender, estar con otros chicos los ayuda a socializar y a no tener vergüenza”, agregó Sosa. Ella no terminó la primaria; su hija fue la primera de la familia en lograrlo.

Los Centros de Verano ofrecen una alternativa educativa para que los chicos ocupen su tiempo libre mientras las familias están abocadas a la cosecha de tabaco. Allí aprendieron sobre prevención del dengue, hábitos saludables y derechos de los niños, entre otros temas.

“Me gustó formar nuevas amistades y hacer deporte, sobre todo jugar al vóley”, explicó Sol, de 14 años, que suele ayudar a su mamá con las tareas domésticas y con el cuidado de su abuela. Su compañera Naiara sintetizó otro aprendizaje central de estas semanas de verano: “Todos los chicos tienen derecho a estudiar, y los adultos deben garantizar ese derecho”.

“Si no hubiera venido acá, estaría ayudando a mi papá en la chacra”, contó Willian, de 13 años. En el Centro de Verano él se encontró con varios de sus compañeros del Instituto de Enseñanza Agropecuaria (IEA) N° 9 de Colonia Aurora. Como la mayoría de las escuelas agrarias de la zona, es una escuela albergue: durante el ciclo lectivo, los chicos pasan allí toda la semana, porque la distancia con los hogares impide llevarlos y traerlos todos los días.

Algunas familias recorren hasta 25 kilómetros por caminos de tierra para llevar a sus hijos al Centro de Verano. El día de cierre de actividades, los chicos celebraron lo aprendido y la comunidad se reunió para acompañarlos en la Escuela N° 373.

Sostener la secundaria representa un desafío enorme para los chicos y sus padres. Además del salto académico con respecto a la primaria –que la mayoría de los alumnos cursa en aulas plurigrado–, está el reto emocional que implica mudarse lejos de sus familias a los 12 o 13 años, y las dificultades económicas: las escuelas agrarias de la zona son públicas de gestión privada y tienen una cuota mensual. Por eso, la ruralidad sigue siendo uno de los núcleos donde resulta más complejo expandir el acceso y la finalización de la secundaria, a 20 años de su obligatoriedad.

Junto con la Asignación Universal por Hijo, las familias destacan el apoyo de las becas Porvenir, que cubren un porcentaje de la cuota de secundaria: el 60% de primer a tercer año, y el 40% de cuarto a sexto. Las becas, destinadas a hijos de productores tabacaleros, incluyen también un acompañamiento personalizado y buscan sostener las trayectorias “en un contexto donde la distancia, la estacionalidad del trabajo y las condiciones económicas pueden interrumpir la escolaridad”, señaló Nicolás Balanda, referente del programa Porvenir en Misiones.

La ruralidad sigue siendo uno de los núcleos donde resulta más complejo expandir el acceso y la finalización de la secundaria, a 20 años de su obligatoriedad. La mayoría de los estudiantes son los primeros de su familia en alcanzar este nivel educativo.

Más de 600 chicos han recibido estas becas desde 2003: en la mayoría de los casos, pertenecen a la primera generación que cursa la secundaria en sus familias. A quienes logran terminarla, el título les abre una puerta antes inimaginable: les permite acceder al nivel superior e imaginar un futuro diferente del que proyectaba la historia familiar.

Ese es el caso de Daniela, de 18 años, que el año pasado terminó la secundaria en el IEA N° 9. De lunes a viernes vivía en la escuela; solo volvía a su casa los fines de semana. Entre 2022 y 2025 recibió la beca Porvenir, sujeta a requisitos educativos (el promedio escolar) y productivos (que las chacras familiares estén “libres de trabajo infantil”). Daniela es una excepción: empezó primer año en 2020 junto a 54 estudiantes; solo 6 se recibieron en 2025.

“Hoy cualquier trabajo te pide el título secundario”, afirmó Daniela sobre su motivación para continuar estudiando. “Antes no había tantas posibilidades, muchos compañeros dejaron la escuela para trabajar. La beca ayuda un montón, ojalá pueda llegar a más estudiantes”, afirmó. Y contó que se está preparando para el próximo desafío: en unas semanas empieza a cursar el profesorado de Inglés en El Soberbio, a 12 kilómetros de su casa.

Daniela (18) es una excepción en un contexto signado por el abandono escolar: el año pasado terminó la secundaria en una escuela agraria. Ahora va a estudiar el profesorado de Inglés. Su hermano Lucas (13) pasó a segundo año. Ambos subrayan que las becas y el acompañamiento resultan esenciales para poder sostener la escolaridad.

Más allá de las excepciones, la deserción es moneda corriente, como en otras zonas rurales del país. Para abordar la realidad de estos chicos que se caen del sistema, el programa Porvenir tiene una línea de acompañamiento a adolescentes desescolarizados: los talleristas los visitan chacra por chacra, y les ofrecen talleres para fortalecer las habilidades, la autoestima y los vínculos, además de espacios formativos relacionados con oficios, que a veces funcionan como puente de regreso a la escuela.

Carolina, de 15 años, es una de las jóvenes que participaron de los talleres el año pasado. Como muchos de sus compañeros, ella dejó la secundaria luego de cursar primer año y llevarse seis materias. También le costó mucho estar lejos de su familia, dado que la Escuela de la Familia Agrícola (EFA) “Espíritu Santo”, a la que ella asistía, queda a 20 kilómetros de su hogar. La modalidad de cursada era alternada: una semana en la escuela y otra en casa.

Carolina (15) participó en 2025 de los talleres de acompañamiento a adolescentes desescolarizados que organiza el programa Porvenir. Aunque dejó la secundaria en primer año, quiere terminarla con el plan Fines y aprender un oficio.

“No me hallaba en la escuela, era muy complicado. Pero quiero terminar la secundaria con el plan Fines. Mientras tanto, pienso hacer algunos cursos. Ya vi uno de panadería que me interesa”, relató Carolina. Aunque no asiste a la escuela, su día se reparte entre tareas domésticas y el cuidado de vacas, gallinas y cerdos en la chacra familiar, donde además de tabaco cultivan maíz y mandioca. Su mamá, Liliana, cree en el valor de la educación: “Sería un orgullo que mis hijos fueran los primeros de la familia en terminar la escuela”.

A diferencia de la secundaria, en la primaria el acceso está universalizado. Pero el problema es la infraestructura, en un esquema basado en “aulas satélite” dispersas en el territorio que dependen de una “escuela núcleo”, generalmente lejana. La modalidad es plurigrado, con uno o dos maestros a cargo de toda la matrícula. En el aula satélite N° 3 de la Escuela N° 640 –ubicada entre los municipios de San Vicente y Fracrán, en el centro de la provincia–, un solo docente enseña a los chicos de primero a séptimo grado. Para el maestro Nahuel Czuhaj, de 27 años, la planificación requiere contemplar la diversidad de sus 15 alumnos.

El aula satélite N° 3 de la Escuela N° 640, ubicada entre San Vicente y Fracrán, fue construida hace un año y medio por la comunidad, a partir de donaciones de vecinos y con apoyo de Porvenir y APAER. Es un aula plurigrado: el maestro, Nahuel Czuhaj, trabaja con alumnos de primero a séptimo grado.

“Para mí es prioritario que los chicos tengan autonomía. Los más pequeños requieren más atención porque debo enseñarles a leer. Ellos se ayudan unos a otros si ven que estoy ocupado con un compañero”, describió Nahuel, que es de San Vicente pero vive en la escuela rural. El año pasado sus alumnos presentaron dos proyectos en el Parlamento Provincial Disruptivo Infantojuvenil de Misiones, organizado por la Subsecretaría de Educación Disruptiva del ministerio. “Me gusta romper el formato de la clase tradicional. Acá los chicos tienen los mismos debates que sus pares de la ciudad. La idea es que salgan bien preparados para la secundaria”, explicó el docente.

La escuela tiene un año y medio: fue construida a pulmón por las familias de la zona, porque la institución más cercana les quedaba a 10 kilómetros por caminos en mal estado. Un vecino donó el terreno, otro aportó la madera. Las madres se turnan para ocuparse de la limpieza. “Esta escuela se sostiene por el trabajo articulado entre la comunidad y el Estado provincial”, sintetizó Nahuel. Es clave el apoyo de la Asociación Civil Padrinos de Alumnos y Escuelas Rurales (APAER), que donó los materiales para los baños, y de las acciones de fortalecimiento escolar y comunitario de Porvenir, que incluyeron en 2025 trabajos de revestimiento y pintura y refacción de paredes, pisos y ventanas.

El aula satélite N° 3 de la Escuela N° 640 recibe a 15 alumnos de primaria, que antes debían trasladarse unos 10 kilómetros por caminos en mal estado hasta la escuela más cercana. La comunidad señala que aún faltan varios elementos básicos: desde una heladera hasta computadora y conexión a internet.

Aunque están orgullosos de lo construido entre todos, los vecinos también advierten que queda mucho por hacer. “Necesitamos una heladera (los chicos reciben el desayuno), instalar una bacha en la cocina, mejorar la electricidad”, enumeró Nahuel. Tampoco tienen ventiladores ni acceso fácil a agua potable, en una zona donde la sensación térmica alcanza los 40 grados en verano. Y falta otra herramienta fundamental para el aprendizaje en el siglo XXI: conexión a internet. “El diseño curricular incluye Informática, pero no tenemos computadora”, ilustró el docente.

Hace dos años, en ese paraje ubicado a una hora y media de San Vicente no había más que vegetación. Ahora se levanta una construcción de madera que es mucho más que una escuela: es una apuesta de la comunidad por sus hijos, la promesa de un mejor porvenir para ellos. “Esta aula satélite garantiza la educación pública y abre oportunidades donde no las había”, afirmó Nahuel. El lunes 2 de marzo, cuando la escuela reabra sus puertas y se icen en el mástil las banderas de Argentina y de Misiones, en esa aula rodeada de selva se seguirá escribiendo un futuro diferente para los chicos.

Read more!

Más Noticias

Luis Bogado y una nueva jornada docente que convoca SPEPM: “Hablar de alfabetización es hablar de justicia educativa”

El Director Ejecutivo del Servicio Provincial de Enseñanza Privada de Misiones (SPEPM) celebró los más de mil inscriptos a un espacio de reflexión para docentes de todos los niveles en la provincia del litoral argentino

La educación que dialoga con el arte fuera de las aulas en América Latina: experiencias desde el Malba

La publicación “Educación y Arte en Territorio” es el resultado de un trabajo colaborativo de casi dos años entre el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba), la Pinacoteca de São Paulo y la plataforma de aprendizaje artístico experimental en el espacio público “LA ESCUELA__”

El tabú de la biología y su impacto político: la mirada de Andrés Rieznik

En Infobae en Vivo, el neurocientífico cuestionó la resistencia de sectores progresistas a incorporar la biología del comportamiento y la neurociencia en la educación. Sostuvo que la falta de actualización pedagógica no solo afectó el aprendizaje, sino que también contribuyó al alejamiento de muchos jóvenes hacia discursos de derecha

La Universidad Austral incorpora nueva diplomatura en prevención de fraude y crimen financiero

El centro académico suma un programa dirigido a la detección y gestión de riesgos en sectores clave de América Latina, ampliando su oferta en seguridad digital ante el aumento de amenazas vinculadas a delitos financieros digitales

La Ciudad de Buenos Aires bajó la cantidad de faltas permitidas en el año a los alumnos de escuelas secundarias

La medida dictaminada por el gobierno de Jorge Macri apunta a combatir el ausentismo reiterado y mejorar el desempeño de los estudiantes, quienes a partir de ahora solo podrán ausentarse 20 veces a lo largo del ciclo lectivo