“No se salva nadie”: entre los alumnos más ricos, 3 de cada 10 no alcanzan el nivel básico en lectura

El 32% de los estudiantes argentinos del estrato más alto no llegan al nivel mínimo de comprensión lectora en la última prueba PISA. Estos resultados son peores que los de otros países de la región. Para mejorar, sugieren promover la “mentalidad de crecimiento”

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En todos los países que participan de la prueba PISA, los puntajes en Lectura son mejores a medida que aumenta el nivel socioeconómico de los alumnos (Imagen ilustrativa Infobae)
En todos los países que participan de la prueba PISA, los puntajes en Lectura son mejores a medida que aumenta el nivel socioeconómico de los alumnos (Imagen ilustrativa Infobae)

“Los padres y las madres de chicos en edad escolar interpretan que hoy, por alguna circunstancia que no atinan a identificar, sus hijos se han salvado de la profunda crisis educativa cuyos efectos ellos mismos no dejan de advertir en los demás niños”.

La frase tiene nada menos que 25 años: se publicó por primera vez en 1999. Es de Guillermo Jaim Etcheverry, expresidente de la Academia Nacional de Educación, y pertenece a su libro La tragedia educativa. Jaim Etcheverry planteaba, ya entonces, que si bien en Argentina los padres tienden a pensar que sus hijos están a salvo de los problemas educativos, en realidad estos afectan –aunque de manera desigual– a todos los estudiantes.

Ni siquiera se salvan los de nivel socioeconómico más alto, que en principio pertenecen a familias con mayor capital cultural y económico. Así lo muestra el último informe del Observatorio de Argentinos por la Educación, que a partir del análisis de los datos de la prueba PISA 2022 encontró que el 32% de los alumnos argentinos de 15 años del estrato más rico (los del cuartil 4) no alcanzan el nivel mínimo en Lectura: 3 de cada 10 presentan serias dificultades de comprensión lectora.

Estos resultados son mejores que los de sus compañeros más pobres (los del cuartil 1): entre ellos, 7 de cada 10 no alcanzan el nivel mínimo en la evaluación de la OCDE. En todos los países que participan de la prueba PISA, los puntajes son mejores a medida que aumenta el nivel socioeconómico de los alumnos: el punto de partida desigual condiciona fuertemente los resultados de los chicos, en Argentina y en otros países.

Proporción de estudiantes por debajo del nivel básico de Lectura en las pruebas PISA 2022, por cuartiles de nivel socioeconómico. Fuente: Observatorio de Argentinos por la Educación
Proporción de estudiantes por debajo del nivel básico de Lectura en las pruebas PISA 2022, por cuartiles de nivel socioeconómico. Fuente: Observatorio de Argentinos por la Educación

¿Qué significan estos resultados? Irene Kit, presidenta de la Asociación Civil Educación para Todos y coautora del informe junto con Martín Nistal y Eugenia Orlicki, explica: “Sin una enseñanza eficaz, sistemática, articulada, aun estudiantes de hogares aventajados socioeconómicamente tienen probabilidades de avanzar en su secundaria con pobre dominio de la comprensión lectora. 3 de cada 10 estudiantes de este nivel solo pueden leer manteniéndose en el plano de los datos explícitos, los contextos familiares y las relaciones más sencillas entre información evidente. Esto implica que han tenido dificultades para trabajar con inferencias y para leer materiales menos habituales y simples”.

La comparación con América Latina

El panorama se agrava al comparar con otros países latinoamericanos. En la mayoría de ellos, los porcentajes de estudiantes favorecidos (cuartil 4) con aprendizajes por debajo del nivel esperado en Lectura son más bajos: descienden al 15% en Chile, 20% en Uruguay, 24% en Colombia, 27% en México y Perú. En esos países, los alumnos de mayores recursos logran mejores resultados que los argentinos, aunque en general son más pobres: los alumnos argentinos del cuartil 1 son los más ricos de la región, superados solo por los de Chile.

Los alumnos argentinos más favorecidos (cuartil 4) obtienen un puntaje promedio de 448 puntos en la prueba PISA de Lectura. Es una cifra menor a la que alcanzan los estudiantes más favorecidos de Chile (489), Uruguay (483), Colombia (469), Brasil (462), México (459), Perú (458) y Panamá (449). Solo los alumnos más ricos de Paraguay (419), Guatemala (410), El Salvador (409) y República Dominicana (395) obtienen peores resultados que sus pares de Argentina.

De la comparación entre países latinoamericanos también surge que el puntaje del estrato más pobre (cuartil 1) de Chile es más alto que el de los jóvenes más favorecidos (cuartil 4) de República Dominicana, Guatemala y El Salvador. También es superior al de los cuartiles medios (2 y 3) de Argentina, Panamá, Paraguay, Colombia y Brasil.

Puntajes promedio en Lectura por cuartiles de nivel socioeconómico (PISA 2022)
Puntajes promedio en Lectura por cuartiles de nivel socioeconómico (PISA 2022)

“Los resultados de PISA señalan que en Argentina tenemos un problema de enseñanza a nivel sistémico, en todos los niveles socioeconómicos. Aquí no se salva nadie: ni los estudiantes de mayor poder adquisitivo están aprendiendo a pensar por sí mismos o desarrollando competencias para la vida”, plantea Melina Furman, profesora de la Universidad de San Andrés e investigadora del Conicet.

Sandra Ziegler, investigadora de Flacso Argentina, coincide: “El sistema educativo presenta dificultades endémicas que exceden el origen socioeconómico de los alumnos. Si bien algunos actores suponen que la asistencia a determinadas escuelas permite estar indemnes ante los problemas educativos, el informe demuestra que los cuartiles más altos también están afectados en su rendimiento en el área de Lengua, y desmiente a los actores que señalan que sus hijos están preservados de los problemas que afectan a la educación en general”.

Por su parte, Verónica Cipriota, directora ejecutiva de Enseñá por Argentina, señala la necesidad de reconocer las desigualdades pero también de repensar el sistema en su conjunto: “Incluso en los estratos más altos, la falta de logros educativos es evidente, lo que sugiere que el problema va más allá de la distribución de recursos y afecta a la calidad en general. Todos los estudiantes argentinos tienen el potencial de aprender más y merecen la oportunidad de hacerlo. Por lo tanto, es crucial entender que, así como la crisis no se limita a un solo segmento de la población, tampoco puede hacerlo la solución. Los países que están en vías de mejora han logrado avances mediante acuerdos inclusivos y el compromiso de toda la sociedad”.

Algunas pistas para la mejora

¿Cómo empezar a revertir estos resultados? Varios expertos vienen poniendo el foco en la necesidad de fortalecer la alfabetización inicial como base necesaria para garantizar la comprensión lectora. Un grupo de más de 60 organizaciones de la sociedad civil ha pedido que la educación sea el primer punto del Pacto de Mayo que propuso el presidente Javier Milei, y reclama que dentro de las políticas educativas la alfabetización temprana sea considerada un “primer paso urgente”. Las impulsoras de la iniciativa son la Coalición por la Educación, Padres Organizados, Asociación Conciencia, CIPPEC y Fundación Potenciar Argentina.

Más allá del foco en la alfabetización inicial, el informe del Observatorio de Argentinos por la Educación también ofrece pistas para pensar la mejora. Kit, Nistal y Orlicki analizaron algunas respuestas de los estudiantes de 15 años a los cuestionarios complementarios de PISA 2022. Allí encontraron, entre otras cosas, que la mayoría de los estudiantes argentinos (51,7%) está de acuerdo o muy de acuerdo con la frase “Mi inteligencia es algo que uno no puede cambiar mucho”. Por otro lado, el 19% considera que no es perseverante en sus tareas, mientras que un 58% sí se considera perseverante y un 23% no se pronuncia al respecto.

Proporción de alumnos argentinos que acuerdan con la frase "Mi inteligencia es algo que uno no puede cambiar mucho"
Proporción de alumnos argentinos que acuerdan con la frase "Mi inteligencia es algo que uno no puede cambiar mucho"

A partir de estas cifras, Juan Cruz Perusia, investigador principal de Educación en CIPPEC, destaca la necesidad de poner el foco en “la gestión de las expectativas de los estudiantes y, más específicamente, poder apoyarlos en el desarrollo de una ‘mentalidad de crecimiento’, que reconozca que la inteligencia no es algo fijo sino que se puede mejorar con trabajo, y esto redunda en reducción del estrés asociado a la escuela y en mejores resultados académicos”.

Furman coincide: “Los datos muestran que parte del problema tiene que ver con la necesidad de que los alumnos puedan aprender a concentrarse y a terminar las tareas que emprenden, y puedan confiar en que su inteligencia no es algo fijo sino un atributo sobre el que pueden mejorar con esfuerzo. Estos resultados nos están dando pistas sobre la necesidad de trabajar estas cuestiones en la escuela, porque también son centrales al aprendizaje”.

“Es importante trabajar en la desconfianza de los estudiantes acerca de sus posibilidades de superar sus obstáculos de aprendizaje. Asumir que alguien no tiene habilidad implica claudicar frente al esfuerzo que supone el trabajo escolar”, agrega Ziegler.

Kit enfatiza que este desafío trasciende el área de Lengua y es transversal a las materias: “El dominio de la lectura se enseña explícitamente en todas las asignaturas, y no solo como asunto del docente de Lengua. Otras habilidades, tales como la percepción de la inteligencia como algo que puede desarrollarse con esfuerzo y perseverancia, también deben ser desarrolladas con una formación explícita, sistemática y valorada a lo largo de toda la escolaridad”.

La especialista concluye: “Tenemos que lograr trasmitir a nuestros estudiantes que la recompensa a este esfuerzo de dominar la lectura es grande, ya que el mundo de la palabra escrita es un espacio de crecimiento, aprendizaje, intercambio y entretenimiento”.

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