La escuela sustentable que se construyó en Uruguay, similar a la que se hará en Mar Chiquita
La escuela sustentable que se construyó en Uruguay, similar a la que se hará en Mar Chiquita

Apenas salía de la universidad de arquitectura cuando se dio cuenta de que la gente tiraba sin remordimientos las latas de gaseosa en la calle. Al mismo tiempo, los medios hablaban de cómo se talaban montones de árboles para construir casas y el efecto negativo que ello traía sobre los bosques. "Entonces pensé, bueno, tenemos que construir casas, pero también tenemos que cuidar los árboles", le dijo Michael Reynolds a Infobae durante su visita a Buenos Aires.

Cuatro décadas después, Reynolds es el fundador de Earth Biotecture, el mayor representante de la construcción sustentable a nivel mundial, también conocido como "el guerrero de la basura". En los primeros meses de 2016, comandó el proyecto que dio por finalizada la primera escuela sustentable de Latinoamérica en Uruguay, en la localidad de Jaureguiberry, en el departamento de Canelones. Ahora el modelo se replicará en Argentina por primera vez.

Los resultados de la escuela uruguaya, hasta el momento, fueron excelentes. Tuvo un aumento del 36% en la matrícula, casi no hubo faltas (96% de asistencia) y se adentraron en un mundo diferente del que conocían. Rita Montans, maestra de la institución, contó que cuando se inició había "un montón de interrogantes". Con el tiempo, sin embargo, entendió de la magnitud de la propuesta. "La sustentabilidad nos empezó a atravesar. La escuela sustentable nos enseño a repensar la educación", comentó.

Michael Reynolds está de visita en Argentina para comandar el proyecto
Michael Reynolds está de visita en Argentina para comandar el proyecto

En verano, la escuela es fresca. En invierno, es cálida. Sin necesidad de estar conectados al sistema eléctrico. Genera agua corriente gracias a las lluvias, sin pertenecer a una red sanitaria: "Fue muy rico en experiencias. Todos estos sistemas funcionan y los chicos chicos cosechan, investigan. Aprenden más allá de lo que son las materias curriculares", agregó la maestra.

A partir de marzo, en Mar Chiquita, a apenas 25 kilómetros de Mar del Plata, 200 voluntarios de distintas partes del mundo trabajarán para confeccionar la primera institución sustentable del país en solo 45 días. "El concepto es el mismo que se desarrolló en Uruguay. La estructura es como una máquina, como un pequeño motor de un auto, que permite hacer pequeños cambios para adaptarse a las necesidades", explicó Reynolds.

La escuela tendrá 300 metros cuadrados para los sesenta niños de entre 6 y 12 años que cursarán allí. Será 100% autosuficiente y se convertirá en "referencia" para las otras sesenta instituciones de Mar Chiquita, que apunta a la completa sustentabilidad para 2020. El proyecto, que costará cerca de 300 mil dólares, lo lleva adelante una ONG uruguaya con el apoyo de tres importantes empresas.

La escuela tendrá una huerta donde se producirán alimentos orgánicos
La escuela tendrá una huerta donde se producirán alimentos orgánicos

El edificio, la nueva primaria de la Escuela N°12, utilizará en su construcción más de 2.000 cubiertas usadas, 4.000 botellas y 8.000 latas recicladas, y contará con energía eléctrica a través de una red de paneles solares. Por su método, la escuela se mantendrá todo el año en una temperatura estable que oscila entre 18° y 25° y se abastecerá del agua de lluvia, reutilizándola en tres ocasiones antes de su disposición final.

"En la escuela, la sustentabilidad no es solo una materia de estudios, sino que es experiencial. Se cosecha, se riega la huerta, se producen alimentos orgánicos, se trabaja con iluminación solar. Es muy importante en el aprendizaje", puntualizó Martín Espósito, director de la ONG.

Michael Reynolds está convencido de que la arquitectura no es lo que se necesita. "Se requiere 'biotectura'. Todos los materiales están sobre nuestras narices en cada ciudad del mundo. Los materiales que hoy se venden para la construcción son la verdadera basura. Las latas son mejor que los manufacturados y los tiramos".

-Son mejores y están al alcance de la mano. ¿Por qué cuesta tanto instalarlos?

-Si crecés con una creencia durante 30 o 40 años, es muy difícil escapar de ello. Nuestra mente es muy permeable. Tenemos tantos dogmas incorporados como adultos, que nos tienen acorralados, es muy difícil salir de ellos. Es uno de los motivos por lo que es tan importante ir a las escuelas.

-¿Cómo se ensamblan las latas, los neumáticos y botellas para formar una estructura sólida?

-Es el mismo enfoque que se toma con los materiales habituales. No requiere ningún tratamiento especial. En definitiva, estos materiales son mejores que cualquiera que se pueda tener en construcción y además son del planeta: están en todas partes.

-Su educación en arquitectura fue tradicional. ¿Cómo logró desentenderse de eso?

-Sí, fue tradicional e inútil. Cuando comencé a construir casas sustentables, algunos pensaban que era único; otros que era un idiota. Los medios comenzaron a darme importancia no por la ecología, sino porque les llamaba la atención que un loco estuviera usando la basura en un desierto.

-¿Por qué ahora apuesta por las escuelas?

-Me pareció que era la manera ideal de enseñarles a los niños desde jovencitos a cómo ver y diseñar el futuro. La educación tradicional lo que está haciendo es enseñarles a los chicos lo mismo que hacemos nosotros. Estos nuevos edificios les da la posibilidad de experimentarlo en primera persona.

-¿Cómo es trabajar como cabeza de equipos que no tienen conocimientos sobre construcción?

-Suelo trabajar con gente sin formación. Lo que es importante es tener la energía y ganas de hacerlo. A trabajar con latas y poner tierra en una cubierta se lo puede aprender en una hora. Lo que busco es que esté el deseo de contribuir.

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