Los mercados petroleros vuelven a estar en vilo

Los bombardeos pueden haber cesado, pero el suministro energético pende de un hilo

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Vuelve la incertidumbre en el mercado petrolero por el conflicto en Medio Oriente (REUTERS/Pavel Mikheyev)

Durante algunas semanas de este verano, uno podía mirar el precio del petróleo y olvidar que la guerra de Irán había sucedido. En junio, Estados Unidos firmó un acuerdo con Irán, levantando las sanciones a las exportaciones de crudo de su enemigo a cambio del paso seguro de los barcos por el estrecho de Ormuz. Mientras los petroleros se apresuraban a salir del Golfo Pérsico, un repentino “mini exceso de oferta” empujó los futuros del Brent —el índice de referencia internacional— a su nivel de preguerra de 72 dólares el barril.

De pronto, el estrangulamiento del mercado ha vuelto a entrar en escena. Tras los nuevos ataques iraníes contra buques cisterna y 13 noches de bombardeos estadounidenses, el tráfico en Ormuz se ha desplomado. En Yemen, los rebeldes hutíes —aliados de Irán— han declarado un bloqueo a los puertos de Arabia Saudita en el Mar Rojo, en represalia por el bloqueo que los propios saudíes mantienen sobre los puertos que ellos controlan y los ataques al aeropuerto de Saná, la capital. Afirman haber lanzado drones y misiles contra instalaciones petroleras saudíes (aunque desde Arabia Saudita no han hecho comentarios). El 23 de julio, el Brent rozó los 102 dólares por barril. Aunque cerró a 97 dólares al día siguiente, la cifra sigue siendo un 35% más alta que el 1 de julio. A menos que el tráfico se reanude pronto, podría superar el máximo intradía de 139 dólares de 2022 —registrado tras la invasión de Rusia a Ucrania— y escalar hacia los 150 dólares para septiembre, advierte Jorge León, de la consultora Rystad Energy.

Al inicio de la guerra con Irán se hicieron pronósticos similares que no llegaron a materializarse en los cuatro meses posteriores. Podría ocurrir lo mismo esta vez. Para el 26 de julio, habían pasado dos días sin nuevos ataques de Estados Unidos ni de Irán; y mediadores de Omán ya se encontraban en Teherán. Sin embargo, los mercados energéticos operan ahora en una cuerda mucho más floja por tres razones: el problema de Ormuz se ha vuelto más complejo, han surgido nuevas amenazas y los sistemas de protección del mercado ya se han desgastado.

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Ormuz es el epicentro de la ruptura del alto el fuego. El acuerdo de junio, redactado con cierta ambigüedad, reconocía el derecho de Irán a participar en la “definición de la futura administración” del estrecho. Cuando los buques de guerra de Estados Unidos comenzaron a escoltar a los petroleros a lo largo de la costa de Omán, por un canal que no está bajo control iraní, Irán lo interpretó como una violación al pacto. Varios buques cisterna fueron atacados. Irán también apuntó contra los “buques lanzadera” que conectaban los puertos omaníes y emiratíes con los barcos que aguardaban fuera del estrecho, un atajo que había permitido reanudar las exportaciones más rápido de lo previsto. El tráfico que aún sobrevive está utilizando una ruta que Irán sí controla.

El flujo a través de Ormuz se ha desplomado: pasó de más de 8 millones de barriles por día (b/d) a principios de julio a menos de 2 millones en los últimos días. El crudo vuelve a acumularse dentro del Golfo Pérsico, mientras que el suministro en el exterior escasea. Las refinerías asiáticas que compraron cargamentos del Golfo para fines de este verano temen graves retrasos, si es que las entregas llegan a concretarse. Apenas 8 millones de barriles ofrecidos por la petrolera nacional emiratí a mediados de julio fueron adjudicados a refinerías de Corea del Sur, Taiwán y Japón, frente a los 20 millones por licitación en junio. Parece poco probable que Irán afloje la soga antes de que Estados Unidos haga concesiones serias.

Imagen de archivo de buques en el estrecho de Ormuz, cerca de la playa de Bandar Abbas, Irán. 22 mayo 2026 Majid Asgaripour/WANA vía Reuters.

La reanudación de las hostilidades ya se ha cobrado la vida de algunos marineros. El 15 de julio, India pidió a los armadores, administradores y agencias de contratación que dejaran de enviar a marinos indios —el segundo grupo nacional más numeroso del mundo, que representa un octavo del total de la industria— a través de Ormuz. Los problemas logísticos se acumulan. Las primas de los seguros contra riesgos de guerra pueden alcanzar ahora el 12% del valor de un barco, frente a un 0,25% antes del conflicto, señala un operador comercial. Los países del Golfo que habían empezado a pisar el acelerador de su producción la están recortando de nuevo por temor a la falta de capacidad de almacenamiento. Los analistas dudan de que las exportaciones vuelvan a los niveles de preguerra antes de principios de 2027.

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De las nuevas amenazas, la más grave es el bloqueo de los hutíes. Desde abril, Arabia Saudita ha enviado entre 2,5 millones y 3,5 millones de b/d adicionales de crudo —alrededor de la mitad de sus exportaciones diarias en 2025— a través de un oleoducto hasta Yanbu, un puerto en el Mar Rojo que solía operar apenas 700.000 b/d (ver gráfico 2), para luego despacharlo hacia Asia por el estrecho de Bab el-Mandeb (ver mapa). Japón y Corea del Sur se han vuelto especialmente dependientes de estos suministros.

No está del todo claro hasta qué punto llegará el bloqueo hutí. Afirman haber atacado a dos barcos saudíes que navegaban entre puertos de Arabia Saudita, pero permitieron que dos petroleros de propiedad china cargados con crudo saudí cruzaran Bab el-Mandeb. Algunos armadores no se quedan a esperar qué pasa: cuatro petroleros que transportaban barriles saudíes ya pegaron la vuelta, según cuenta Matt Wright de Kpler, una empresa de rastreo marítimo. Además, los buques de propiedad occidental planean esquivar el estrecho o lo cruzan con sus transpondedores apagados. Vortexa, otro monitor de tráfico comercial, contabilizó apenas diez tránsitos de grandes buques cisterna por Bab el-Mandeb el 23 de julio, frente a los 17 de dos días antes.

Como alternativa, los petroleros pueden cruzar por el Canal de Suez, pero no es una solución práctica. Es demasiado poco profundo para los superpetroleros a plena carga, por lo que una parte de su cargamento debe transferirse a buques más pequeños clase “Suezmax” antes de cruzar, lo que satura la capacidad operativa de los puertos; además, parte del crudo puede bombearse a través del oleoducto egipcio de Sumed, pero a un costo altísimo. Los tiempos de tránsito hacia Asia casi se duplicarán, superando los 50 días, lo que obligará a los importadores de esa región a iniciar una carrera contrarreloj para conseguir suministros alternativos, de por sí ya mermados por el cierre de Ormuz.

La otra amenaza al suministro mundial de crudo opera fuera de Medio Oriente. Entre el 17 y el 20 de julio, drones ucranianos atacaron cuatro petroleros que cargaban en la terminal del Consorcio del Oleoducto del Caspio (CPC) en el Mar Negro, un nodo clave por el que suelen pasar en torno a 1,5 millones de b/d de exportaciones de crudo de Kazajistán y Rusia. Las cargas han sido suspendidas y las licitaciones de agosto para el crudo del CPC quedaron desiertas. Kazajistán puede desviar algunas exportaciones a través de oleoductos de menor escala, pero aun así las refinerías del Mediterráneo podrían sufrir un déficit de 1 millón de b/d, agudizando la guerra global por los barriles.

Los amortiguadores del mercado —el recorte de la demanda y el consumo de los inventarios— ya no dan más de sí. Las importaciones chinas de crudo se han desplomado en más de 5 millones de b/d desde febrero. La demanda allí, y en muchos países de menores recursos, se ha recortado hasta el hueso. La reserva estratégica de Estados Unidos, de la que se han liberado más de 100 millones de barriles desde marzo, está en su punto más bajo desde 1983, y los inventarios comerciales se acercan rápidamente a su mínimo operativo.

En consecuencia, los mercados energéticos ya trabajan al límite. El precio del Brent “fechado” —es decir, para entrega en las próximas semanas— es ligeramente superior al de la entrega a un mes vista. La curva de futuros del Brent, que mostró una leve tendencia alcista a fin de mes, ha vuelto a invertirse. El estrangulamiento es aún peor en los productos refinados: la gasolina roza los 155 dólares por barril en Estados Unidos, el combustible de aviación los 160 dólares en Asia y el diésel los 175 dólares en Europa. Otras materias primas también están sufriendo el golpe. Los precios del gas en Europa están en su nivel más alto desde enero de 2023 debido a que el bloque compite a brazo partido con Asia por unos suministros escasos, advierte Natasha Fielding de Argus Media, una agencia de evaluación de precios. Qatar, que suele abastecer una quinta parte del gas natural licuado del mundo, ya dio el aviso de que podría no cumplir con algunos compromisos antes de mediados de octubre.

Si el conflicto dura solo un mes más, es posible que el Brent logre mantenerse por debajo de un techo de 100 dólares. Si la crisis se prolonga, otros países —además de Estados Unidos— tendrán que meter mano de manera mucho más drástica a unas reservas menguantes, empujando los precios aún más al alza a medida que el adelgazamiento de los márgenes de seguridad hace que una futura escasez sea más probable. JPMorgan, una de las firmas de pronósticos más conservadoras del mercado, advierte de que cada mes extra de interrupción sumaría entre 7 y 8 dólares al precio del barril. Si a esto le sumamos una prima de riesgo más alta —y asumiendo que no se produzca una nueva caída drástica del consumo—, un escenario con el crudo constantemente por encima de los 120 dólares por barril se vuelve muy verosímil para el final del verano.

Eso empujaría los precios de la gasolina estadounidense por encima de los 4,50 dólares por galón en los surtidores, frente a los 4,10 dólares que promedian hoy. En la anterior ola de escaladas bélicas, Donald Trump titubeó cuando la gasolina se acercó a ese umbral crítico. El hecho de que el Brent no esté ya más alto sugiere que los operadores comerciales siguen apostando a que el presidente terminará dando el brazo a torcer otra vez. Y más les vale tener razón.

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