Postal de la Escuela Hogar número 231 “Pichi Leufu Arriba”, en Río Negro
Postal de la Escuela Hogar número 231 “Pichi Leufu Arriba”, en Río Negro

Virginia Mamani vive y duerme con su hija más pequeña de lunes a viernes en Talapazo, Tucumán. Los fines de semana vive y duerme con su marido y sus otros hijos en San Miguel de Tucumán. Ella es unidocente y maestra plurigrado: vive y duerme en la escuela que dirige y cuida. De noche no sale del edificio: teme que la ataque algún animal. Su escuela, la número 37, queda sobre la montaña. Sólo la une un camino de cascajo, sin señalizar y un guía, un lugareño, alguien que conozca el camino. Hasta allí accedió una fundación que brega por el fortalecimiento y el desarrollo integral de las escuelas rurales.

Historias como las de Virginia se repiten en Las Mojarras, Catamarca, en San Rafael, Salta, en el Paraje Villa del Agrio, Neuquén. Todas están unidas por una condición, un compromiso y una vía de circulación. La Fundación Ruta 40 es una iniciativa que reúne escuelas rurales próximas al camino que atraviesa el largo del país: la ruta 40. Su misión consiste en promover la igualdad de las oportunidades educativas, mediante proyectos sustentables e integrales. Su visión es lograr que los alumnos tengan una educación de calidad y que puedan forjar así su propio futuro.

El nombre de la fundación no es antojadizo: cree que la educación es la columna vertebral de un país. Había surgido como un emprendimiento familiar que sintió el compromiso de involucrarse en las comunidades rurales del país. La familia solía viajar por todo el territorio nacional, de sur a norte: la ruta 40 era su camino. En 2005 la Fundación adoptó el nombre de la carretera federal que divide al país en dos con la intención de acercar posibilidades y fortalecer la calidad educativa de las escuelas.

Alumnos de la escuela número 37 de Talapazo, en las sierras tucumanas
Alumnos de la escuela número 37 de Talapazo, en las sierras tucumanas

La fundación une: alumnos con oportunidades y empresas, donantes, voluntarios, ONGs con el sistema educativo rural. Basa su trabajo en siete áreas de desarrollo: educación y tecnología; bibliotecas y promoción de la lectura, formación en valores, perfeccionamiento docente, promoción de la salud y el cuidado del medio ambiente, extensión cultural y deportiva, recursos e infraestructura. Su universo está compuesto por 45 escuelas (seccionadas en redes: por conceptos de infraestructura y colaboración), 3.326 alumnos y 411 docentes.

Los programas son variados aunque tienen un propósito madre: empoderar a la población rural. Las escuelas en contextos desfavorables suelen ser refugios, fuentes de inspiración, espacios de salvación. Allí funcionan comedores, salitas, guardias, bibliotecas, hogares, fiestas. Allí se acude a imprimir, a realizar proyectos comunitarios, a jugar. Son lugares que superan la coyuntura educativa: funcionan como un punto vital del pueblo, como centro comunal de producción y sociabilización.

La Fundación Ruta 40 presta un escenario de facilitación de funciones y poderes. Su motor es presencial, su idea es mostrar cercanía, vínculo, acompañamiento: "necesitan saber que no están solos". A la vera de la ruta que recorre la columna vertebral del país se tejen redes de comunidades educativas, apadrinadas por una fundación que gestiona ayudas, que empata las necesidades con las ganas de ayudar. Porque la "educación -dicen- es la columna vertebral del desarrollo de las personas".

LEA MÁS: