La balanza comercial de marzo arrojó un déficit de USD 1.059 millones, frente al superávit de USD 271 millones de igual mes del año pasado, informó el Indec. Se trata del desequilibrio más marcado en el intercambio comercial desde agosto de 2018.
Las exportaciones 22,2% de manera interanual y alcanzaron USD 5.723.millones y las importaciones retrocedieron 4,2% para quedar en USD 6.782 millones. De esta manera, el primer trimestre dejó un saldo negativo de USD 1.290 millones frente a la ganancia de USD 1.386 millones del mismo período del año pasado.
Las exportaciones de marzo mostraron una caída de USD 1.631 millones que se debió principalmente a menores ventas de trigo, unos USD 463 millones, más otros 740 millones del complejo sojero, ya sea porque también se vieron afectados por la sequía, o porque se adelantaron las ventas con los anteriores programa de promoción de exportaciones. Incluso la exportación de biodiésel cayó USD 187 millones; y el maíz en grano, excluido para siembra, USD 158 millones, entre otras bajas.
Respecto a los productos importados, en este período se destacaron algunas bajas en gasoi USD 327 millones; fueloil, USD 117 millones; vacunas para medicina humana USD 59 millones; y unidades de máquinas automáticas para tratamiento o procesamiento de datos USD 42 millones.
El dato de la balanza comercial, que tuvo así su déficit más marcado desde agosto de 2018, se da en el marco de la severa sequía y la sangría de divisas que arrastra el Banco Central desde que se inició el año. La caída de las exportaciones también implicaron una fuerte caída en los ingresos fiscales del comercio exterior.
Para la consultora Abeceb, “las perspectivas hacia adelante no son favorables, sobre todo para los próximos meses en un contexto que los impactos de la sequía sobre la cosecha y las exportaciones agroindustriales se profundizan. De hecho, en el último mes se volvieron a revisar a la baja las proyecciones de las exportaciones agroindustriales que caería en torno a USD 14.000 millones en relación con 2022″.
“En ese contexto sólo un torniquete adicional sobre las importaciones permitiría cerrar el año 2023 con un ligero superávit comercial en torno a los USD 2.000/3.000 millones (con riesgo a la baja); menos de la mitad del verificado en 2022 (USD 6.923 millones) y menos de un quinto de ‘super’ saldo comercial positivo de 2021 (USD 14.750 millones)”, mencionó esa consultora.
El Gobierno busca una forma de acotar el déficit externo por la vía de los servicios, un rubro en que la economía argentina es deficitaria en las últimas dos décadas. Una de ellas y que asoma como una de las candidatas a ser revisada en lo sucesivo por el equipo económico es la del turismo emisivo, es decir, los gastos que hacen residentes argentinos en viajes al exterior.
Puesto en números: esta canilla implicó un déficit cambiario de alrededor de USD 6.000 millones. Hasta octubre, de acuerdo datos del BCRA, la salida de divisas por esta vía superaba los USD 5.100 millones.
Por lo pronto, existen dos esquemas de dólar turista: para los consumos menores a USD 300 por mes, se paga el valor de la divisa oficial más el 30% de impuesto PAIS y el 35% de anticipo de Ganancias o Bienes Personales. Para los consumos superiores la percepción es de 45% a cuenta de Ganancias y un 25% a cuenta de Bienes Personales, lo que se conoce como dólar Qatar.
Datos del BCRA -hasta octubre- dan cuenta que, además de la cuenta de turismo, en 2022 el uso de divisas por fletes superó los USD 3.700 millones, por transporte de pasajeros le insumió USD 1.200 millones a la entidad monetaria, el pago de servicios empresariales, profesionales y técnicos otros USD 1.400 millones. En total, la cuenta de servicios demandó en diez meses de 2022 más de USD 15.000 millones.
Para el FMI, el 2022 terminó con un déficit en la balanza de servicios de USD 7.100 millones y debería reducirse a USD 5.500 millones este año. El propio organismo dio una pista de por dónde irían las mayores restricciones importadoras: “Se necesitan esfuerzos tempranos y decisivos para racionalizar el complejo régimen cambiario para desincentivar el acaparamiento y alentar la liquidación de granos y contener las importaciones, especialmente de servicios y productos de lujo”, que podrían en un contexto de brecha alta ser sujetos al sobrestockeo. Para el Fondo, el nivel de reservas actual es tan crítico que solo cubre tres meses de importaciones.
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