Todo comenzó con la exclusión del sistema SWIFT de operaciones bancarias internacionales y el bloqueo del Banco Central de Rusia. Luego se fueron sumando la decisión de petroleras privadas de desistir de proyectos y asociaciones con empresas rusas, el cese de operaciones de gigantes de la tecnología como Google, Apple, Microsoft, Amazon y de proveedores y distribuidores de contenido como Netflix y Disney, tarjetas de crédito como Visa y Mastercard, el cierre de cadenas como McDonalds y Starbucks y el embargo al petróleo ruso anunciado por EEUU y el Reino Unido. Más de 300, en total.
En el medio, también fueron dejando Rusia las grandes marcas de la moda y el lujo, de Chanel a Armani, que en conjunto vendían allí casi USD 6.800 millones anuales, según datos de Euromonitor citados por la revista Forbes. “Decidimos cerrar temporalmente nuestras tiendas y frenar nuestra actividad comercial” lamentó la francesa Hermés, en tanto el grupo suizo Richemont dejó el jueves pasado de vender productos de Montblanc, Chloé, Van Cleef & Arpels y Cartier, entre otras, y Chanel cerró las 6 tiendas que tenía en Moscú y la de San Petersburgo, la cuna de Vladimir Putin.
In fragancia
Mucho más viejo es el pasado común entre Chanel N° 5, el perfume más famoso de la historia occidental, y Krásnaia Moskvá (Moscú Rojo) el perfume clásico de la Rusia soviética.
Ambos perfumes, cuenta Karl Schlögel, historiador alemán especializado en Rusia y la ex Unión Soviética, en su libro The Scent of Empires (El aroma de los imperios) fueron creados a partir de fragancias desarrolladas por dos perfumistas franceses en la época de los zares. Uno de ellos, Ernest Beaux, volvió a Francia tras la revolución rusa y conoció a Gabrielle ”Coco” Chanel, que lanzó su famoso perfume “Número 5″ en plena belle epoque y, ya famosa, entabló una relación, que algunos hasta calificaron de “colaboracionismo”, con los nazis en la Francia ocupada.
El otro, Auguste Michel, se quedó en Rusia y contribuyó al desarrollo de la industria del perfume por su relación con Polina Zhemchuzhina Molotova, esposa del entonces canciller soviético Vyacheslav Molotov.
Molotov (en ruso, martillo) había conocido a Stalin en los años previos a la revolución, cuando colaboraba en el Pravda, por entonces un panfleto revolucionario y, luego, durante más de 70 años, el diario oficial de la Unión Soviética. Fue quien en agosto de 1939 firmó con el ministro de exteriores de Adolf Hitler, Joachim von Ribbentrop, el pacto de no agresión nazi-soviético, que también incluía acuerdos secretos para la partición de Europa Oriental, Finlandia y los países bálticos y antecedentes en la colaboración de Moscú para el rearme alemán, circunvalando el Tratado de Versalles, tras la primera guerra mundial, como recordó recientemente en Infobae el economista y diplomático argentino Felipe Frydman.
Canastas y cócteles
Las famosas “bombas Molotov” no fueron una creación suya, sino una ironía de los finlandeses, que en noviembre de 1939, tres meses después de aquel pacto, cuando fueron invadidos por Moscú, bautizaron “cóctel Molotov” a las botellas con combustible que arrojaban a los tanques invasores. Molotov había intentado hacerles creer en un mensaje radial que las bombas de racimo que lanzaban los aviones soviéticos eran canastas de comida. Si Molotov puso la canasta, dijeron, ellos pondrían el cóctel.
Después del triunfo de la revolución rusa, Molotov había conocido a Polina Zhemchuzhina, “comisaria del pueblo” de la industria de la alimentación y primera candidata mujer al Soviet Supremo, que extendió su comisariato a la cosmética, se interesó por el perfume del francés Auguste Michel y, como Krásnaia Moskvá, lo impuso como el perfume clásico de la era soviética, desde Moscú hacia el este y el oeste, hasta el lado oriental de Berlín.
“Uno de los primeros perfumes basados en un aroma completamente sintético (un aldehído), fue el Chanel, creado en 1922 y desde entonces un clásico de sensual femineidad”, cuanta la escritora norteamericana Diane Ackerman en su libro “Una historia natural de los sentidos”. Lo primero que se huele es el aldehído. Recién después la nariz detecta la nota intermedia de jazmín, rosa, lirio del valle, lirio de Florencia e ylang-ylang, hasta captar finalmente la nota de base, que transporta el perfume y lo hace durar: vetiver, madera de sándalo y de cedro, vainilla, ámbar, algalia y almizcle, a partir de moléculas. Las notas de base, escribe Ackerman, “son siempre de origen animal, antiguos emisarios de olor, que nos llevan a bosques y sabanas”.
Polina Zhemchuzhina-Molotova fue acusada de las campañas antisemitas de finales de la década del cuarenta y debió exiliarse junto a su esposo, que en 1949 también perdió el favor de Iosif Stalin y debió dejar su cargo de canciller. A la muerte de Stalin, Molotov volvió a los primeros planos del poder soviético, pero se opuso a la política de desestalinización que inició en 1956 el nuevo secretario general y líder soviético, Nikita Jrushchov, de nacionalidad ucraniana.
De hecho, cuenta Schlögel, que en otro libro, “El siglo soviético”, hace una verdadera arqueología de la Rusia del siglo XX, desde las Tiendas Beriozka, hasta las colas, las escaleras, los retretes y los libros de cocina, Polina Zhemchuzhina-Molotova fue “una ferviente estalinista” hasta su muerte en 1970. Pero pese al impulso que le dio y su origen común con Chanel N° 5, Krásnaia Moskvá nunca pudo competir en el mercado mundial de las fragancias.
Por cierto, era muy difícil que pudiera hacerlo en plena Guerra Fría y con bombas publicitarias como la que en 1952 lanzó Marilyn Monroe, sex symbol de la época y tal vez el mayor de la historia, cuando le dijo a la revista Life que para dormir solo se ponía unas gotas de Chanel N° 5.
En 2012, en un mercado mundial globalizado y mucho más competitivo, Chanel buscó reafirmar su mítico perfume con una campaña publicitaria tipo cuento de hadas protagonizada por Nicole Kidman. En Rusia, mientras tanto, Krásnaia Moskvá tuvo un poco exitoso intento de retorno en la era post-soviética. Tal vez ahora, con el terreno despejado de marcas occidentales, tenga una nueva chance.
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