
Con los datos de inflación en el canal mayorista, y en el segmento de la construcción, el Indec completó el set habitual de los índices que más mira el mercado, porque en el caso del Índice de Precios al Consumidor se lo toma como referencia para medir la capacidad de compra de los salarios, y también para ajustar otros precios, como los alquileres, y también desde hace un tiempo para las cuotas de los créditos hipotecarios ajustables; en el de los mayoristas porque anticipa el comportamiento esperado en la mitad, aproximadamente del IPC, la otra depende de servicios y precios regulados por el gobierno de turno; y el costo de la construcción la demanda de inversión.
Así, mientras que entre abril de 2017 e igual mes de 2018, cuando aún no se había desatado la corrección abrupta que acusó la devaluación del peso en los meses posteriores, hasta septiembre, se observaba una notable paridad en el ritmo de los precios, como del impacto de la suba del tipo de cambio, con un traslado (pass through) entre 74% y 85%; un año después se registró un singular desacople.
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Naturalmente, en todos los casos, influye notablemente la variación del tipo de cambio, tanto porque en la estructura de producción se observa un alto componente de insumos y partes, como de tecnología, importados; como en el caso del agro por la alternativa exportadora; como en la demanda de bienes de consumo final y inversión, también existe un importante presencia relativa de bienes procedentes del resto del mundo.
Eso hace que cuando los precios promedio de la economía, como el de inflación que se sintetiza en la variación del Índice de Precios al Consumidor, y también al por mayor, se mueven a una velocidad superior al tipo de cambio muchos economistas comienzan a inquietarse, porque ven esa brecha un atraso, o apreciación del peso, que tarde o temprano tenderá a corregirse, con efectos no deseados, como el deterioro del poder de compra de los salarios.
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Mientras que, por el contrario, cuando es la cotización del dólar en pesos la que se anticipa (overshooting), mejora la capacidad competitiva de la producción nacional con el exterior, y deja espacio para que se desacelere la inflación.
Sin embargo, en los últimos 12 meses los índices de precios del Indec tuvieron aceleraciones muy dispares, lideradas por los mayoristas donde el efecto de la devaluación es más decisiva sobre los valores de lista de los bienes transables con el resto del mundo, que en el caso del IPC o del costo de la construcción, donde gravitan otros factores, como los servicios públicos y privados, y también el poder de compra de los salarios y el nivel de las tasas de interés.
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El resultado en ese caso arroja un pass through notablemente amortiguado entre 22 y 25 puntos porcentuales, en los casos del IPC y del IPIM, y 38 puntos en el del costo de la construcción, porque el promedio de los precios subió entre uno y dos tercios de la tasa de devaluación del peso.
Ese fenómeno puede atribuirse fundamentalmente al efecto de la recesión, en particular en la industria y la construcción, por el efecto de pinzas que sobre la demanda final provocan la política de altas tasas de interés para desalentar la compra de dólares y la caída del salario real.
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Si esa fuera la interpretación correcta del mercado, entonces cabe esperar que cuando en algún momento llegue la cíclica recuperación del consumo, los precios que están contenidos tenderán a recuperar el atraso, para que las empresas puedan volver a obtener la rentabilidad histórica y reiniciar un proceso de inversión.
En cambio, también puede leerse como que el mercado cambiario se anticipó (overshooting), previendo que en un año electoral el Gobierno iba a utilizar todas las herramientas a su alcance para que se estabilice la cotización del dólar, apenas subió un 5% en 7 meses, para posibilitar que tras una aceleración de la inflación, se inicie un claro proceso de desaceleración, como el que se insinuó en abril y que podría intensificarse este mes de mayo.
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En ese caso, no son pocos los economistas los que alertan en el riesgo de generar un nuevo atraso cambiario que provoque el debilitamiento de las exportaciones e incentive la demanda de importaciones, más aún si se consolida un escenario externo donde la guerra comercial entre los EEUU y China está derivando en la baja sostenida de los precios de las materias primas, principal fuente de divisas de la economía argentina.
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