Murió Günter Parche, el hombre que intentó apuñalar a Monica Seles en pleno encuentro de tenis

A sus 68 años, el alemán falleció en el centro psiquiátrico en el que se encontraba tras protagonizar el ataque que quedó en la historia negra del deporte

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Reuters
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El protagonista de uno de los capítulos más negros de la historia del tenis mundial, Günter Parche, murió a los 68 años en un asilo para enfermos mentales. A este hombre se lo recuerda por ser el que intentó asesinar a la tenista Monica Seles en medio de un partido por los cuartos de final del torneo de Hamburgo.

Así lo confirmó recientemente el periódico alemán Bild, quien advirtió que el deceso se produjo en agosto del 2022.

“Durante su estancia en la casa, siempre pasaba desapercibido y participaba en las actividades de ocio: tardes de cine, manualidades y lectura del periódico. El personal de enfermería lo vistió, lo lavó. Cuando solo podía acostarse en la cama, había de 20 a 30 minutos de terapia individual. Su hermana Ina era su supervisora oficial”, detalló el medio en cuestión sobre los días que pasó en el centro psiquiátrico de Nordhausen (ciudad alemana de 45 mil habitantes) durante los últimos 14 años de su vida.

Bild también informó que durante las últimas cuatro semanas, Parche no se había levantado de su cama y permanecía en una habitación individual.

El fan de Steffi Graf fue liberado con un certificado de problemas mentales
El fan de Steffi Graf fue liberado con un certificado de problemas mentales

Cabe recordar que este sujeto, que se consideraba un fanático cegado por Steffi Graf, estuvo en prisión tan solo seis meses después de intentar acuchillar por la espalda a la ex tenista serbia ya que, tras dos juicios, se comprobó que tenía problemas psicológicos, por lo que fue sentenciado a dos años de libertad condicional y tratamientos mentales.

El próximo domingo 30 de abril se cumplirán 30 años del inesperado episodio que afortunadamente no terminó en tragedia.

A las 6:50 PM de aquel día, un ciudadano alemán de entonces 38 años presenciaba el partido de la serbia Monica Seles (de 19), ante la búlgara Magdalena Maleeva en Hamburgo, cuando decidió bajar las escaleras del recinto y saltar al campo para asestarle una puñalada en la espalda con un cuchillo de cocina de 13 centímetros de hoja. Aquel instante cambiaría para siempre la historia del tenis femenino.

Seles tenía todo para convertirse en la mejor tenista de la historia. Era junto a Steffi Graf la máxima estrella del deporte y, en esa competencia silenciosa pero feroz, la tenista nacida en Novi Sad, Yugoslavia, le quitó a la alemana el puesto N°1 del mundo en la clasificación de la WTA. Seles llegó a la cima el 11 de marzo de 1991 luego de un dominio de 187 semanas de su rival. Desde ese momento comenzó a gestarse un profundo odio en la mente de Günter Parche.

“De pronto sentí un dolor horrible en mi espalda… Me giré buscando de dónde venía el dolor y vi a un hombre detrás de mí levantando un cuchillo”, recordaba la serbia un tiempo después de aquel momento en que se sentó a descansar en su silla y fue atacada.

En 2009 publicó un libro contando su experiencia
En 2009 publicó un libro contando su experiencia

La tenista pudo recuperarse físicamente pero no psicológicamente. La herida de cinco centímetros cicatrizó en pocas semanas pero no volvió a competir por dos años. Era agosto de 1995 y ella volvía al circuito sin ser la número uno, puesto que volvió a ocupar la alemana, dos meses después del ataque.

La serbia puso fin a su carrera con una dolorosa derrota por 6-4 y 6-0 ante Nadia Petrova en primera ronda del Roland Garros en 2003, curiosamente, el primer torneo grande que ganó con 16 años.

Seis años después, En 2009, Seles confesó que padecía de un trastorno alimenticio por atracones llamado Bringe eating disorder (BED). “La comida era mi mejor amiga”, aseguraba. Un trastorno alimenticio directamente vinculado con aquel episodio que nunca podrá olvidar.

“Me sentía sola y comía”, explicaba tiempo atrás al “Herald Sun”. Similar a la bulimia, el BED se caracteriza por tener episodios de ansiedad y voracidad con la comida, la diferencia es que tras darse un atracón, la persona no se provoca el vómito, ni acude a laxantes. “Comer de esa manera era mi mecanismo de defensa. Utilizaba la comida para curar mi estrés”, se lamentaba.

Finalmente, en un libro que llamó: “Getting a Grip: On My Body, My Mind, My Self”, la ex tenista contó que pudo superar aquel trastorno a partir de un momento decisivo: “Un amigo me había pedido que sea la dama de honor en su boda. Yo quería ser glamorosa. Sólo me quería sentir, ya sabes, una chica hermosa y todas esas cosas. Para ello tuve que recurrir a innumerables ajustes porque mi peso no era el mismo debido a mis atracones. Llegó un punto en que dije: ‘Hay más en la vida que esto. Necesito ayuda’”

Tras esa reflexión acudió a un médico que la atendió y le dio una estricta dieta, ya que el trastorno compulsivo por atracones, no se oficializó como una enfermedad hasta el 2013, cuando se convirtió en el trastorno alimenticio de mayor incidencia en Estados Unidos, por encima de la bulimia y la anorexia.

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