Marcelo Gallardo en uno de los días con atención a los fanáticos (Foto: River oficial)
Marcelo Gallardo en uno de los días con atención a los fanáticos (Foto: River oficial)

Nada de esquí, ni de rafting, ni de carreras de alta montaña. Los deportes extremos también quedan relegados por el fenómeno que conmociona a San Martín de Los Andes, una ciudad turística y ajena al fútbol que durante casi una semana no hizo más que latir al compás de un equipo de fútbol. De River se habla a orillas del lago Lácar como cerca del volcán Lanín. En la plaza San Martín y en la cumbre del cerro Chapelco. En las excursiones acuáticas de los turistas a Quila Quina y en los restoranes del centro de la ciudad. Y detrás de esa pasión que el viernes pasado convocó a más de 24 mil personas para recibir al plantel se tejieron y se tejen historias que vale la pena contar desde la Patagonia.

• 1 César Cisneros es un salteño que desde hace diez años vive en Bariloche. Tiene 40 años y, según cuenta, se dedica “a hacer changas”. El sábado viajó hacia San Martín de Los Andes y se quedó durante todo el día haciendo guardia en la puerta del Chapelco Golf y Resort, el complejo de 266 hectáreas donde está alojado el plantel de River. Se hicieron las 22 y el hincha seguía ahí, estoico, esperando que algún jugador o integrante del cuerpo técnico salieran del predio, algo que no iba a ocurrir. “Me habían dicho que Gallardo vino hace un tiempo de vacaciones y salía a saludar a la gente en algún momento del día. Pero esta vez no tuve suerte”, afirma. Al ver que se hacía ‪de noche‬ y que el hincha vería frustrado su deseo, uno de los encargados de seguridad del complejo se le acercó para sugerirle que se fuera a su casa para no pasar tanto frío ahí. “Me voy a quedar a dormir acá”, le respondió el hincha, al que tuvieron que convencer incluso con la presencia de un par de policías de que no se quedara en el lugar. Volvió el domingo a la mañana y ahí sí tuvo suerte: al regresar del entrenamiento en el campo de polo “El Desafío”, Gallardo dio la orden de que los jugadores bajaran del micro para acercarse a los hinchas y se llevó de recuerdo varias firmas y selfies. “Ahora me puedo morir tranquilo”, exagera y agrega: “Sufrí mucho antes de la final contra Boca en Madrid porque una derrota podía ser tremenda. Viví todos esos días con mucha tensión y estos pibes me regalaron la alegría más grande de mi vida”.

• 2 Más de 100 personas participaron de la confección de la bandera de 75 metros de largo por cuatro de ancho que acompañó al plantel en la llegada a esta ciudad y que fue desplegada en el entrenamiento del lunes en el campo de polo “El Desafío”. Esos hinchas, que junto a muchos otros intentan que River los declare filial oficial del club, estaban deseosos de tener la chance de ver de cerca a Gallardo, Ponzio, Enzo Pérez, Pratto y compañía. Consiguieron el permiso, pero solo para que ocho pudieran acceder a ver un entrenamiento. El modo salomónico que encontraron de resolver la situación fue a través de un sorteo. Y en River quedaron asombrados porque vieron llorar a más de uno de esos hinchas ante la emoción que significó para ellos estar tan cerca de un plantel al que habitualmente solo ven por televisión.

Recibimiento a River en San Martín de los Andes

• 3 La policía Rosana Bello, encargada del operativo de seguridad del plantel de River, recibió pedidos que la sorprendieron antes de la llegada del equipo. “Yo estoy dispuesto a trabajar en la custodia del plantel de River”, le dijeron muchos policías con el único propósito de estar cerca de sus ídolos, más allá de que sabían que eso no les representaría un ingreso económico extra. Así, es común ver una fila de quince policías con sus camisetas y sus banderas formando un pasillo para que los jugadores se las firmen cuando pasan a almorzar por el lobby del Loi Suites Chapelco, el hotel donde se concentra el plantel. Así, los jugadores van parando uno a uno para dejar sus autógrafos ante las miradas respetuosas de los policías, que casi ni atinan a hablarles: su lenguaje es estirar los brazos para que ellos vean las camisetas o las banderas y las firmen. Lo mismo suele ocurrir con empleadas y empleados del lugar. A la hora del almuerzo, el jefe de seguridad del plantel de River, Luis Valla, suele autorizar el ingreso al lobby de quince o veinte empleados para que ellos también se lleven su recuerdo del conjunto más ganador de la historia del club de Núñez.

• 4 Alquilar una casa en el complejo donde está ubicado el hotel cuesta 500 dólares por día. Tienen lugar para que duerman doce personas, de manera que tranquilamente pueden vivir allí tres o cuatro familias. Eso es lo que hicieron al menos diez grupos familiares para estar junto a River aquí. A caballo de una situación económica holgada, se quedaron una semana en el lugar para poder ver casi todos los entrenamientos vespertinos del equipo, que casi siempre se realizaron en la cancha de golf del predio, diseñada por el estadounidense Jack Nicklaus. Otras familias, en cambio, decidieron pagar 300 dólares por una habitación en el hotel para -por caso- verlos pasar todos los días por el lobby. “Gracias por todo, Marcelo”, le dijo el martes una señora de más de 70 años a Gallardo, enfundada en una bandera de River a modo de capa. El técnico le dio un abrazo, le regaló una sonrisa y le firmó el trapo. La mujer se dio vuelta con los ojos inundados.

• 5 Federico Obejero combina tres pasiones variopintas: es “enfermo” de River según sus propias palabras, disfruta “enormemente” de su trabajo de abogado y tiene un hobby que además le permite ganar de dinero: guía de pesca. Federico, quien tiene 40 años y vive aquí en San Martín de Los Andes, con su hijo y un amigo de nombre Ian se propusieron algo: que durante los siete días en los que River permanecerá aquí, los jugadores vean la bandera del club en lo alto del cerro Los Pinos, a 1300 metros de altura. Hasta allí subieron ambos para dejar plantado el trapo blanco y rojo, como quien marca territorio, en una de las cumbres que el miércoles apareció con nieve ante la fuerte caída de la temperatura que se produjo en las últimas horas, con mínimas de cinco grados. “Gallardo y el plantel se merecían eso y mucho más. Este equipo nos dio la máxima alegría de nuestra vida”, dijo y no hizo falta que hiciera mención a la final de la Libertadores para saber que hablaba de la imperecedera consagración ante Boca en el Santiago Bernabéu.

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