El lado futbolero de Cacho Castaña: el ídolo de la Selección al que se parecía y su pasión por San Lorenzo

El cantante murió este mediodía a los 77 años. Y se vinculó al fútbol desde la bohemia, como deportista aficionado y a partir de su amor por el Ciclón

Cacho, en la fiesta del Centenario de San Lorenzo, en 2008: hizo vibrar al público entonando "Matador" (Captura de pantalla)
Cacho, en la fiesta del Centenario de San Lorenzo, en 2008: hizo vibrar al público entonando "Matador" (Captura de pantalla)

La figura de Cacho Castaña encuentra un lazo directo con el fútbol a partir de San Lorenzo. Toda su familia era hincha del Ciclón y “de chiquito” lo llevaba al Viejo Gasómetro, al templo de Avenida La Plata cuyos terrenos el club consiguió recuperar, y en donde proyecta volver a edificar su hogar. El artista no llegó a verlo, uno de los sueños azulgranas que le quedaban por cumplir. Pero sí fue una de las voces que animaron la fiesta del Centenario, el 1° de abril de 2008, en el Bajo Flores. Y entonó (lógicamente) “Matador”, en uno de los hits que más levantaron a los hinchas en la celebración.

La bohemia también lo asoció al fútbol. En el mítico Café la Humedad supo compartir mesa con Coco Basile, incluso antes de destacarse uno como cantautor y el otro como defensor y luego como director técnico. Supieron reencontrarse en el programa de TV Buenos Muchachos, con otros amigos que le dio la pelota, como Héctor Veira y Guillermo Coppola.

Cacho era admirador de Los Carasucias, el equipo de San Lorenzo de mediados de los 60, conformado por juveniles irreverentes y famoso por su brillo. Allí también estaba el Bambino. Y el mejor equipo que vio en su vida fueron Los Matadores, el Ciclón campeón invicto del Torneo Metropolitano de 1968. Incluso lo colocaba por encima del que rompió el estigma del club en la Copa Libertadores en 2014; más allá de la alegría que le regaló. También lo sentía superior al que condujo Manuel Pellegrini en 2001, que aún hoy ostenta el récord de triunfos consecutivos en el fútbol local (13).

Humberto Castagna (su nombre real) se encendía con los clásicos, sobre todo, ante Boca y Huracán. “Son hijos nuestros”, se jactaba, porque el Cuervo se mantiene arriba en el historial. ¿Su filosofía futbolística? Estaba emparentada a la de un hombre surgido en el Ciclón, pero que se transformó en un referente en Estudiantes y en la selección argentina: Carlos Bilardo. “Era tramposo, y en el fútbol necesitás una cuota de picardía para ser más que el rival”, le reveló a Olé en 2012.

“San Lorenzo es el único amor que me duró toda la vida”, era otra de sus frases de cabecera. Ahora bien, ¿cómo jugaba Cacho al fútbol? Actuaba como delantero, con la melena salvaje, suelta. Y se definía como un puntero veloz. Por ende, la asociación con Claudio Paul Caniggia se adivinaba lógica. “Era como el ‘hijo del viento’", solía contar.

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