Los skaters porteños: una tribu urbana invisible a los ojos de la sociedad

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A pocos metros de la Parroquia Universitaria San Lucas, con la Facultad de Medicina como testigo y el constante tránsito que convierten a la Avenida Córdoba en un caos, se encuentran ellos. Son invisibles. Despreocupados. Ajenos al ritmo que impone la velocidad de Buenos Aires.

Todos los días en el skatepark de la Plaza Houssay los amantes del deporte urbano se reúnen para exponer sus trucos y patinar sin prejuicios. Sin temor al ridículo. En la pista las caídas son signos de aprendizaje y la competencia es sinónimo de compañerismo. Mientras la mayoría de los jóvenes se inclina por las canchas de fútbol o básquet, que también forman parte del predio, ellos optan por la tabla y las cuatro ruedas.

Algunas miradas solitarias, peinados extravagantes, rastas, gorras con visera y escaso uso de cascos conforman algunas particularidades del gueto cultural que fue importado de Estados Unidos. "Es un estilo de vida distinto. Yo antes jugaba al básquet y tenía horarios por cumplir, en cambio con el skate salgo cuando tengo ganas", le dijo a Infobae Matías, un chico de 14 años que se caracteriza por ser el único en contar con una indumentaria segura.

Lihue Althabe
Lihue Althabe

"Durante los primeros tres años anduve sin casco, pero un día me di un golpe muy fuerte y lo empecé a usar. Hoy me da más seguridad", agregó el adolescente de Lugano, quien además recordó una anécdota con la autoridad policial: "Una vez me llevó la policía. Me acuerdo que andaba por la calle y vinieron a decirme que me tenía que ir. Como yo me negué porque estaba en la vía pública me quisieron pegar. Se armó un re quilombo y me llevaron al instituto de menores. También recibí muchas quejas de los vecinos, pero con estas pistas ahora no te pueden decir nada".

Los roces con la ilegalidad son constantes en ese ambiente. Un cigarrillo de marihuana compartido por reducidos grupos de riders o las cervezas ingeridas por menores de edad son claros ejemplos de ello. Sin embargo, los efectivos no se sumergen en las profundidades de esta tribu urbana por una simple razón: no hay conflictos.

Lihue Althabe
Lihue Althabe

"Cualquier persona de cualquier edad y género puede venir a divertirse", comentó Heimis, una joven de 23 años que se destaca por vestir de negro. "Es como cualquier deporte, algunos prefieren la pelota y patean al arco, otros la natación y van a la pileta. No hay ninguna diferencia", completó la aspirante a ganar el Girl Assault, un certamen exclusivo de mujeres en el que participan chicas de Brasil, Colombia, Chile y otros países de la región.

Otro de los fanáticos que compartió su experiencia con Infobae fue Nahuel, quien a sus 19 años se esmera por terminar el colegio secundario: "La tabla es mi medio de transporte. Cuando hay mucho tráfico me mando finito entre los autos y llego al toque a todos lados". Además de transitar por las calles porteñas, el vecino de Palermo brindó detalles de los accidentes que sufrió en el último tiempo: "Al principio los golpes duelen, después te acostumbrás. Hace unos meses me hice un esguince de tobillo que se me hizo crónico".

Lejos de fomentar el temor a los curiosos que se atrevan a incursionar el deporte extremo, Nahuel continuó con su relato con la intención de brindar un consejo a los recién iniciados: "De chiquito es mucho más fácil, porque no se le tiene el miedo a tirarse de cualquier escalera. Si empezás temprano, a los 20 años podés tener una marca que te patrocine".

Lihue Althabe
Lihue Althabe

El escenario puede estar iluminado con el radiante sol que propone la Ciudad o por los focos artificiales que aportan un grado de suspenso. No importa si es por la mañana, la tarde o la noche. Ellos siempre están ahí, aunque nadie los vea. "Acá conocí gente de todos los países. Yo me tomo una birra, un gin ó un vodka y agarro la tabla. Con el alcohol duelen menos los golpes, pero fallan los reflejos", concluyó el joven que expuso sus trucos con un entusiasmo exagerado ante la mirada de sus colegas.

El Skateboarding nació en la década del sesenta en California para contrarrestar el auge del surf. La intención era contar con una disciplina que entregue las mismas sensaciones que la prueba acuática, pero que se pueda realizar en tierra firme; y para 1980 ya estaba expandido por todo el mundo. Hoy Buenos Aires cuenta con más de 15 pistas de skatepark y en todas se reúnen los fanáticos que se sienten ajenos al denominador común que impone el prototipo de la sociedad. Su filosofía pasa por hacer un buen 360 flip, un Bigspin o cualquier otra maniobra que despierte la admiración de los presentes.

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