Kim Ho-yeon, el autor surcoreano detrás de La asombrosa tienda de la señora Yeom y Las maravillas de la tienda de Cheongpa-dong, visitó por primera vez la Argentina en la 50.ª edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires y habló en exclusiva con Infobae sobre su proceso creativo, algunos de sus referentes literarios y el fenómeno del healing fiction que lo catapultó a mercados de todo el mundo.
Kim reconoció durante su visita a la Argentina que no sabía con certeza cuántos lectores locales habían leído su obra, ya que la expansión del libro en español la maneja directamente Duomo ediciones y esa información no llega con exactitud hasta él. Fue la invitación a la feria la que le confirmó que algo había funcionado: “El hecho de haber sido invitado desde Argentina me hizo sentir que mi novela llegó con gusto y que realmente disfrutaron los argentinos de mi lectura”, dijo.
Sobre sus referentes literarios argentinos, el nombre de Jorge Luis Borges apareció sin titubeos. Kim explicó que la influencia del autor de El Aleph en Corea fue extensa, especialmente a comienzos de los años 90, cuando el posmodernismo ganó terreno entre escritores y lectores coreanos. “Borges, no solo acá sino también en Corea, fue un impacto y una influencia muy grande en la inspiración de los escritores coreanos”, señaló.
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Sumó otro nombre: Claudia Piñeiro. Contó que leyó Catedrales y que lo impactó. “Fue de mucha inspiración para mí, me gustó mucho”, dijo, y agregó que en Corea el libro circula bajo el título Las mujeres que mataron a Dios. “Es una forma muy creativa de cambiar el título. Y seguro que si llegas a leer el libro completo, vas a decir: capaz este título también va con él”, afirmó, aunque dudó de si la propia escritora aprobaría esa versión.
Hablando de títulos, Kim también se refirió a la diferencia entre el original coreano de su propia novela y la versión en español. El título original, 불편한 편의점 (Bulpyeonhan Pyeonuijeom), se traduciría literalmente como La tienda de conveniencia incómoda, pero esa equivalencia directa resultó inviable en los mercados hispanohablantes.
Explicó que respeta la decisión de los editores y traductores, y que la razón es cultural: el concepto de 편의점 (pyeonuijeom) —un local de 24 horas de estilo coreano— no existe como tal ni en España ni en Argentina. “Como no existe ese concepto, yo entiendo que ese título es difícil de mantener por las diferencias culturales”, dijo y subrayó que esa misma lógica aplica a cualquier obra que cruce fronteras: cada mercado requiere que el libro hable en los términos de su propia cultura.
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En los agradecimientos, Kim menciona una tienda puntual, detalle que no pasó inadvertido y que tiene una explicación. El autor visitó el local de un conocido de la universidad, un hombre de apariencia poco amigable del que no esperaba que tuviera éxito en los negocios. Al ver que le iba bien, le dijo: “Pensé que tu tienda iba a ser muy incómoda”. De camino a casa, esa frase no lo abandonó. “Esa tienda es el origen de donde surgió mi título”, confirmó.
A partir de ahí, el proceso de escritura fue sorprendentemente fluido. La novela —una obra ómnibus compuesta por ocho episodios con distintos puntos de vista— no le demandó un período largo de redacción, porque los personajes y sus características llevaban tiempo tomando forma en su mente. “Ser escritor es poder definir cuál es el tema de tu vida y poder realmente seguirlo. Si no tenés esa capacidad de concentrarte en un tema, no podés ser un escritor”, puntualizó.
El éxito de ambas historias fue el resultado de una carrera con muchos altibajos. Kim pasó años como escritor desconocido, con novelas que no encontraron lectores y con la ambición del éxito comercial como único motor. “Al principio quería ser exitoso en la escritura, quería que mis libros fueran best sellers”, admitió. Los fracasos sucesivos lo llevaron a soltar esa obsesión.
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“Me di cuenta de que si tenía esa intención de querer ganar y ser exitoso, no me funcionaba. Entonces dejé esa obsesión por los éxitos y comencé a disfrutar lo que me gusta”, dijo. Cuando el reconocimiento llegó, fue un empujón que transformó su carrera: su obra se tradujo a más de veinte idiomas y se consolidó en mercados como Japón, Taiwán, Polonia, Brasil, Tailandia, España, Alemania, Dinamarca, Italia y Rusia.
Sin embargo, Las maravillas de la tienda de Cheongpa-dong, la segunda parte que presentó en la feria, llegó con resistencia. Kim rechazó la propuesta en un primer momento, presionado por el miedo a decepcionar. “Si saco una segunda y no me va muy bien, seguro que voy a recibir muchas críticas malas”, pensó en su momento. Fueron los lectores, más que el editor, quienes lo convencieron: dejaron comentarios y reseñas pidiendo una continuación. “Por eso pude dar mis últimas fuerzas para escribir una segunda parte”, dijo.
Sobre una posible tercera entrega, fue escueto: “No sé si voy a escribir una tercera”. Además, confirmó que otras novelas suyas llegarán próximamente al español, entre ellas El club de los soñadores, cuya publicación en España estaba prevista para antes del verano, con distribución posterior en el mercado argentino.
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Los derechos para una adaptación televisiva de La asombrosa tienda de la señora Yeom ya fueron vendidos y la producción está en marcha, aunque el proceso de casting demora los tiempos. “Contratar actores coreanos es muy difícil, son como estrellas”, explicó Kim. El autor expresó su esperanza de que la serie llegue a plataformas como Netflix o Disney+, para que los lectores del resto del mundo también puedan verla. “Espero que una vez que se logre, los argentinos puedan verlo”.
Ese vínculo con lo audiovisual no es casual. Antes de consagrarse como novelista, Kim transitó el mundo del guion cinematográfico y las historias para manga. Su paso por esos formatos dejó una marca en su forma de construir narrativas. “Un guionista tiene que ver muchas películas, así como un novelista tiene que leer muchas novelas”, sostuvo, y señaló que en los géneros populares la técnica del storytelling es el elemento central por encima de cualquier otro recurso literario. Fue ese amor por las historias —en cualquier formato— el que terminó conduciéndolo a la novela.
Esa misma sensibilidad hacia lo cotidiano es la que define al healing fiction, el género en el que se inscribe su obra. Se trata de una narrativa centrada en personajes comunes que atraviesan momentos de crisis —soledad, duelo, estrés— y encuentran consuelo a través de pequeños gestos o vínculos humanos. Kim no ve esa etiqueta como una limitación editorial, sino como un puente entre el libro y quien lo necesita.
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Contó que durante las diferentes firmas que se desarrollaron tanto en la feria como en el evento que se celebró en el Centro Cultural Coreano, varios lectores se acercaron a contarle que su novela los había acompañado en sus peores momentos, y que eso era exactamente lo que había buscado al escribirla. “Si hay un lector que necesita sanar, encuentra esa sección en una librería, agarra mi libro y obtiene un consuelo o una fuerza para seguir viviendo, ¿eso no es lo mejor para un escritor?“.