El libro de bolsillo se despide de Estados Unidos: adiós a un ícono de lectura popular

El cese de distribución de ReaderLink pone fin al formato que acercó la literatura a millones durante más de ochenta años y deja una sensación de nostalgia entre lectores y profesionales del mundo editorial

El libro de bolsillo se despide de Estados Unidos: adiós a un ícono de lectura popular (Foto: REUTERS/Jason Redmond/archivo)

La desaparición del libro de bolsillo en Estados Unidos marca el final de una era de accesibilidad masiva a la literatura que se extendió por más de ocho décadas. A partir de 2024, ReaderLink, el mayor distribuidor de libros del país, dejará de abastecer de estos títulos económicos a supermercados, farmacias y estaciones, un hecho que, según reconocidos expertos y profesionales del sector, representa una pérdida para el acceso popular a la lectura y evidencia el avance imparable de las alternativas digitales, según informó The Guardian.

El volumen de ventas de libros de bolsillo descendió drásticamente en las últimas dos décadas, pasando de 131 millones de ejemplares en 2004 a 21 millones en 2024. En paralelo, importantes cadenas minoristas como Hudson comenzaron a retirar este formato de sus tiendas fuera de los espacios dedicados exclusivamente a la venta de libros. Incluso grandes éxitos comerciales, como la serie Bridgerton, no volverán a editarse en bolsillo una vez que se agote el stock disponible.

La historia moderna del libro de bolsillo comenzó en 1935, cuando Allen Lane fundó Penguin Books en el Reino Unido y popularizó la venta de libros accesibles en espacios no convencionales, dotándolos de un sistema de colores para identificar géneros. Cuatro años después, la idea llegó a Estados Unidos a través de Pocket Books y se consolidó durante la Segunda Guerra Mundial gracias a la distribución masiva de “Armed Services Editions” entre los soldados. Muchos de estos veteranos, al regresar, mantuvieron la costumbre y contribuyeron al auge de la lectura popular.

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El formato se convirtió en ícono por su portabilidad —un libro de 4x7 pulgadas que cabía en cualquier bolsillo— y por su precio equivalente a un paquete de cigarrillos en la década de 1940, lo que facilitó que sectores populares accedieran a su propia biblioteca personal. Según Paula Rabinowitz, profesora emérita de la Universidad de Minnesota y autora de American Pulp, la clave de este modelo radicaba en que “por primera vez la gente trabajadora podía tener su propia biblioteca”. Rabinowitz destaca: “Era algo abierto a cualquiera porque casi todo el mundo tenía una moneda de veinticinco centavos extra”.

El cese de distribución de ReaderLink pone fin al formato que acercó la literatura a millones durante más de ochenta años y deja una sensación de nostalgia entre lectores y profesionales del mundo editorial (Foto: REUTERS/Callaghan O'Hare/archivo)

Durante décadas, el libro de bolsillo era omnipresente en supermercados, tiendas de segunda mano y farmacias. Shelly Romero, actualmente agente literaria en Nueva York, rememora su infancia en Hialeah, Florida: “La posibilidad de encontrar algo que te interesara por un precio muy bajo era fundamental para quienes no podían permitirse ediciones en tapa dura”. Romero subraya el componente nostálgico de la experiencia: “Ya sea el olor de la tinta o el papel, para mí y para muchos otros tiene un valor muy especial”.

Hoy, la desaparición de este formato no solo plantea un problema de accesibilidad sino que coincide con otros obstáculos para el lector popular, como el cierre de bibliotecas o la prohibición de títulos. Según Romero, “un adolescente de 14 o 15 años no va a poder comprar un libro para jóvenes de USD 19,99 o USD 21,99 si trabaja solo en un empleo de salario mínimo”. El libro de bolsillo representaba una alternativa asequible que, en palabras de Romero, “hacía la literatura accesible para todos”.

El auge del formato impulsó fenómenos culturales en las décadas de 1960 y 1970, con ventas multimillonarias de títulos como Jaws, Valley of the Dolls o las primeras novelas de Stephen King. Sin embargo, su declive se profundizó por el avance del libro digital, la consolidación de nuevos formatos más rentables —como el “trade paperback”, de mayor tamaño y calidad— y la transformación de los hábitos de lectura vinculados al uso de audiolibros o redes sociales como TikTok.

(REUTERS/Callaghan O'Hare/archivo)

El atractivo material del libro también ha cambiado. Con la aparición de comunidades como “BookTok” en plataformas digitales, las preferencias apuntan a ediciones de lujo —tapa dura, con detalles decorativos— y no al formato desechable y amarillento del libro de bolsillo clásico. Bethanne Patrick, crítica del periódico Los Angeles Times, resalta que la diferencia de costos entre producir un libro de bolsillo y un “trade paperback” dejó de ser relevante, restando sentido económico a la supervivencia del formato para editoriales y bibliotecas. “Hay mucha nostalgia y conveniencia asociadas al libro de bolsillo, pero ya no resulta más barato para las bibliotecas”, indica Patrick.

Algunos editores, como Steve Zacharius, director ejecutivo de Kensington Publishing, recuerdan cómo las ediciones de bolsillo llegaron a dominar tiradas editoriales enteras. La editorial fue fundada por su padre en 1974, cuando solo publicaban en ese formato. Zacharius apunta: “Este es el primer mes en que no tenemos ningún libro de bolsillo”, y atribuye la caída, en última instancia, a la elección de los consumidores: “El mercado habló, los consumidores eligieron el cambio de formato”.

La dinámica de distribución del libro de bolsillo —similar a la de las revistas, con una presencia abundante fuera de las librerías— multiplicó el acceso a la lectura en estratos sociales que históricamente quedaban al margen. Brenna Connor, directora de análisis de la industria editorial en Circana, explica: “El principal valor del formato —su portabilidad— ha sido desplazado por las bibliotecas infinitas que ahora llevamos en los teléfonos móviles”.

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