
“En mi opinión, esta es una de las escenas de género más encantadoras del siglo XIX, una versión rústica y anglicana de (James) Tissot. Tiene un maravilloso aroma a una tarde de verano inglesa, con juegos de tenis intrascendentes, duchas, limonada y té que sin duda vendrán después “. Así describió esta pintura, conocida y extensamente divulgada, el crítico Christopher Wood, en un artículo para la revista Connoisseur, de 1974: El texto de Wood abordaba la vida y la obra de una conocida familia de artistas de la época victoriana integrada por el pintor victoriano James Hayllar (1829-1920) y sus cuatro hijas mujeres Jessica, Edith, Kate y Mary.
Edith (1860-1948) expuso desde muy joven junto a su padre en la Royal Academy a finales de la década de 1880 y durante la de 1890. Edith era la segunda hija, dos años menor que Jessica, y ambas fueron las más exitosas de la familia. Las hermanas no solo tenían pocos años de diferencia sino que sino que claramente disfrutaban de estar juntas.
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Hay documentos familiares que mencionan el modo en que ambas colocaban sus caballetes en el vestíbulo de su casa, Castle Priory, a orillas del Támesis, cerca de Wallingford, en Berkshire. Lo hacían poniendo cada una el suyo en ambos extremos de la habitación; al tiempo que trabajaban temas diferentes eran capaces de pintar mientras conversaban. La misma casa, una construcción maravillosa, les proporcionó a las hermanas una de sus principales inspiraciones.
Cada una de las jóvenes de la familia recibió una formación exhaustiva por parte de su padre, James, quien desde las diez hasta las cuatro todos los días les enseñaba dibujo y perspectiva antes de permitirles pasar al segundo paso de la tarea: pintar. Durante las tardes, las hermanas dibujaban, modelaban en arcilla y hacían aguafuertes. El entrenamiento y la enseñanza recibida puede observarse en la calidad y la notable destreza de las hermanas en sus pinturas de género (así se llamaba el tipo de pintura que reproduce escenas cotidianas como juegos de niños, paseos en bote, partidos de tenis, y reuniones de té en encantadoras tardes inglesas).
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A Edith le gustaba sobre todo representar el tiempo que venía después de las actividades deportivas y recreativas: el almuerzo luego de salir a cazar o el té después de pasear en bote por el lago. Según puede advertirse, la familia disfrutaba del ejercicio sin prisas (los juegos de croquet eran innumerables) y, de acuerdo a las cuestiones meteorológicas del lugar, todo indica que la escena del cuadro pintado por Edith Hayllar -los chaparrones veraniegos- no era infrecuente. Esto, y el hecho de que sus hermanos y hermanas hubieran estado felices de posar para ella (los hermanos eran nueve en total), explica de algún modo la deliciosa informalidad de la composición.
El joven de la izquierda pudo haber sido un sobrino del artista George Dunlop, Leslie, quien tenía una casa vecina llamada Riverside, y que más tarde se casó con una integrante de la familia. La pasión por el tenis se había apoderado del país después de su invención en 1873, y fue especialmente popular entre los jóvenes, para quienes resultaba definitivamente un mejor ejercicio que el tiro con arco o el croquet. Los primeros campeonatos de Wimbledon para hombres se llevaron a cabo en 1874, mientras que los de mujeres siguieron en 1884. El juego fue posteriormente capturado en sus obras por muchos artistas, y posiblemente sea John Lavery quien dejó las escenas más memorables del cóctel entre el verano y el tenis.
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Edith expuso no solo en la Royal Academy de 1881 a 1897, sino también en la Royal Society of British Artists, el Institute of Oil Painters y la Dudley Gallery, entonces muy favorecida por las mujeres artistas. Después de su matrimonio con el reverendo Bruce Mackay en 1900, vivió en Sutton Courtenay, donde su esposo era vicario. Dejó de pintar luego de abandonar la casa y a su familia de origen y, de hecho, la nieta de Edith Hayllar supo que su abuela había sido artista recién después de su muerte en 1948.
Lluvia de verano, nuestra belleza del día, es un óleo de 1883 que se exhibió por primera vez en la Royal Academy de Londres y pertenece a una colección privada.
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Para algunos historiadores del arte, la encantadora y cálida vida que vivieron los Hayllar en Castle Priory puede haber estado tan íntimamente ligada a su arte que Edith pudo haber perdido la inspiración luego de irse de allí.
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