
El testimonio de una psicóloga que atravesó una depresión posparto tras un parto prematuro expone la dificultad para detectar y atender este trastorno. Su hijo nació prematuro de 34 semanas, con crecimiento de 32 semanas y un peso de 1.710 gramos. El bebé fue oxigenodependiente desde el nacimiento, requirió intubación y permaneció en cuidados intensivos, mientras ella seguía hospitalizada por complicaciones graves de salud.
La madre contó que esa situación cambió su experiencia del puerperio. “Empieza la dinámica de tener que ir a verlo directamente a la UCI, porque él estaba en la UCI, y en ese punto es cuando yo empiezo a tener como un miedo, pero a la vez una necesidad de querer verlo, pero mejor no verlo”.
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La escena del nacimiento quedó marcada por una frase médica que reforzó el temor a perder al bebé: “Doctor, sí, dejémoselo ver porque no sabemos si el niño mañana amanezca vivo”, recordó que dijo una pediatra en el parto por cesárea, cuando ella pidió verlo antes de que se lo llevaran.
Ese miedo tuvo una consecuencia directa en el vínculo inicial. Bajaba a verlo a la unidad de cuidados intensivos con la idea de que podía ser la última vez y evitaba el encuentro por temor a la pérdida.
La entrevistada con Infobae Colombia reveló que nunca recibió un abordaje profesional orientado de manera específica a la depresión posparto. “Nunca hubo un acompañamiento profesional”, afirmó, y precisó que la gravedad de su estado de salud y el de su hijo absorbieron toda la atención clínica.
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La tensión central del testimonio está ahí: una madre que identificó en sí misma una depresión posparto, incluso por su formación como psicóloga, pero no accedió a tratamiento puntual en el momento más crítico. La consecuencia fue una vivencia prolongada de angustia, culpa, rechazo al contacto y pensamientos suicidas en medio de internaciones simultáneas de madre e hijo.
Contó que en su caso la alarma estuvo presente, pero no derivó en una intervención sostenida. “Yo decía, o me dejan salir o me voy a tirar”, relató sobre un momento de internación prolongada, cuando la combinación entre su enfermedad y la condición del recién nacido la llevó a una crisis extrema.
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En su reconstrucción, la mujer ubicó el origen de su experiencia emocional en el embarazo de alto riesgo y en la ruptura temprana de membranas que no identificó a tiempo. Dijo que llegó a una ecografía 3D y allí la derivaron de urgencia porque ya no tenía líquido amniótico.
Después describió una segunda ruptura: la separación forzada del hijo tras el parto. No pudo verlo hasta el día siguiente, no pudo amamantarlo por su bajo peso y pasó de sentir que podía protegerlo dentro del embarazo a percibirlo lejos, frágil y expuesto. “Yo sí quiero a mi hijo, pero no lo quiero ver o no lo quiero tener conmigo”, recordó como una de las frases que no podía compartir con nadie. Ese pensamiento no anulaba el afecto, pero mostraba la desconexión emocional que atravesaba.
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La madre describió varios factores que favorecieron el cuadro: internaciones prolongadas, un bebé canguro, una red familiar que sostuvo el cuidado diario y un padre que vivía en otra ciudad, Cali, con presencia fluctuante. La elaboración de su experiencia llegó más tarde. Nunca tuvo terapia formal para la depresión posparto, pero cuando su hijo tenía seis meses y ella volvió a trabajar recibió el acompañamiento de una amiga psicóloga que la ayudó a entender lo vivido y a hacer un proceso de duelo. Su hijo hoy tiene 16 años.

Especialista habla de la depresión posparto
La depresión posparto puede aparecer durante el embarazo o hasta los 12 meses después del parto, pero su detección depende de que alguien pregunte a tiempo y de que la madre encuentre espacio para expresar lo que le sucede.
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La doctora Camila Preciado advirtió que el trastorno no solo altera el bienestar emocional de la madre y su funcionamiento diario, sino también el vínculo con el bebé. En los casos más graves, pueden aparecer ideas de muerte o suicidio, deseos de hacerse daño a sí misma o al hijo, además de rechazo hacia el recién nacido.
Preciado sostuvo que la detección debe empezar durante los controles prenatales con tamizajes sistemáticos. Entre las herramientas que recomendó mencionó las preguntas de Whooley, que indagan si en el último mes la mujer se sintió desanimada, deprimida o sin esperanza, si perdió interés en las actividades y, ante respuestas afirmativas, si siente que necesita ayuda.
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La especialista describió un cuadro clínico reconocible: irritabilidad, cambios de humor frecuentes, dificultad para conciliar el sueño, falta de concentración, frustración, culpa y pérdida de interés en la vida cotidiana.

Ese diagnóstico temprano cobra mayor peso por lo señalado en el Congreso Anual del American College of Obstetricians and Gynecologists de 2018. Durante una conferencia sobre trastornos del estado de ánimo en el período perinatal, Moore Simas indicó que el suicidio materno supera como causa de mortalidad a los trastornos hipertensivos y hemorrágicos.
Preciado señaló que la depresión posparto puede verse favorecida por una red de apoyo deficiente, antecedentes depresivos, estrés constante, embarazo no deseado, violencia intrafamiliar, bajo nivel socioeconómico o ausencia de convivencia con la pareja.
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La médica enfatizó que el cuadro no afecta solo a la mujer. Indicó que los hijos de madres con depresión pueden presentar alteraciones en su desarrollo social y cognitivo desde los primeros meses de vida, con más riesgo de dificultades emocionales y conductuales en etapas posteriores.
Preciado enumeró cinco factores protectores: apoyo social y familiar, reducción del estrés, planificación del embarazo, educación prenatal y acceso a servicios de salud, incluida la atención psicológica o la psicoterapia. Su planteo apunta a una prevención anterior a la crisis.
La madre entrevistada coincidió en esa necesidad desde su propia experiencia y reclamó una preparación que no se limite al parto. “Hay que hablar de lo que uno siente”, dijo, y pidió que se explique también cuál será la afectación emocional de separarse del bebé, qué pasa con la sobrecarga, con el llanto, con los cólicos o con las dificultades para lactar durante los primeros meses.
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